Tres encuentros con el destino

Sarah Weddington

Sarah Weddington, la abogada fanáticamente pro-abortista que representó en 1972 ante el Tribunal Supremo de los EE.UU. a “Jane Roe” en el infame caso Roe v. Wade (que como todo el mundo sabe fue el caso cuya sentencia legalizó el aborto como un derecho constitucional en los cincuenta Estados de la Unión), acaba de morir. Como muchos de sus compañeros de viaje, nunca pareció haber hecho las paces con su propio aborto (Weddington había viajado un par de años antes a Méjico para abortar).

A principios de la década de 1990 me pidieron que debatiera con ella frente a un auditorio repleto en un gran hospital del sur de California. Con el debido respeto, me pareció una persona mal preparada y tediosa. Esperaba enfrentarme a un intelecto despierto e imponente con mucha seguridad en sí misma, pero en realidad no tenía ninguna. Fue repetitiva en su presentación, sin salirse ni un ápice de un guión predeterminado en gran parte autobiográfico. Este encuentro me permitió comprender por primera vez que los grandes nombres del movimiento a favor del aborto no eran personas extraordinarias a la hora de defenderlo. Eso sí, actuaban de forma muy coordinada y unidos, ocultando, en realidad, el hecho de que realmente no tenían caso, y lo sabían. Por cierto, entre el público del evento citado observé que había diez o doce mujeres sentadas juntas que luego supe que dijeron ser enfermeras a favor del aborto. Pues bien, iban vestidas todas iguales con ¡batas negras!, identificándose a los que les preguntaban por tan extraña indumentaria para unas enfermeras que… eran brujas. Me refiero a brujas de verdad, reales, o sea, satánicas. Siempre me pareció que el ambiente en aquel auditorio era oscuro y macabro.

Harry Blackmun

El juez de la Corte Suprema que redactó la sentencia en el caso Roe fue Harry Blackmun; el mismo que pronunció el discurso inaugural del nuevo edificio de la facultad de Derecho cuando yo cursaba mi primer año en ella. Yo era entonces el editor del periódico de la facultad, así que tuve que cubrir el evento y, por lo tanto, situarme a unos pocos metros del jurista mientras hablaba. Sentí la presencia de un gran mal que se contradecía con la corrección de su apariencia y de sus modales.

Su discurso tampoco fue notable. Lo que sí recuerdo es que unos cincuenta residentes de la localidad donde se hallaba la facultad organizaron una protesta contra él, y eso a pesar de que era el año 1973 y la sentencia en el caso Roe tenía sólo unos meses. No recuerdo nunca a Blackmun sonriendo realmente. Como arquitecto de la mayor atrocidad en la historia de la Humanidad, su halo sombrío le encajaba a la perfección. Es posible que también ya entonces se sintiera acomplejado por el hecho de que reputados juristas, situados a ambos lados en la controversia sobre el aborto, habían comenzado a criticar su redacción de la sentencia tachándola de incoherente y plagada de non sequiturs derivadas a su vez de interpretaciones erróneas de los hechos constatados, así como sus “conclusiones de Derecho” que en ningún caso tampoco eran coherentes con ellos. Dichos expertos consideraban que la sentencia era más una diatriba política que resultado de la erudición jurídica.

Blackmun, en su sentencia, decía, por ejemplo, que el acceso al aborto electivo podría regularse salvo que el embarazo que se pretendía interrumpir pusiera en peligro la salud de la madre. Pero en Doe v. Bolton, la decisión complementaria dictada ese mismo día ordenaba que sólo los abortistas estarían calificados para decidir cuándo los abortos eran necesarios por cuestiones relacionadas con la “salud”, cajón de sastre en el que se incluyeron conceptos tan abstractos como el bienestar emocional, el estado civil, la edad, y otros factores a su vez tan subjetivos como para hacer de la excepción de la “salud” la llave que abrió la puerta para matar sin límite. No es de extrañar que Blackmun no sonriera.

Sarah Weddington en la época del juicio

En realidad, y frente a lo que se ha hecho creer, la Sra. Weddington no “ganó” la demanda del caso Roe en el sentido en que ella lo había presentado, o sea, que el aborto debía ser reconoció como un derecho constitucional. Lo que ocurrió es que Harry Blackmun llevaba literalmente años presionando sin descanso a sus compañeros jueces hasta que consiguió, engatusándoles o coaccionándoles, el objetivo que perseguía (abrir la puerta al aborto). Así, para cuando apareció la Sra. Weddington, el terreno ya estaba abonado. Y es que para entonces el aborto iba a ser legalizado incluso si en vez de la Sra. Weddington hubiera sido un chimpancé quien hubiera interpuesto la demanda que interpuso ella, o sea, el caso Roe. De hecho, el juez Blackmun, que era conocido por su manía de “calificar” a los abogados que comparecían ante el tribunal, otorgó a la Sra. Weddington una mera “C+” (poco más que un escaso suficiente). ¡Quizás Weddington trató de compensar la mediocridad de su actuación cuando más adelante encargó una monumental lápida para su sepultura que, según los informes, pesaba dos toneladas! En ella se identificaba a sí misma en su epitafio como la “Abogada de la demandante en el caso Roe”. ¡Vaya epitafio para la posteridad!

Norma McCorvey

La “Jane Roe” en el caso Roe v. Wade (la denunciante ocultó su nombre bajo tal apelativo) se llamaba realmente Norma McCorvey. El lobby del aborto la reclutó y le pagó para que les sirviera como demandante «agraviada». Aceptó presentarse como embarazada como consecuencia de una agresión sexual –absoluta falsedad que supuso, además, por su parte perjurio– haciendo así, al excitar el sentimentalismo de la opinión pública, más “presentable” la necesidad de legalizar el aborto. Me encontré con la Sra. McCorvey varias veces después de su supuesta conversión al catolicismo y le exigí que repudiara el aborto. Nunca me pareció sincera; poco antes de su reciente muerte le reveló a un reportero que había mentido sobre su “violación” y que después también mintió sobre su posterior rechazo del aborto. Mi impresión fue que era una estafadora oportunista sin educación ni habilidades para trabajar normalmente, dispuesta a ser lo que fuera o quienquiera que decidiera que fuese con tal de satisfacer sus necesidades e intereses más perentorios. Una estafadora que se aprovechó de los partidarios de ambos bandos en la controversia del aborto.

Resulta profundamente irónico, aunque posiblemente providencial, que debido a mi ejercicio de la abogacía, haya conocido a los tres actores principales en el drama que legalizó el sacrificio ilimitado de niños en Estados Unidos, y que tal hecho haya ocurrido sin ninguna intención premeditada por mi parte. Para mí, las tres fueron almas manifiestamente atribuladas, claro que ¿cómo podría ser de otra forma?

Para Center for Bio-Ethical Reform


3 respuestas a «Tres encuentros con el destino»

  1. Todos los nombrados en este artículo son unos asesinos abortistas que estarán en el fondo del infierno.
    Añadir a estos criminales Sleepy Joe Planta Biden pro-abortista al que el papa recibió con alabanzas… y su adjunta la magistrada pro-aborto y pro-islam, la miserable Kamala Harris, ambos asesinos junto a la Nancy Pelosi otra falsa católica recibida por el papa Francisco, loca abortista y anciana decrépita.
    Íñigo Caballero
    Donostiarra y carlista desde que nací

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