Traicionera agresión del maquis francés a un tren español en la estación de ferrocarril de Chambéry (Francia) (15.06.1945)

El cobarde asalto sufrido en la estación francesa de Chambery, el 15 de junio de 1945, por el pasaje de un tren español que trasladaba, desde Berna (Suiza) a España, cerca de 500 personas (muchas de ellas mujeres y niños), es un ejemplo claro de la catadura moral, la mentalidad propia de delincuentes comunes y malhechores, y el desprecio hacia el Derecho Internacional y a la palabra empeñada, de las autoridades francesas de la llamada Francia “libre”, y de sus grupos de maquis.

A la altura de finales de 1944, la cada vez más insostenible situación de los frentes que cercaban y acosaban a Alemania, los bombardeos terroristas aliados que afectaban prácticamente a todas sus ciudades y dentro de ellas se cebaban con las zonas residenciales, -señaladas por el Mando inglés y norteamericano como objetivo militar,  a pesar de su carácter civil, para doblegar la moral y la capacidad productora de Alemania asesinando a sus trabajadores  y a sus familias-, y en especial la brutal ofensiva soviética hacia Berlín, cometiendo atrocidad tras atrocidad en las localidades que iba conquistando, a medida que se iban acercando a la capital del Reich, movilizó al Gobierno español a trasladar su legación diplomática a un lugar a salvo de los bombardeos aliados, y por tanto fuera del territorio alemán, y  a tratar de repatriar a todos aquellos españoles que así lo quisieran.

El Rey Jorge de Inglaterra, sentado en el centro, en una reunión masónica. Retrato del Rey ataviado con el atuendo masónico. Churchill también señalado como masón.

El Presidente norteamericano F. Delano Roosevelt, sentado en el centro de la foto, ataviado con los ornamentos masónicos en una reunión en 1935. Foto de la derecha, su sucesor el Presidente Harry S. Truman con miembros de su Gobierno masónico, también con el mandil de la sociedad masónica a la que pertenecían. No obstante su carácter criminal, masónico y anticristiano (el Español Digital podía publicar la carta que Truman le dirigió al Papa Pio XII, llena de odio y falsedades), estos presidentes norteamericanos gozan de toda clase de simpatías en los medios de comunicación no menos masónicos y anticristianos de la Iglesia católica postconciliar, y en la “derecha” liberal que los tiene como referentes, y para qué decir las escuelas y las Universidades.

En cumplimiento de estos dos objetivos la Embajada española en Berlín se trasladó a Berna (Suiza), y desde este punto se intentó concentrar a todos los españoles en la ciudad suiza, para desde aquí organizar el regreso.

Para ello, el Gobierno español llegó a un acuerdo con el nuevo Gobierno francés surgido de la “liberación”, en el sentido de que Francia otorgaría visado a estos españoles (diplomáticos, numerosos médicos, trabajadores que habían prestado servicios en Alemania, sus mujeres e hijos, incluso algunos exilados rojos españoles que inicialmente habían huido a Francia al término de la guerra civil española pero que ahora, desengañados de sus propios ideales,  prefería volver a España),  y permitiría el tránsito por ferrocarril desde Suiza a España, garantizando su seguridad con una escolta armada de la Policía Francesa.

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El visado francés vino precedido de una exhaustiva investigación sobre la identidad de todos y cada uno de los viajeros españoles, con lo que las nuevas autoridades francesas trataban de evitar que alguna personalidad alemana o señalada como “fascista” pudiera aprovechar el viaje para encontrar refugio en España.

No hay que perder de vista el contexto en el que este viaje se produce. Hitler se había suicidado el 30 de abril,  desde el 7 de mayo Alemania se había rendido, es decir apenas un mes y medio antes, y toda Europa se había convertido en un enorme campo de linchamiento.

Alemanes, hombres y mujeres asesinados en una cuneta, sólo que, al parecer…

…no fue suficiente, y además a sus cadáveres les pasaron un vehículo norteamericano por encima

Las ejecuciones oficiales tras las parodias de juicio como el de Nuremberg, vendrían después, en 1946, 1947 y 1949, pero a la altura de junio de 1945 a la gente la mataban en la calle sin ningún tipo de juicio, unos por colaboracionistas (término donde cabía todo), pero otros muchos simplemente porque no estaban a favor del comunismo de Stalin y sus partidas de bandidos. No sólo en Francia, también en Dinamarca, en los Paises Bajos, en Bélgica, en Checoeslovaquia, en Hungría, en Polonia, en Yugoeslavia, en Italia, los grupos izquierdistas con el apoyo de los ejércitos aliados se dedicaban a detener y a asesinar a todo el que les parecía.

Sobre estas líneas, dibujo de los linchamientos en Praga donde los niños “fascistas” fueron quemados vivos. Los cadáveres de unas mujeres alemanas asesinadas después de ser violadas. El Ejercito Rojo tiene la fama, pero los americanos, franceses e ingleses no fueron mejores. Retrato del matrimonio holandés  Eltjo Frederik Van Erven asesinado en 1945 por ser Eltjo Frederik simpatizante del partido de Anton Mussert. No había colaborado con los alemanes, ni había estado afiliado al partido, ni asistido a sus actos o colaborado con él de ninguna manera, sólo se le consideraba simpatizante, eso fue suficiente para ir a su casa sacarlo y matarlo.

¿Por qué el caso de la holandesa Ana Frank, que murió de tifus, es tan conocido, se enseña en los colegios y existen hasta libros infantiles para lavarle el cerebro ya a los niños desde la infancia, y su imagen podría identificarla cualquiera,  y en cambio ni el nombre de Eltjo Frederik Van Erven ni su fotografía le suenan a nadie? La respuesta es facilísima, se llama “propaganda” y “guerra psicológica”, (la asignatura pendiente en las Academias militares españolas, y demás centros de formación militar que hoy colaboran con el enemigo,  y en los mandos de las FFAA y la Guardia civil) se explica porque los rojos llevan 70 años ganando por 30 goles a 0 la batalla cultural y la guerra psicológica, con una “derecha” que les ha venido haciendo el juego desde hace 60 años aceptando a pie juntillas el discurso interesado de la extrema izquierda y la Masonería.

No pocos rojos españoles, denominados eufemísticamente como “republicanos”(?) engrosaban los ejércitos aliados, que los presentaban como “mandos” pero que en realidad eran carne de cañón para ir delante en la “liberación” de Paris. Fotos siguientes, consecuencias de dicha “liberación”.

De entre todo el pasaje, sólo había un pasajero que si las Autoridades francesas descubrían su verdadera identidad, sería inmediatamente detenido, torturado y asesinado, era el ex Sargento de la División Azul y de la Legión Azul D. Primitivo Benavente, que viajaba de incógnito porque después de que hubiese sido retirada la Legión Azul en 1944, se había quedado en Alemania y había participado en la Defensa de Berlín. Tras la capitulación había conseguido atravesar el cerco del Ejército Rojo, y cogido prisionero por los norteamericanos,  había conseguido escapar del campo de concentración a la vista de que las condiciones de vida eran tan infrahumanas (a la intemperie, y se pasaban los días sin ni una comida al día), y la severidad,  con fusilamientos por los motivos más fútiles, de su régimen disciplinario, tan exagerada y arbitraria,   que permanecer en el campo en aquellas condiciones era una muerte segura en pocas semanas o meses, y que acababa de fugarse del campo de concentración norteamericano.

Hacinados de cualquier forma, a la intemperie, en los campos norteamericanos, y con la prohibición de Eisenhower de que se les pudieran dar las sobras o que la población civil pudiera alimentarlos, los prisioneros alemanes murieron por cientos de miles en pocos meses. Esto no son crímenes de guerra, los “aliados” no comenten crímenes, (esto queda únicamente para los “fascistas”), ellos son los “buenos” de la película que ellos mismos han escrito para quedar ellos bien.

A cambio de permitir este viaje de menos de 500 españoles, España en contrapartida, se comprometía a permitir el paso por territorio español de 30.000 franceses, refugiados durante la guerra en el Norte de África, y que ahora, derrotada Alemania, deseaban volver a Francia.

La nobleza y el humanitarismo cristiano del Gobierno español, por un lado, y la mezquindad del Gobierno antifascista-comunista francés, por otro, se ponen de manifiesto ya en la desproporción de las cifras: para dejar volver a España a menos de 500 personas, España abre camino a 30.000 franceses sin distinciones.

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Ya previa a la fecha de salida, la Policía francesa se trasladó a Berna (Suiza) para una última fiscalización de la identidad de los viajeros españoles (España en cambio dejará pasar a los 30.000 franceses sin escudriñar ni investigar su pasado), y por fin en la mañana del 15 de junio de 1945 el convoy sale de Berna. En la localidad fronteriza de Montreux se hace cargo de la seguridad del tren una escolta de unos 30 agentes de la Guardia Móvil francesa, al mando de un Teniente.

Cuando a las 4 de la tarde del 15 de junio de 1945, tras muchas horas de viaje, el tren se acerca a la Localidad de Chambery, distante de la frontera suiza unos 178 kms., los maquinistas hacen sonar tres veces la bocina del tren y paran el convoy.

A esta señal, previamente convenida, una masa enorme de franceses, de guerrilleros del maquis,  con abundante presencia también de rojos españoles,  asaltan el tren ante la completa pasividad de la escolta oficial que no hace absolutamente nada para impedir el asalto o para evitar que el pasaje sea linchado, -o en el caso de las mujeres además violadas- por la masa de salteadores.

De esta manera sorpresiva se inicia un linchamiento en masa de todo el pasaje español, del que no se salvan ni las mujeres (7 de ellas visiblemente embarazadas), ni los niños, que no entienden que puedan ser maltratados con tanta crueldad, ni tampoco los convalecientes de graves heridas consecuencia de los terribles bombardeos aliados sobre Alemania.

Muchos pasajeros son desnudados por la chusma antifascista y a todos ellos sin excepción les son robadas sus pertenencias, en lo que constituye, además de la agresión, un auténtico atraco a mano armada sobre población civil indefensa y desarmada organizado por los Partidos Comunistas Francés y Suizo, los rojos españoles, la “resistencia” francesa, contando con la complicidad del Gobierno Francés y la pasividad absoluta de la Policía francesa que ante su indigna actitud no merece el calificativo de “policía”, porque un verdadero policía no deja que la chusma cometa violaciones en masa de mujeres, (los intentos de violación y los abusos sexuales, ante la pasividad de la policía francesa, fueron numerosísimos), ni que peguen de forma tan cruel a unos simples niños,  o que las embarazadas reciban patadas en la barriga de todos los colores.

A riesgo de su propia vida, porque ante una situación así no cabe calcular las fuerzas para decidir si salir o no en defensa de aquellas mujeres, el ex Sargento de la División/Legión Azul D. Primitivo Benavente, entra en escena y evita con sus puños que una pasajera joven sea violada ante la risa contenida de la escolta francesa que permanece impasible.

El Sargento, que antes de la guerra había sido boxeador profesional, no obstante luchar en una desproporción de 30 contra uno, pronto abre un perímetro entre agresores y víctima, porque puñetazo que da en la cara, rompiendo dientes, tabique nasal o maxilar inferior, en el plexo solar o en las costillas flotantes, o patada en sálvese la parte, franchute o frentepopulista de Vallecas, de Alicante, catalán, o de las sierras de Jaén o Córdoba, que es lanzado varios metros y ya no se levanta. De modo que después del inicial intercambio de golpes, a los agresores se les quitan la ganas de violar a la muchacha y menos aún se atreven a traspasar el perímetro de distancia sin solicitar la intervención de otros asaltantes armados con algo más que los palos y las armas blancas que ellos llevaban.

Cte. D. Luis Rosón Pérez

El Gobierno español había enviado a Berna, para que se hiciera cargo del tren y dirigiera el viaje, al Comandante Interventor D. Luis Rosón Pérez. El citado Comandante, Medalla militar individual en la guerra de España,  había sido Jefe de la Plana Mayor Administrativa de la Legión Azul, y su valor y determinación en las situaciones más difíciles estaban fuera de toda duda (entre otras acciones meritorias, en febrero de 1944 había cubierto la retirada de su Unidad,  para una vez puesta ésta a salvo, protagonizar él mismo una retirada in extremis bajo intensísimo fuego enemigo, y sin sufrir una baja, que sólo pudo calificarse de milagrosa,  ante un masivo ataque soviético, por esta acción fue condecorado con la Cruz de Hierro).

El Comandante, conocedor de la bajeza moral de quienes habían sido sus enemigos en la guerra de España y en la Campaña de Rusia, y preocupado también por las amenazas aparecidas días antes de la partida en varios periódicos comunistas suizos, había conseguido esconder en el tren una pistola, (porque una de las exigencias, en la que las autoridades francesas se mostraron más inflexibles, era que los españoles tenían que ir completamente desarmados). Durante el tumulto recuperó la pistola y consiguió llegar hasta la locomotora, y encañonando a los maquinistas que estaban compinchados con todo aquello, les obligó a volver a Suiza, salvando la vida de esta forma a la mayoría del pasaje, que habrían sido linchados hasta la muerte si aquella situación se prolonga unos minutos más.

La fraternal Suiza que, aniquilada Alemania, no quiere problemas con las nuevas autoridades de los países vecinos, (conocedora del matiz facineroso, a modo de banda de forajidos,  de la mayoría de sus miembros, por lo que después se dirá, que no dudarían en aprovechar la menor excusa para atacar también a la neutral Suiza y apropiarse de las enormes riquezas que guardan los bancos suizos y apropiarse de todo el país para la órbita soviética),  interna en un campo de concentración a todos los españoles, para contentar así a las organizaciones comunistas, pero no sin prestarles antes, viendo su estado, asistencia sanitaria hospitalaria.

Todo el pasaje está herido de consideración. 72 españoles están tan graves que tienen que ser hospitalizados. Varias personas fallecen a causa de la paliza o de las heridas de arma blanca o de fuego recibidas. Las 7 mujeres españolas que estaban embarazadas abortan todas ellas esa misma noche, como consecuencia de los golpes y el sufrimiento recibidos.

De esta agresión, cobarde, como cobardes eran tanto los maquis franceses como los rojos españoles, del asesinato de estas personas, del saqueo masivo del tren, de las siete vidas inocentes de los niños abortados en las mujeres embarazadas, etc. etc. de esto no se habla para nada nunca en ningún medio, de hecho este suceso que no es nada en comparación con otros que se estaban cometiendo en toda la Europa “liberada” convertida toda ella en un campo de linchamientos a mansalva, donde a la gente se la mataba sin juicio previo en plena calle, simplemente por hacer simpatizado con la ideología de los ocupantes, prácticamente es un hecho desconocido, que no se menciona en los medios ni tampoco en los colegios, -ni en los franceses, ni en los alemanes, ni en los españoles-, ni tampoco se hacen películas.  Por supuesto jamás se juzgó a Francia por su complicidad en este tema, ni nadie cuestiona la ideología ni el sistema político de Francia y demás países “liberados” a pesar de la comisión de sus crímenes.

Toda esta infame agresión, como tantas otras infinitamente más graves, quedará impune. Desaparecida Alemania -que era el único país que de verdad podía plantarles cara a estos canallas que tantas fechorías habían cometido en la guerra de España-, Europa quedó en manos de esta chusma de malhechores, que contaban ahora con ejércitos enteros como el de Eisenhower o el soviético para aplastar cualquier conato de resistencia, de hecho los americanos se hincharon de fusilar gente y de paso de violar mujeres alemanas y no alemanas.

El Gobierno español presentó por la vía diplomática una queja formal, pero el Gobierno francés envalentonado por el curso de los acontecimientos, no hizo el menor caso. La debilidad diplomática española tuvo que dar por bueno el desplanté francés. España empezaba a pagar el no haberse sumado a Alemania con todas sus energías para haber desterrado de Europa, a este tipo de gente. Ahora era tarde ya para lamentarse.

España en cambio, y por su parte, cumplió lo pactado, y a pesar del incumplimiento francés, los 30.000 franceses atravesaron España sin ningún incidente, al contrario beneficiándose de la hospitalidad y generosidad españolas no obstante la escasez material que se padecía en parte también por el boicot aliado contra España.

La repatriación de los españoles supervivientes se hizo tiempo después, vía Génova, y en barco, sin ningún incidente.

Los viajeros jamás recibieron ningún tipo de indemnización por los daños sufridos y el robo de sus pertenencias. Francia se negó a ello.

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Josep Asens Giol

Desconozco si en la maquinación del asalto al tren, y en la elección del lugar elegido para ello, precisamente la Estación de Chambéry, tuvo algo que ver el hecho de su proximidad con la cercana localidad de Annecy, distante de Chambéry apenas 50 kilómetros. Parece al menos sospechosa tanta casualidad, porque Annecy era un foco de chekistas españoles en torno al cabecilla Josep Ansens Giol, que después de la guerra de España habían encontrado refugio en esta localidad francesa (donde moriría plácidamente en 1985), y como cabecilla de grupo criminal en torno a él se habían instalado algunos chekistas más de su banda o atraídos por ella.

Mª Paz Unciti

Josep Asens Giol, había sido uno de los más importantes jefes chekistas de Barcelona, responsable de las Patrullas de Control del Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña, (eufemismo para designar los grupos chekistas de asesinos y pistoleros), responsables del asesinato de más de 100 personas diarias, a partir de julio de 1936 a las órdenes del Presidente de la Generalidad Lluís Companys. Entre sus crímenes destaca el asesinato de 172 maristas en uno de tantos timos criminales (Falsa embajada de Sian en Usera, el asesinato de Mª Paz Unciti, etc.) que se cometieron durante la dominación del Terror rojo en España y su persecución religiosa.

Al inicio del Alzamiento y su fracaso en Cataluña, los superiores Maristas desde Francia, alarmados por las noticias que llegaban de España, según las cuales en las dos primera semanas desde el Alzamiento habían sido asesinados 650 religiosos, 37 de los cuales maristas,   iniciaron gestiones con los Consulados para pactar con la Generalidad catalana la forma de garantizar la vida de casi 200 maristas que se encontraban escondidos en domicilios particulares en Barcelona,  y estaban dispuestos a pagar un rescate como si de un secuestro se tratara.

Tarradellas junto a Companys

Las autoridades rojas pactaron con la Congregación marista la entrega de 200.000 francos franceses a cambio de la inmunidad y salida de España de estos maristas. Tarradellas, como Conseller (Ministro) de Finanzas en el Gobierno de Companys, cobró el dinero, pero una vez cobrado el dinero y que los maristas habían salido de sus escondites, y los habían concentrado en el puerto de Barcelona en el barco “Cabo San Agustín”, las autoridades rojas incumplieron lo pactado y los 172 maristas, fueron llevados a la cheka de San Elías y asesinados. Esto es lo que en la Universidades y en las conferencias del CESEDEN y del Instituto de Cultura e Hª Militar, para hacerle el juego a los rojos, denominan la “legalidad republicana”.

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Juan García Oliver (1937)

Este asunto tuvo aún otro matiz mafioso más. Los 200.000 francos fueron llevados a Suiza (salvo 5.000 que Tarradellas entregó a Juan García Oliver para repartir entre Josep Asens Giol y sus pistoleros que habían ejecutado el asesinato de los maristas), en este viaje Josep Asens Giol se vio envuelto en un accidente de tráfico, y cuando la policía suiza acudió y descubrió en el maletero tal cantidad de dinero y de armas, fue detenido. Gracias a funcionarios de prisiones que en realidad trabajaban como agentes de Stalin al servicio de la Komintern, Josep Asens logró enviar un mensaje enrollado en una patata para que detuvieran en Barcelona al director de la empresa Hispano-Suiza, Sr. Braget, y a cuantos ciudadanos suizos pudieran. La orden se cumplió de inmediato y las autoridades suizas, asustadas por la suerte de sus ciudadanos, liberaron a Josep Asens y le devolvieron sus armas y el dinero del chantaje. Esta es la famosa “legalidad republicana” en todo su “esplendor”.  De modo que, cuando en 1945 sucedió lo del tren, los suizos ya estaban alertados de cómo se las gastaban estos bandidos. Pensar que Juan García Oliver sería nombrado luego Ministro de Justicia en el Gobierno de Largo Caballero, da idea de la mísera moral de la España roja donde estos forajidos eran Ministros y de Justicia. Este es la realidad que se esconde detrás de la gran mentira  de “La legalidad republicana”.

Tarradellas con Adolfo Suárez

Por supuesto el asesinato de estos 172 maristas y el fraude de quedarse con el dinero del rescate y luego matarlos, no fue obstáculo para que Tarradellas fuera recibido por el Presidente del Gobierno Adolfo Suárez,  a su regreso en 1977,  como el “Honorable Tarradellas”(?), y nombrado Presidente del gobierno preautonómico de Cataluña,  ni para que el Rey Juan Carlos en 1986 le otorgara el titulo de “Marqués de Tarradellas” mediante Real Decreto 1518/1986.

Ni años después fuera obstáculo tampoco para que la Iglesia le diera a Adolfo Suárez, uno de los personajes más nefastos y que más daño ha hecho al Cristianismo en España,  un funeral como a un gran cristiano, (cuando había traído la descristianización de España que hoy padecemos en toda su cruda realidad) y lo enterrara en el Claustro de la Catedral de Ávila.

La lápida reza: “la concordia fue posible”, sin embargo no es verdad, el sectarismo del actual gobierno y el de otros anteriores, y las leyes antidemocráticas de falsificación histórica demuestran que no es verdad, lo que por otra parte era una evidencia, que la frase es una falacia lo demuestran los 140.000 niños abortados en España todos los años desde entonces que lo certifican, y para los cuales hay muerte, no concordia.


16 respuestas a «Traicionera agresión del maquis francés a un tren español en la estación de ferrocarril de Chambéry (Francia) (15.06.1945)»

  1. No hay palabras suficientes para felicitar a José L. García y al Español Digital por haberle prestado su tribuna.
    Terrible testimonio el que narra y documenta el autor.
    Aunque desconocido y oculto para la mayor parte de los españoles -y de los europeos- el holocausto de los alemanes vencidos -y de quienes creyeron en una nueva Europa- no era algo desconocido para mí.
    Pero desconocía completamente el asalto al tren de repatriados y la heroica intervención de dos veteranos de la División Azul.
    El autor -y El Español Digital, es preciso insistir en ello- han hecho con este artículo una labor impagable en favor de la verdad histórica.
    Tergiversada sistemáticamente por “el contubernio” que controlando y dominando el relato del pasado, controla y manipula el presente…. Con el designio de controlar el futuro.
    El artículo es terrible. Sus imágenes difícilmente soportables, pero destapan la verdad sistemáticamente ocultada.
    Al igual que el genocidio de los “bombardeos estratégicos” de ciudades como Dresde para masacrar a la población civil cuando los angloamericanos ya tenían Alemania derrotada.
    Ciertamente la victoria aliada no fue la liberación de Europa como pregonan los vencedores.
    Fue una DERROTA MUNDIAL como acertadamente pone en evidencia Salvador Borrego en su libro de igual título.
    Sólo la verdad nos hará libres….
    Y nos librará de la esclavitud.
    José L. García y El Español Digital, enhorabuena y ¡¡¡muchas gracias!!!

  2. ¿Alguien puede dudar que estos “adalides de la democracia y de la libertad” no sean seguidores acérrimos de Satanás con todo su odio enfermizo? Ellos representan la mezquindad más horrenda del género humano.
    Notable la valiente actitud del Sargento de la División/Legión Azul D. Primitivo Benavente en defensa de una joven frente a la chusma de desgraciados. Igualmente notable la rapidez de reflejos del Comandante D. Luis Rosón Pérez en su actuación con los maquinistas obligándoles a hacer retroceder el tren y salvando a gran parte de los retornados españoles.
    Los dos ejemplos anteriores son justamente la diferencia entre el valiente y el cobarde, la persona y las alimañas, entre un soldado español y criminales bandoleros descerebrados, entre los seguidores de un mundo cristiano y un mundo de odio.
    Estos hechos del asalto no habrán quedado impugnes y, más que posiblemente, la mayoría de estos “asaltadores de trenes” estén cobrando por multiplicado de forma ininterrumpidamente sus fechorías. Todo tiene su recompensa en su día, no va a servir de nada la memoria histórica trucada de estos sinvergüenzas ante el JUEZ JUSTO.
    ¡Viva CRISTO Rey!

  3. En mi comarca, La Ribagorza, cerca del Valle de Arán, y Benasque, en definitiva, de Francia, andaban muchos maquis, robando, asesinando y violando…
    Menos mal que la Guardia Civil, poco a poco, consiguió frenar esa «invasión2 de los comunistas y anarquistas que habían pèrdido la guera civil, y huido al país vecino, y a Rusia.

  4. Magnífico trabajo.
    Inencontrable en España alguna noticia del Rosón bueno (del malo, su hermano traidor) las que se quieran.
    Y muy difícilmente se puede acceder a «los crímenes de los buenos» en internet.
    Ya se sabe: el Demonio es el padre de la mentira y el odio a la verdad.
    Respecto a la represión francesa al acabar la guerra…
    https://www.eurasia1945.com/acontecimientos/crimenes/crimenes-de-guerra-franceses/
    De esa web copio: «Una de las primeras acciones registradas ocurrió a 2 kilómetros de Foix el 20 de Agosto de 1944 cuando 57 soldados alemanes que se rindieron fueron fusilados masivamente por sus captores franceses. El 18 de Septiembre de ese año a otros 59 prisioneros de guerra alemanes se los fusiló en Chantillón. Otras matanzas se llevaron a cabo en Annecy o Evian, en esta última se remató a heridos alemanes en hospitales de campaña.
    Provenza, la costa del Mar Mediterráeno, Tolouse, Niza y los Pirineos fueron el escenario más negro aquel verano de 1944, ya que a medida que avanzaban los ejércitos de Estados Unidos, las bolsas de prisioneros se iban quedando atrás y caían bajo administración de militares galos o de las Fuerzas Francesas del Interior (FFI). En esta región las masacres fueron tan sistemáticas y bárbaras que acabaron con la vida de 50.000 prisioneros de guerra alemanes y vichystas franceses.
    También el maquis jugó un importante papel en las ejecuciones de alemanes, pues aproximadamente unos 10.000 prisioneros murieron en sus manos.
    Ocupación de Alemania
    Hubo un último crimen francés durante la ocupación de Alemania en 1945. Los soldados franceses del general de Latre de Tassigny asesinaron en Stuttgart a varios cientos de militares alemanes y muchas miles de mujeres alemanas fueron violadas. Como en Italia, las tropas coloniales de Marruecos y Argelia también se dedicaron al saqueo, a más violaciones y a pillajes en Baviera y Austria.
    Ni siquiera se salvaron los 12 voluntarios de la 33ª División SS Francesa “Carlomagno”, que tras ser entregados por los soviéticos a la 2ª División Blindada Francesa Libre del general Philippe Leclerc, éste mandó ejecutarlos.»
    —-O calvário das viúvas da ocupação (28 fotos) http://www.mdig.com.br/?itemid=28528
    A campanha para identificar e massacrar os colaboracionistas do regime alemão puniu cerca de 30.000 mulheres com humilhação pública, por suspeita de que tiveram ligações ou porque eram prostitutas e se relacionaram com os alemães.
    —- Los crímenes de los buenos Francia y Alemania luego de la segunda guerra (1-2)
    Javier Olivera Ravasi, el 1.08.18 http://www.infocatolica.com/blog/notelacuenten.php/1807200649-los-crimenes-de-los-buenos-fr-2
    … según Huddleston los líderes norteamericanos estimaron que hubo por lo menos 80.000 “ejecuciones sumarias” sólo en los primeros meses después de la liberación, mientras que el diputado socialista que sirvió como ministro del interior en marzo de 1945 y habría tenido mejores datos, informó a los representantes de de Gaulle que 105.000 asesinatos habían tenido lugar solo entre agosto de 1944 y marzo de 1945, una figura que fue citada extensamente en círculos públicos en ese entonces.
    —-Por último: Franco fusiló a 22.642 personas, el Frente Popular a 70.000
    https://www.hispanidad.com › opinion › la-resistencia
    2 sept 2018 — … después de la Segunda Guerra Mundial las represalias en Italia provocaron 67.000 ejecutados. En Francia fusilaron a 85.000 franceses.

  5. La «Transición» fue en realidad un golpe de Estado que dió el Rey en impunidad. Para que Tarradellas y otros asesinos vinieran a España como héroes, fue posible porque previamente el Pueblo Español fue engañado y se le ocultaron los crímenes que todos esos exilados que venían (Carrillo, la Pasionaria, Ignacio Gallegos, Tarradelllas, etc) habían cometido. Adolfo Suárez antes de Presidente del Gobierno fue Director General de RTVE, y como él sus colaboradores, taparon a la opinión pública los crímenes de los rojos, para que cuando vinieran a España las gente los recibiera ignorantes e ignorando de lo que habían hecho. Esta falta de información de la gente explica muchas cosas.

  6. la aportación no es mía, es de Jacques Dupont que la ha puesto el 1 de noviembre en el artículo sobre el atraque de la OTAN a la fluta rusa, cuando yo creo que donde pega es en este otro artículo:
    http://www.ihr.org/jhr/v10/v10p161_Brech.html

    El enlace dice así:

    En ‘Los campos de exterminio de Eisenhower’:
    un guardia penitenciario estadounidense recuerda, por Martín Brech (soldado norteamericano que fue testigo de los hechos):

    En octubre de 1944, a los dieciocho años, fui reclutado por el ejército estadounidense. En gran parte debido a la «Batalla de las Ardenas», mi entrenamiento se interrumpió, mi licencia se redujo a la mitad y me enviaron al extranjero de inmediato. Al llegar a Le Havre, Francia, nos cargaron rápidamente en furgones y nos enviaron al frente. Cuando llegamos allí, sufría síntomas cada vez más graves de mononucleosis y me enviaron a un hospital en Bélgica. Dado que la mononucleosis se conocía entonces como la «enfermedad de los besos», le envié una carta de agradecimiento a mi novia.

    Cuando salí del hospital, el equipo con el que me había entrenado en Spartanburg, Carolina del Sur, estaba muy adentro de Alemania, así que, a pesar de mis protestas, me colocaron en un «depósito de reposición» (depósito de reemplazo). Perdí interés en las unidades a las que fui asignado, y no las recuerdo todas: las unidades que no eran de combate fueron ridiculizadas en ese momento. Mi registro de calificación de separación indica que estuve principalmente en la Compañía C, 14º Regimiento de Infantería, durante mi estadía de diecisiete meses en Alemania, pero recuerdo que también me transfirieron a otros equipos.

    A fines de marzo o principios de abril de 1945, me enviaron a vigilar un campo de prisioneros de guerra cerca de Andernach a lo largo del Rin. Tenía cuatro años de alemán en la escuela secundaria, por lo que podía hablar con los prisioneros, aunque estaba prohibido. Poco a poco, sin embargo, me utilizaron como intérprete y me pidieron que buscara miembros de las SS (no encontré ninguno).

    En Andernach, cerca de 50.000 prisioneros de todas las edades fueron recluidos en un campo abierto rodeado de alambre de púas. Las mujeres se mantuvieron en un recinto separado que no vi hasta más tarde. Los hombres a los que protegí no tenían cobijo ni mantas. Muchos no tenían abrigos. Dormían en el barro, mojados y fríos, con trincheras inadecuadas para los excrementos. Era una primavera fría y húmeda, y su miseria por la sola exposición era evidente.

    Aún más impactante fue ver a los presos tirando hierba y malezas en una lata que contenía una sopa aguada. Me dijeron que hicieron esto para ayudar a aliviar sus dolores de hambre. Rápidamente se volvieron demacrados. La disentería hizo estragos, y pronto estaban durmiendo en sus propios excrementos, demasiado débiles y hacinados para llegar a las trincheras. Muchos estaban pidiendo comida, enfermando y muriendo ante nuestros ojos. Teníamos suficiente comida y suministros, pero no hicimos nada para ayudarlos, ni siquiera asistencia médica.

    Indignado, protesté ante mis oficiales y fui recibido con hostilidad o indiferencia. Cuando se les presionó, explicaron que estaban bajo órdenes estrictas de «arriba». Ningún oficial se atrevería a hacerle esto a 50.000 hombres si sintiera que está «fuera de lugar», dejándolo expuesto a cargos. Al darme cuenta de que mis protestas eran inútiles, le pedí a un amigo que trabajaba en la cocina que me pasara algo de comida extra para los prisioneros. Él también dijo que tenían órdenes estrictas de racionar severamente la comida de los prisioneros y que estas órdenes venían de «arriba». Pero dijo que tenían más comida de la que sabían qué hacer con ella, y que me daría un poco a escondidas.

    Cuando arrojé esta comida sobre el alambre de púas a los prisioneros, me atraparon y me amenazaron con encarcelarme. Repetí la «ofensa» y un oficial amenazó enojado con dispararme. Supuse que esto era un engaño hasta que me encontré con un capitán en una colina sobre el Rin disparando a un grupo de mujeres civiles alemanas con su pistola calibre .45. Cuando le pregunté, «¿Por qué?», ​​Murmuró, «Práctica de tiro», y disparó hasta que su pistola estuvo vacía. Vi a las mujeres corriendo para ponerse a cubierto, pero, a esa distancia, no podía decir si alguna había sido alcanzada.

    Fue entonces cuando me di cuenta de que estaba tratando con asesinos a sangre fría llenos de odio moralista. Consideraron a los alemanes infrahumanos y dignos de exterminio; otra expresión de la espiral descendente del racismo. Los artículos en el periódico GI, Stars and Stripes , jugaron con los campos de concentración alemanes, completos con fotos de cuerpos demacrados. Esto amplificó nuestra crueldad santurrona y facilitó la imitación del comportamiento al que se suponía que debíamos oponernos. Además, creo, los soldados que no estaban expuestos al combate estaban tratando de demostrar lo duros que eran al desquitarse con los prisioneros y los civiles.

    Descubrí que estos prisioneros eran en su mayoría granjeros y trabajadores, tan simples e ignorantes como muchos de nuestros propios soldados. Con el paso del tiempo, más de ellos cayeron en un estado de apatía similar al de los zombis, mientras que otros intentaron escapar de forma demente o suicida, corriendo a través de campos abiertos a plena luz del día hacia el Rin para saciar su sed. Fueron derribados.

    Algunos presos estaban tan ansiosos por los cigarrillos como por la comida, y dijeron que les quitaron el hambre. En consecuencia, los «comerciantes yanquis» de GI emprendedores estaban adquiriendo hordas de relojes y anillos a cambio de puñados de cigarrillos o menos. Cuando comencé a arrojar cartones de cigarrillos a los prisioneros para arruinar este comercio, también fui amenazado por soldados rasos.

    El único punto brillante en este panorama sombrío llegó una noche en que. Me pusieron en el «turno de cementerio», de dos a cuatro de la madrugada. En realidad, había un cementerio en el lado cuesta arriba de este recinto, a no muchos metros de distancia. Mis superiores se habían olvidado de darme una linterna y yo no me había molestado en pedir una, disgustado como estaba con toda la situación en ese momento. Era una noche bastante brillante y pronto me di cuenta de que un prisionero se arrastraba debajo de los alambres hacia el cementerio. Se suponía que debíamos disparar a los fugitivos en cuanto los vieran, así que comencé a levantarme del suelo para advertirle que regresara. De repente me di cuenta de que otro prisionero se arrastraba desde el cementerio de regreso al recinto. Estaban arriesgando sus vidas para llegar al cementerio por algo. Tuve que investigar.

    Cuando entré en la penumbra de este cementerio cubierto de arbustos y sombreado por árboles, me sentí completamente vulnerable, pero de alguna manera la curiosidad me mantuvo en movimiento. A pesar de mi precaución, tropecé con las piernas de alguien que estaba boca abajo. Agitando mi rifle mientras tropezaba y trataba de recuperar la compostura de mente y cuerpo, pronto me sentí aliviado de no haber disparado por reflejo. La figura se incorporó. Poco a poco, pude ver el rostro hermoso pero aterrorizado de una mujer con una canasta de picnic cerca. A los civiles alemanes no se les permitía alimentarse, ni siquiera acercarse a los prisioneros, así que rápidamente le aseguré que aprobaba lo que estaba haciendo, que no tuviera miedo y que dejaría el cementerio para salir del camino.

    Lo hice de inmediato y me senté, apoyándome en un árbol al borde del cementerio para pasar desapercibido y no asustar a los prisioneros. Me imaginé entonces, y todavía lo hago ahora, cómo sería conocer a una mujer hermosa con una cesta de picnic en esas condiciones como prisionera. Nunca he olvidado su rostro.

    Eventualmente, más prisioneros regresaron al recinto. Vi que estaban llevando comida a sus camaradas y solo pude admirar su coraje y devoción.

    El 8 de mayo, Día VE [1945], decidí celebrar con algunos presos que estaba custodiando y que estaban horneando pan que los otros presos recibían ocasionalmente. Este grupo tenía todo el pan que podía comer y compartía el estado de ánimo jovial generado por el final de la guerra. Todos pensábamos que pronto nos iríamos a casa, una esperanza patética de su parte. Estábamos en lo que se convertiría en la zona francesa [de ocupación], donde pronto sería testigo de la brutalidad de los soldados franceses cuando les transferíamos a nuestros prisioneros para sus campos de trabajo forzado.

    En este día, sin embargo, estábamos felices.

    Como gesto de amistad, vacié mi rifle y lo coloqué en un rincón, incluso permitiéndoles jugar con él a petición suya. Esto «rompió el hielo» por completo y pronto estábamos cantando canciones que nos enseñábamos unos a otros, o que yo había aprendido en la clase de alemán de la escuela secundaria («Du, du, liegst mir im Herzen»). En agradecimiento, me hornearon una pequeña hogaza especial de pan dulce, el único regalo posible que les quedaba para ofrecer. Lo metí en mi «chaqueta Eisenhower» y lo llevé a escondidas a mi cuartel, comiéndolo cuando tenía privacidad. Nunca he probado un pan más delicioso, ni he sentido un sentido más profundo de comunión mientras lo comía. Creo que un sentido cósmico de Cristo (la Unidad de todo Ser) me reveló su presencia normalmente oculta en esa ocasión, lo que influyó en mi decisión posterior de especializarme en filosofía y religión.

    Poco después, algunos de nuestros prisioneros débiles y enfermizos fueron llevados por soldados franceses a su campamento. Íbamos en un camión detrás de esta columna. Temporalmente, disminuyó la velocidad y retrocedió, tal vez porque el conductor estaba tan sorprendido como yo. Cada vez que un prisionero alemán se tambaleaba o retrocedía, lo golpeaban en la cabeza con un garrote y lo mataban. Los cuerpos fueron rodados a un lado de la carretera para ser recogidos por otro camión. Para muchos, esta muerte rápida podría haber sido preferible a la inanición lenta en nuestros «campos de exterminio».

    Cuando finalmente vi a las mujeres alemanas retenidas en un recinto separado, pregunté por qué las teníamos prisioneras. Me dijeron que eran «seguidores del campamento», seleccionados como reproductores de las SS para crear una súper raza. Hablé con algunas y debo decir que nunca conocí a un grupo de mujeres más enérgico o atractivo. Ciertamente no pensé que merecieran encarcelamiento.

    Fui utilizado cada vez más como intérprete y pude evitar algunos arrestos particularmente desafortunados. Un incidente un tanto divertido involucró a un viejo granjero que estaba siendo arrastrado por varios parlamentarios. Me dijeron que tenía una «medalla nazi elegante», que me mostraron. Afortunadamente, tenía una tabla que identificaba tales medallas. ¡Se lo habían concedido por tener cinco hijos! Quizás su esposa se sintió algo aliviada de «quitarlo de encima», pero no pensé que uno de nuestros campos de exterminio fuera un castigo justo por su contribución a Alemania. Los diputados accedieron y lo liberaron para continuar con su «trabajo sucio».

    El hambre también comenzó a extenderse entre los civiles alemanes. Era común ver a mujeres alemanas metidas hasta los codos en nuestros botes de basura buscando algo comestible, es decir, si no las ahuyentaban.

    Cuando entrevisté a alcaldes de pequeños pueblos y aldeas, me dijeron que «personas desplazadas» (extranjeros que habían trabajado en Alemania) les habían quitado el suministro de alimentos, los cargaron en camiones y se marcharon. Cuando informé esto, la respuesta fue un encogimiento de hombros. Nunca vi a ninguna Cruz Roja en el campamento o ayudando a los civiles, aunque sus puestos de café y donas estaban disponibles en todas partes para nosotros. Mientras tanto, los alemanes tenían que confiar en compartir las tiendas ocultas hasta la próxima cosecha.

    El hambre hizo que las mujeres alemanas estuvieran más «disponibles», pero a pesar de esto, la violación prevalecía y, a menudo, iba acompañada de violencia adicional. En particular, recuerdo a una mujer de dieciocho años a la que le rompieron un lado de la cara con la culata de un rifle y luego fue violada por dos soldados. Incluso los franceses se quejaron de que las violaciones, los saqueos y la destructividad borracha por parte de nuestras tropas eran excesiva . En Le Havre, nos habían dado folletos advirtiéndonos que los soldados alemanes habían mantenido un alto nivel de comportamiento con los civiles franceses que eran pacíficos, y que nosotros deberíamos hacer lo mismo. En esto fallamos miserablemente.

    «¿Y qué?» algunos dirían. «Las atrocidades del enemigo fueron peores que las nuestras». Es cierto que viví sólo el final de la guerra, cuando ya éramos los vencedores. La oportunidad alemana de cometer atrocidades se había desvanecido, mientras que la nuestra estaba al alcance de la mano. Pero dos errores no hacen un acierto. En lugar de copiar los crímenes de nuestro enemigo, debemos apuntar de una vez por todas a romper el ciclo de odio y venganza que ha plagado y distorsionado la historia humana. Por eso hablo ahora, 45 años después del crimen. Nunca podremos prevenir crímenes de guerra individuales, pero podemos, si suficientes de nosotros nos pronunciamos, influir en la política del gobierno. Podemos rechazar la propaganda del gobierno que describe a nuestros enemigos como infrahumanos y alienta el tipo de ultrajes que presencié. Podemos protestar por el bombardeo de objetivos civiles, que todavía continúa hoy.

    Me doy cuenta de que es difícil para el ciudadano promedio admitir haber presenciado un crimen de esta magnitud, especialmente si él mismo está implicado. Incluso los soldados que simpatizaban con las víctimas tenían miedo de quejarse y meterse en problemas, me dijeron. Y el peligro no ha cesado. Desde que hablé hace unas semanas, recibí llamadas amenazantes y rompieron mi buzón de correo. Pero ha valido la pena. Escribir sobre estas atrocidades ha sido una catarsis de sentimientos reprimidos demasiado tiempo, una liberación, que tal vez recordará a otros testigos que «la verdad nos hará libres, no tengáis miedo». Incluso podemos aprender una lección suprema de todo esto: sólo el amor puede conquistarlo todo.

    Sobre el Autor

    Martin Brech vive en Mahopac, Nueva York. Cuando escribió este ensayo de memorias en 1990, era profesor adjunto de Filosofía y Religión en Mercy College en Dobbs Ferry, Nueva York. Brech tiene una maestría en teología de la Universidad de Columbia y es ministro unitario-universalista.

    Este ensayo fue publicado en The Journal of Historical Review , verano de 1990 (Vol. 10, No. 2), pp. 161-166. (Revisado, actualizado: noviembre de 2008)

    Para lecturas adicionales

    James Bacque, Crimes and Mercies: The Fate of German Civilians Under Allied Occupation, 1944-1950 (Toronto: Little, Brown and Co., 1997)

    James Bacque, Otras pérdidas: una investigación sobre las muertes masivas de prisioneros alemanes a manos de franceses y estadounidenses después de la Segunda Guerra Mundial (Toronto: Stoddart, 1989)

    Alfred-Maurice de Zayas, Némesis en Postsdam (Lincoln, Nebraska: 1990)

    Alfred-Maurice de Zayas, A Terrible Revenge: The Ethnic Cleansing of the Eastern European Germans, 1944-1950 (Nueva York: St. Martin’s Press, 1994)

    John Dietrich, El Plan Morgenthau: Influencia soviética en la política estadounidense de posguerra (Nueva York: Algora, 2002)

    Ralph Franklin Keeling, Gruesome Harvest: La guerra de posguerra de los aliados contra el pueblo alemán (IHR, 1992). Publicado originalmente en Chicago en 1947.

    Giles MacDonogh, Después del Reich: La historia brutal de la ocupación aliada (Nueva York: Basic Books, 2007)

    John Sack, Ojo por ojo: La historia de los judíos que buscaron venganza por el Holocausto (2000)

    Mark Weber, «Nuevo libro detalla los asesinatos en masa y el maltrato brutal de los alemanes al final de la Segunda Guerra Mundial» (verano de 2007)
    ( http://www.ihr.org/other/afterthereich072007.html )

    1. Esto lo podríamos extrapolar hoy día y vendría a ser la suerte de los prisioneros rusos con sus captores “occidentales” y el más respetuoso trato ya ordenado desde el mando ruso a los prisioneros ucranianos (Tal como sucedió en el bando de Franco y de Hitler … “En Le Havre, nos habían dado folletos advirtiéndonos que los soldados alemanes habían mantenido un alto nivel de comportamiento con los civiles franceses que eran pacíficos, y que nosotros deberíamos hacer lo mismo. En esto fallamos miserablemente.”…).

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