Trump de fracaso en fracaso en el archivo iraní
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Cuando falta una semana para que culmine el Mundial de Fútbol 2026, el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) incrementa sus ataques contra los objetivos iraníes argumentando la defensa del tráfico marítimo civil y mercantil por el estrecho de Ormuz.
Esta vía fluvial se ha transformado en una baza estratégica para los intereses iraníes y también en un serio problema para el enfoque de Trump, quien sigue sin traducir esta situación en un éxito favorable para él; además, el inquilino de la Casa Blanca continúa en un modo estático porque diversos factores de poder le obligan a no apartarse del expediente de guerra iraní, pero tampoco puede progresar en la batalla contra el poder chiita porque, a todas luces, los Estados Unidos no cuenta, en estas circunstancias, con un plan adecuado ni tampoco tiene la disponibilidad efectiva de recursos totales que le permiten el triunfo demoledor y dominante contra Irán.
Tenemos que decir que esta ofensiva americana -que preocupa a muchos resortes del sistema internacional- no está -al cierre de esta nota- obteniendo un valor cambiante en el curso de la guerra porque, por ejemplo, los impactos en el área petrolera de Abadán no tuvieron un efecto significativo en la realidad de la guerra.
La estrategia bélica estadounidense está chocando frustrantemente contra la previsión y la imperturbabilidad del mando de la Guardia Revolucionaria Islámica, cuyas planificaciones mantienen al Pentágono en un atolladero del cual no puede salir airoso ya que las capacidades ofensivas iraníes se siguen preservando en un grado alto, a la vez que no se minimizaron las fortalezas defensivas.
Aunque no hay todavía confirmaciones de ambos lados, pero, en los circuitos bien informados, se tiene como una realidad de estos días el hecho de que los estadounidenses han sufrido daños militares que no son menores por parte de los iraníes.
Mientras tanto, Trump -que no pudo conseguir que Irán se someta a sus planteos en materia nuclear y en la geopolítica regional- se concentra, en estos días, en el asunto de Ormuz, algo que tampoco le dará beneficios porque Irán no permitirá que el estrecho caiga bajo control operativo estadounidense y el enfocamiento trumpista sobre esta área relegará o impedirá el avance de los otros temas que contiene la agenda hacia un posible acuerdo final que procuran aplicar Vance y otros actores. Desde Islamabad le señalaron a Washington que no detone el proceso del acuerdo y que tenga un gramo de prudencia porque Teherán todavía no actuó con furia máxima.
Trump, quien teme por su vida, en este 2026 (año que el trumpismo no lo olvidará jamás), ha llevado a su país, mediante la praxis belicista que le impusieron externamente, al fracaso en el archivo iraní.
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Cuando falta una semana para que culmine el Mundial de Fútbol 2026, el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) incrementa sus ataques contra los objetivos iraníes argumentando la defensa del tráfico marítimo civil y mercantil por el estrecho de Ormuz.
Esta vía fluvial se ha transformado en una baza estratégica para los intereses iraníes y también en un serio problema para el enfoque de Trump, quien sigue sin traducir esta situación en un éxito favorable para él; además, el inquilino de la Casa Blanca continúa en un modo estático porque diversos factores de poder le obligan a no apartarse del expediente de guerra iraní, pero tampoco puede progresar en la batalla contra el poder chiita porque, a todas luces, los Estados Unidos no cuenta, en estas circunstancias, con un plan adecuado ni tampoco tiene la disponibilidad efectiva de recursos totales que le permiten el triunfo demoledor y dominante contra Irán.
Tenemos que decir que esta ofensiva americana -que preocupa a muchos resortes del sistema internacional- no está -al cierre de esta nota- obteniendo un valor cambiante en el curso de la guerra porque, por ejemplo, los impactos en el área petrolera de Abadán no tuvieron un efecto significativo en la realidad de la guerra.
La estrategia bélica estadounidense está chocando frustrantemente contra la previsión y la imperturbabilidad del mando de la Guardia Revolucionaria Islámica, cuyas planificaciones mantienen al Pentágono en un atolladero del cual no puede salir airoso ya que las capacidades ofensivas iraníes se siguen preservando en un grado alto, a la vez que no se minimizaron las fortalezas defensivas.
Aunque no hay todavía confirmaciones de ambos lados, pero, en los circuitos bien informados, se tiene como una realidad de estos días el hecho de que los estadounidenses han sufrido daños militares que no son menores por parte de los iraníes.
Mientras tanto, Trump -que no pudo conseguir que Irán se someta a sus planteos en materia nuclear y en la geopolítica regional- se concentra, en estos días, en el asunto de Ormuz, algo que tampoco le dará beneficios porque Irán no permitirá que el estrecho caiga bajo control operativo estadounidense y el enfocamiento trumpista sobre esta área relegará o impedirá el avance de los otros temas que contiene la agenda hacia un posible acuerdo final que procuran aplicar Vance y otros actores. Desde Islamabad le señalaron a Washington que no detone el proceso del acuerdo y que tenga un gramo de prudencia porque Teherán todavía no actuó con furia máxima.
Trump, quien teme por su vida, en este 2026 (año que el trumpismo no lo olvidará jamás), ha llevado a su país, mediante la praxis belicista que le impusieron externamente, al fracaso en el archivo iraní.
Cuando falta una semana para que culmine el Mundial de Fútbol 2026, el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) incrementa sus ataques contra los objetivos iraníes argumentando la defensa del tráfico marítimo civil y mercantil por el estrecho de Ormuz.
Esta vía fluvial se ha transformado en una baza estratégica para los intereses iraníes y también en un serio problema para el enfoque de Trump, quien sigue sin traducir esta situación en un éxito favorable para él; además, el inquilino de la Casa Blanca continúa en un modo estático porque diversos factores de poder le obligan a no apartarse del expediente de guerra iraní, pero tampoco puede progresar en la batalla contra el poder chiita porque, a todas luces, los Estados Unidos no cuenta, en estas circunstancias, con un plan adecuado ni tampoco tiene la disponibilidad efectiva de recursos totales que le permiten el triunfo demoledor y dominante contra Irán.

Tenemos que decir que esta ofensiva americana -que preocupa a muchos resortes del sistema internacional- no está -al cierre de esta nota- obteniendo un valor cambiante en el curso de la guerra porque, por ejemplo, los impactos en el área petrolera de Abadán no tuvieron un efecto significativo en la realidad de la guerra.
La estrategia bélica estadounidense está chocando frustrantemente contra la previsión y la imperturbabilidad del mando de la Guardia Revolucionaria Islámica, cuyas planificaciones mantienen al Pentágono en un atolladero del cual no puede salir airoso ya que las capacidades ofensivas iraníes se siguen preservando en un grado alto, a la vez que no se minimizaron las fortalezas defensivas.
Aunque no hay todavía confirmaciones de ambos lados, pero, en los circuitos bien informados, se tiene como una realidad de estos días el hecho de que los estadounidenses han sufrido daños militares que no son menores por parte de los iraníes.
Mientras tanto, Trump -que no pudo conseguir que Irán se someta a sus planteos en materia nuclear y en la geopolítica regional- se concentra, en estos días, en el asunto de Ormuz, algo que tampoco le dará beneficios porque Irán no permitirá que el estrecho caiga bajo control operativo estadounidense y el enfocamiento trumpista sobre esta área relegará o impedirá el avance de los otros temas que contiene la agenda hacia un posible acuerdo final que procuran aplicar Vance y otros actores. Desde Islamabad le señalaron a Washington que no detone el proceso del acuerdo y que tenga un gramo de prudencia porque Teherán todavía no actuó con furia máxima.
Trump, quien teme por su vida, en este 2026 (año que el trumpismo no lo olvidará jamás), ha llevado a su país, mediante la praxis belicista que le impusieron externamente, al fracaso en el archivo iraní.
Trump cometió un grave error al detener los ataques aéreos contra las instalaciones militares de Irán, que comenzaron el 28 de febrero. Si en lugar de enredarse en unas negociaciones inacabables con miembros del régimen criminal iraní hubiera permitido que continuaran los ataques hasta que las fuerzas armadas iraníes hubieran sido diezmadas (especialmente el Cuerpo de los Guadianes de la Revolución Islámica) es probable que la población iraní, harta de soportar la opresión de los ayatolas, se habría echado a las calles para derribar a ese régimen tiránico y el Estrecho de Ormuz estaría abierto para la navegación segura de todos los barcos.
Todo bien en Babia por lo que veo.
El tiempo dirá si llevo o no llevo la razón.
El tiempo ya pasó y ni se dio cuenta. Siga en Babia, se está bien allí.
Trump se ha enredado en los hilos que le hizo Netanyahu y ahí sigue, dándose cabezazos aunque el dolor de cabeza se lo lleve Europa.
Los norteamericanos que lo apoyaron porque dijo que con el no habria nuevas guerras y que las que habia se terminarían en dos semanas se han llevado un chasco de campeonato y en estos momentos rechazan a este bocazas rubio con todas sus fuerzas.
Trump ha puesto patas arriba medio mundo y con sus estupideces y bombardeos solo esta consiguiendo empobrecer el mundo occidental
Vamos, que es un figura el cretino este.