Tu sufrimiento, tu tesoro

Cuando sufrimiento se abraza al corazón y no lo deja un solo instante. Cuando no puede latir sin que el dolor esté presente. Cuando al respirar el corazón se hace notar, porque el sufrimiento no lo deja. Cuando al mirar siempre está presente ante la vista nuestro dolor. Cuando la cerrar los ojos siempre se nos presenta la misma imagen y el mismo pensamiento.

Cuando de repente nuestra vida cambia por una noticia, un acontecimiento, por algo inesperado, y por alguien querido, entonces nuestra vida toma otro valor, otra consideración, otro horizonte. El dolor nos debilita y desorienta, nos hace más frágiles, débiles y susceptibles. La seguridad de ayer, hoy ha desaparecido. La fortaleza de ayer es la debilidad de hoy. La alegría de ayer es la tristeza compañera del hoy.

Las fuerzas humanas decaen, no nos sirven para sobreponernos, no nos dan razones para esperar. Aquella seguridad es la fragilidad de ahora.

Es en el dolor, ese que hace que el corazón se encoja y la respiración se ralentice, que hace imposible contener las lágrimas, que hace todo parezca que se desmorona a nuestro alrededor, cuando el alma se encuentra desnuda, indefensa, inútil, débil, necesitada ante Dios Todopoderoso. Es cuando nos encontramos ante la dolorosa Pasión de nuestro Redentor. Es cuando la valoramos, la meditamos y la necesitamos por la simple razón de que sólo, y exclusivamente, Jesucristo crucificado puede darnos el sosiego y esperanza que la carne no nos puede dar.

Es cuando nos sentimos más unidos a su Pasión, esa que tan pocas veces hemos meditado, considerado, y, aun menos, valorado como relevante en nuestra vida. Ahora, sólo la Cruz nos consuela, la necesitamos. Sólo la Cruz puede transformar nuestro dolor en esperanza, puede liberar el corazón de la tiranía del sufrimiento, puede dejarnos respirar libremente y podemos cerrar los ojos sin necesidad de que estos se humedezcan.

Cuando verdaderamente el corazón desconsolado se encuentra con Jesucristo crucificado, y con su dolorosísima Madre, es cuando entiende y siente en verdad, que lo que alberga el corazón no es una carga imposible de soportar, sino un precioso tesoro que Dios ha dejado en el alma. Ya el corazón no soporta una durísima carga, sino que siente que tiene algo muy valioso que lo enriquece, purificándolo de tantas imperfecciones, y que lo va a santificar satisfaciendo por tantos pecados pasados.

Este tesoro obra en el alma sufriente, que lo es, pero no como antes, cuando era carnal, sino sufriente con Cristo, uno con Él, ahora ya no quiere separarse de su Redentor.

El que sufre con Cristo se beneficia de los frutos de la Pasión, y también de la causa del sufrimiento.

Aquel dolor que se hizo insoportable, ahora es dulce tesoro que nos ha unido al Señor para el resto de nuestra vida, que ya no tiene otro sentido sino en la Cruz. No desperdiciemos lo más mínimo este tesoro con lamentaciones, guardémosle celosamente con alabanzas.

El dolor personal nos ha llevado a la Cruz, y el camino de la Cruz nos llevará a la gloria sempiterna.

Ave María Purísima.


Una respuesta a «Tu sufrimiento, tu tesoro»

  1. Hay una gran diferencia entre dolor y sufrimiento, el dolor es la causa del sometimiento del maligno, pero sin rechazar el espíritu de Cristo. En cambio, el sufrimiento, es tirar la toalla y resignarse al maligno, es cuestión de HONOR y no sumisión al maligno por miedo a la muerte. El guerrero muere de pie y el pusilánime de rodillas, ser águila o ser paloma, evidentemente el águila representa las alturas que la paloma no puede llegar.

    Saludos cordiales

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