Tras las huellas del crucifijo

Me gustan todas las formas de arte. Veo en ellas la expresión sobrenatural de la humanidad. La capacidad de crear una obra, “opus”, ya sea literaria, musical o escénica siempre me resultó envidiable. ¿Qué había en la cabeza de Miguel Ángel?… el más grande pintor y escultor de todos los tiempos…

Julio Beobide

En el Valle de los Caídos, donde está la cruz más grande del mundo. Preside la basílica un crucifijo de belleza incalculable. Para mí el más bello jamás tallado.

El Cristo en cuestión es obra de un acérrimo antifranquista… “Julio Beobide”. Un escultor Vasco Euskaldún de Donostia (Guipúzcoa)… profundamente católico, profundamente separatista, profundamente antiliberal, Carlista de izquierdas… de los que siguió en guerra con Madrid durante toda la vida.

Coincido con esa minoría de historiadores. Para entender eso, hay que leerse los Episodios nacionales de Benito Pérez Galdós y darse cuenta del complicadísimo entramado gremial y foral del reino de España y tortuoso camino hacia el estado liberal y centralizado.

Cuando Franco inició su obra magna del “Valle de los Caídos” buscó para el trabajo a los mejores arquitectos y artistas del momento. Pero ya se sabe que por un extraño albur de la antropología humana la mayoría de “los artistas” suelen ser contestatarios, bohemios o cuando no de izquierdas. Eso es así, aunque diera para todo un debate.

Lo cierto es que, para la obra escultórica del Valle de los Caídos, Franco eligió al mejor escultor del momento, que no era otro que Juan de Ávalos, escultor de izquierdas a quien sacó de su autoexilio en Portugal y quien aceptó el reto de trabajar para el valle a cambio de eliminar referencias de la guerra civil del proyecto monumental y centrarse en el elemento religioso, que en definitiva era la pretensión del proyecto como “campo santo” donde albergar a combatientes de ambos bandos.

Zuloaga

El caso es que, para la imagen del Cristo bajo el crucero central de la basílica, Franco se había enamorado de un Cristo del pintor Zuloaga, que a su vez había buscado su inspiración en “el Cristo del Greco”. Franco, hombre meticuloso en sus proyectos, decidió que aquella obra de Zuloaga debía transformarse en la talla central de la Basílica del Valle de los Caídos y consultó con el pintor quién podría tallarla.

Zuloaga le sugirió a Franco que el mejor sin duda sería el escultor y tallador Julio Beobide que residía en la localidad guipuzcoana de Zamaía… El caso es que Beobide jamás hubiera aceptado tallar un Cristo para el Valle de los Caídos, y menos aún por encargo de Franco. Y aquí viene la anécdota.

Franco quería para el Cristo del Valle al mejor. ¿Pero cómo provocar a un artista encima separatista?… Imposible… ¿no?… Pues no para un gallego. Aprovechando la amistad de Zuloaga con Beobide, el gallego le tendió la trampa al vasco, usando como anzuelo al pintor vasco, quien le dijo que era para un magnate yankie, que pagaba muy bien.

Beobide, cumplió con nel encargo y Zuloaga se llevó el crucifijo… pero después, llegó el cheque procedente del Ministerio de Cultura, y Beobide descubrió la verdad… ¡montó en cólera!… entendible a mi juicio, por el engaño sufrido y por el destino para el que se daba su obra.

La sangre no llegó al río, porque Zuloaga disuadió a Beobide de sus acciones legales para recuperar el crucifijo… Beobide jamás visitó su obra ya emplazada en la basílica y sólo recientemente, después de 70 años, sus hijos y nietos han visitado el Valle de los Caídos, y se han admirado de la magnitud de la obra del Valle y cómo en él luce el crucifijo de Julio Beobide… comprendiendo y reconociendo que no podía haber mejor sitio para la obra del escultor vasco.

Los que hemos asistido a Misas en la gruta del Valle de los Caídos, sabemos de la emoción que provoca la Consagración… cuando al pronunciar las benditas palabras de Nuestro Señor… “tomad y comed…”, todas las luces se apagan y en la cálida oscuridad de la gruta… sólo se ve la presencia, iluminada, magnánime, excelsa… del Jesús Crucificado de Julio Beobide, poniendo un nudo en la garganta, que sólo se alivia cuando afloran las lágrimas…

Hace poco, estuve en Zamía. El típico puertín marinero de la costa cantábrica, de los que tantos ejemplos tenemos en el norte peninsular. Allí visité la casa del formidable escultor y tallista e incluso me permití hacerle una aportación o descubrimiento a su nieto llamado Mikel que nos asistía en la visita… le descubrí que era una preciosa talla de una Virgen dolorosa, era Nuestra Señora de Umbe, de las apariciones que tuvieron lugar cerca de Bilbao.

Para AFAN


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