Ultima causa patriae

Aún llegados a este incuestionable momento, en el que nadie se puede engañar ya, otra cosa es que quiera o la gravedad del mismo no le importe porque está conforme por las causas que sean, todavía hay solución, claro que sí, otra cosa es que llama la atención que excepto una ínfima minoría que además se atreve a decirlo públicamente, lo cual la honra mucho más, todos, también muchos de los que alardean de lo que en realidad no son, promuevan la confusión entre el pueblo que caído en la idiocia promovida durante ya casi medio siglo permanece inane y dócil a aceptar hasta lo que en breve va a acabar con él.

Y la solución está, paradójicamente y aunque no lo parezca y pocos se lo crean o lo quieran recordar, en la misma causa de la gravedad del momento, es decir, en la propia Constitución, que fue mal diseñada, con alevosía y premeditación, por un grupito de traidores, pues todos lo eran en su fuero interno y externo, para traicionar, con el tiempo, a España; carta magna que aunque tiene poco de bueno y mucho de malo, que está plagada de trampas saduceas con el fin citado, y que, además, ni siquiera en lo bueno se ha respetado por nadie y nunca, de ambos últimos reyes –ojalá lo sean–  abajo incluidos, nadie, paradójicamente, repito, no deja de ser la legalidad y legitimidad a la que hay que agarrase, aunque sea como clavo ardiendo, porque nada más desean los enemigos de España que tirarla abajo para imponer la suya que ya sabemos lo que es.

Teniendo en cuenta que en toda legislación subyace un rango jerárquico en su exposición, es decir, que lo que consta primero es superior a lo que va después, el Artículo 56º dice que el rey “arbitra y modera el buen funcionamiento regular de las instituciones”, lo que unido a que jura cumplir y hacer cumplir la Constitución, le da absoluta potestad y autoridad, al tiempo que obligación y responsabilidad, para actuar y, cual árbitro que es, impedir que nadie, ni si quiera el Gobierno o el Parlamento, opere contra la unidad, integridad territorial, soberanía, independencia, libertad o el ordenamiento constitucional como ha sido el caso. Para cumplir con sus funciones, que sí existen, que son máximas, amplísimas e ineludibles, a pesar de que nos hayan hecho creer lo contrario, está obligado a no sancionar la ley de punto final recién aprobada y llamar a todos a que se retracten de su proceder de inmediato bajo amenaza de cesar al Gobierno, disolver las Cortes y convocar elecciones, con el fin, eso sí, de abrir un periodo de enmienda de la Constitución que suponga el fin del actual sistema partitocratico y la fundación de una democracia nacional de verdad corrigiendo todos los errores cometidos hasta el momento; muchas y muy distintas naciones lo vienen haciendo con la normalidad que ello implica. Con ello, además, no sólo salvaría a España en este tan aciago instante como se encuentra, sino también la libertad, la paz, la convivencia y su propia corona. Que ello le supondrá un choque institucional es evidente, pero para eso está donde está, para cumplir con sus obligaciones aún en las circunstancias más difíciles o más aún sobre todo en ellas; para lo cual contaría sin duda con el apoyo mayoritario del pueblo. Si no lo hace por la excusa, nunca razón, que sea, será responsable ante la historia de la irremisible debacle a la que se dirige España.

Si no lo hiciera, y no lo va a hacer, el Artículo 8º de la Constitución, que además figura en su Título Preliminar, ese en el que el pueblo teóricamente soberano sienta los pilares fundamentales de toda la Carta Magna y señala sus prioridades, siendo por ello superior a todo lo que viene después, encarga a las FFAA directamente, no al rey, ni al presidente del Gobierno, ni al Parlamento, no, a las FFAA, es decir, a los militares, a sus componentes, cuya cabeza es el JEMAD, asistido por los otros tres jefe de Estado Mayor, encarga, digo, “garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”, lo que unido a que también han jurado “guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado”, les obliga, llegado este caso, a actuar en consecuencia. El que tal cosa no sea fácil, ni agradable, así como que conlleve un choque institucional, como en el caso del rey, pues también para eso están, para cumplir con su obligación ineludible si, como es el caso, les ha tocado.

No hacer lo dicho ni por el rey ni por las FFAA será traición; bien que una más de la ya larga lista que acumulan durante las últimas cuatro décadas, porque momentos tan graves como el actual ha habido no pocos, siendo éste consecuencia del incumplimiento de sus respectivas obligaciones por parte de ambos en ellos, teniendo ahora una oportunidad suprema de redimirse.

Lo dicho no supone vulneración del orden constitucional, sino todo lo contrario, su defensa a ultranza, in extremis, plena de legalidad y legitimidad, y obligatoria, cargada con la fuerza que da poseer la razón, aunque por supuesto haya quien no lo vaya a reconocer e incluso a rechazar, pero es que nunca en la vida se puede tener a todos de nuestra parte, lo que no excusa de cumplir con las obligaciones que se asumen, además voluntariamente, y por las que se cobra de nuestros impuestos. Si no se está dispuesto a cumplir con ellas, si no se está dispuesto a darlo todo por la Patria, que en la guerra es la propia vida, después de la de cuantos más enemigos mejor, y en la paz el cargo, el salario y las prebendas, entonces lo único digno y al tiempo obligado es dimitir; aunque mejor hubiera sido no haber asumido nunca el cargo.

Marear la perdiz con recursos a tribunales por demás corruptos, interponerlos a otros extranjeros igual de corrompidos o teledirigidos por quienes nos odian por nuestra historia, andar en cábalas y circunloquios, distraer y confundir aún más si cabe al personal, fingir que se hace sin hacer, pronunciar frases y millones de palabras aparentemente lapidarias pero en realidad vacuas, sólo sirve para hacer reír y disfrutar a quienes nos destruyen.

No es este el peor momento de nuestra penosa historia más contemporánea y actual. Hemos llegado aquí habiendo permitido y aguantado sin rechistar cometer traición tras traición a unos y a otros, soportándola o con nuestros votos o con nuestra estúpida paciencia, dejadez e inhibición. Pero sí que es posible, claro que sí, que esta sea la última oportunidad de impedir el suicidio y destrucción de España tras de lo cual ya no seremos nada. Que nadie se engañe: mientras el rey y/o las FFAA no actúen, no habrá solución, porque el uno y los otros, o mejor sería ambos al unísono, son ultima causa patriae; y es que el pueblo, por sí solo, sin guías, no podrá; y hoy peor aún, porque reducido a la más profunda idiocia, tampoco querrá.


5 respuestas a «Ultima causa patriae»

  1. Lo mejor de la constitución, es el Escudo , -según dicen las lenguas viperinas anticonstitucional- , que está en el encabezado de la misma.

    1. Que descuido tuvieron, al dejarlo. Cuando se menciona que está en las mismas tapas de la encuadernación original, ya no saben por donde salir( las lenguas viperinas/bífidas); y recurren a la burrería irracional/consigna borreguil. Hurtarnos el escudo es algo que tenemos que poner en la cuenta de Calvo Sotelo, ‘el traidor’ de turno, en la línea del de Barajas y demás; pandilla de lacayos masones.

  2. Totalmente de acuerdo con el artículo, don Francisco.
    Ahora bien, ¿ustedes creen que EL INANE va a hacer algo…?
    Lo dudo mucho, la verdad.
    Y sobre las Fuerzas Armadas, ya se ha ocupado y preocupado el régimen bolivariano, tanto de Zapatero como de Sánchez, de irlas descabezando, limitar los ascensos por méritos propios a Teniente Coronel, y todo lo demás, coronel, generales, etc., A DEDO.

  3. El pueblo, o parte de él, podría reaccionar en caso parecido al 2 de mayo. Si de pronto se ve masivamente desposeído de la nacionalidad, que implica prácticamente, casi todo lo demás. Sería una furia ciega, y como tal, pasajera, si no se liderase de alguna manera. Y ahí es donde, ‘los profesionales en la materia’, volverían la división sistemática. Creo que, también a nivel mundial, es lo que temen los amos… pero no porque les vayan a mandar a la hoguera a estas alturas, sino porque les van a hacer perder tiempo y dinero; y como sabemos, desde el 2020 van con apretadas agendas; van con prisas.
    La destrucción de España, les ha sido larga y laboriosa; hoy, trabajada la población con los medios, parece la cosa más que perdida; además se enmarca en un trauma global; pero por otra parte, sabemos, y seguramente saben; que, es en situación desesperada cuando la persona da lo mejor( y lo peor )de si. Y si muchos dan lo mejor de si, cuidadin de nuevo( había una serie alemana que se titulaba: el optimista ).

  4. Si a los que detenta los puestos y poderes del Estado les importara España la décima parte que le importa al autor, no estaríamos donde estamos. El problema es que el compromiso con España de los que están en los poderes del Estado es 0, el único compromiso es con ellos mismos. Venderían a su madre. Por eso no se puede esperar nada bueno de ellos.
    Los militares han sido desactivados despues de 40 años de lavado de cerebro, los han acomplejado y les han inculcado que los políticos mandan lo que sea y ellos obedecen lo que sea, y se lo han creído.
    El Rey por su parte ha demostrado que de «preparao» sólo tiene el apelativo, carece de un mínimo de formación nacional.
    España está sola, España está huérfana, y más de media España está decidida a destruir España. Habría que empezar
    por los medios de manipulacion-, mientras la anti-España los domine en régimen de monopolio esta situación no se revierte. El lavado de cerebro pesa mucho.

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