Un enemigo del Papa

Unas sabandijas o mindundis con letrina en interné me han señalado como «enemigo del Papa», porque un artículo mío, publicado en el diario ABC, ha aparecido recopilado en un libro que recoge texto contrarios a las restricciones decretadas contra la misa tradicional. Como también he escrito sobre este asunto en Misión, sus lectores ya conocen mi opinión al respecto.

Pienso, en efecto, que la Santa Sede, al dificultar la celebración de la misa tradicional, incurre «en una apabullante responsabilidad en la historia del espíritu humano». Es el mismo juicio que, hace cincuenta años, lanzaban más de cincuenta escritores y artistas que solicitaron públicamente a Pablo VI que no cometiera el error de «privar a los seres humanos de formas verbales que han alcanzado su más excelsa manifestación» y servido de inspiración a los más sublimes artistas. Entre los firmantes se encontraban Evelyn Waugh, Graham Greene, W.H. Auden, Robert Graves, Agatha Christie, Iris Murdoch, Yehudi Menuhin, François Mauriac, Jacques Maritain, Giorgio de Chirico, Eugenio Montale, Salvador Quasimodo, Jorge Luis Borges, Salvador de Madariaga, María Zambrano o Andrés Segovia; un elenco en el que se mezclan católicos tradicionales y progresistas, creyentes de otras confesiones, agnósticos y ateos. Pero a nadie se le ocurrió pensar entonces que los firmantes de aquel texto fueran «enemigos del Papa».

¿Qué ha ocurrido en la Iglesia católica para que, cincuenta años después, unas sabandijas o mindundis puedan estigmatizar a un humilde galeote de la pluma como yo, que no hace sino repetir lo mismo que entonces dijeron tantos escritores y artistas eximios? Y, sobre todo, ¿qué ha ocurrido para que los escritores y artistas de nuestro tiempo se hayan despreocupado por completo del destino del destino de la Iglesia, donde en cambio tienen cobijo sabandijas y mindundis que se dedican a estigmatizar a quien osa repetir lo que dijeron algunas de las personalidades más relevantes de la cultura occidental?

Afirmaba Leonardo Castellani que «Pedro representa a Cristo y está en lugar de Cristo; y cuando reconoce, confiesa, profesa y proclama a Cristo, habla con la voz de Dios; pero el mismo Pedro como persona privada, hablando con sus fuerzas naturales y con su entendimiento humano, puede decir y hacer cosas indignas, escandalosas e incluso satánicas», Quien niegue esto es un papólatra descerebrado; o, como jocosamente añade Castellani, alguien que confunde el amor al Papa con el fetichismo africano.

Como es bien sabido, Dante incluyó en el elenco de condenados de su Divina Comedia a Celestino V. Benedicto XV dedicó a Dante una encíclica, In praeclara summorum, en la que reconoce que «arremetió con terrible acrimonia contra los Sumos Pontífices de su tiempo»; para declararlo a continuación el más grande poeta católico de todos los tiempos. Y Pablo Vi, en su motu proprio Altissimi cantus, dedicado también a Dante, repetía la misma idea, reconociendo al autor de la Commedia como el más elevado fruto del genio católico, sin que sus «reprensiones acerbas» a los Papas manchen tal consideración, pues consideraba que lo hacía como «juez y censor» de «vicios lamentables». Desde luego mi pobre pluma vale infinitamente menos que la de Dante, pero mucho más que la de las sabandijas y mindundis que, disfrazados de fetichistas africanos, se dedican a estigmatizar a quien repite lo que hace cincuenta años decían Evelyn Waugh o Graham Greene, W.H. Auden o Jorge Luis Borges, Robert Graves o Jacques Maritain.

¡Pobre Iglesia, donde las sabandijas y los mindundis reparten carnés de amigos y enemigos del Papa!

Para ABC


3 respuestas a «Un enemigo del Papa»

  1. Yo, NO soy enemigo del Papa (Benedicto XVl), sino del profetizado FALSO PROFETA, es decir, del actual USURPADOR de la Silla de Pedro, que es el peor TRAIDOR a Cristo desde Judas Iscariote; y el peor HEREJE, desde Lutero.

    Del IMPÍO Bergoglio, soy ENEMIGO acérrimo. Es más, como el Juicio Final será PÚBLICO, espero que nuestro Señor me permita asisitir al mismo como espectador o, mejor aún, como TESTIGO de la ACUSACIÓN.

  2. Desafortunadamente, para el conjunto de la Humanidad, resulta evidente que la Iglesia Católica, desde hace algunos siglos, ha venido siendo socavada sistemáticamente, tanto por fuerzas exógenas como, lo que resulta tremendamente más dañino y lastimoso, endogenas. Digámoslo claro, el Anticristo fue entronizado en el solio petrino, durante un ritual llevado a cabo en la capilla paulina en 1963 (Marín Malachi, «El último papa»); así mismo, diría un papa, el Concilio Vaticano II: “…el humo de satanas se ha introducido por las rendijas del Vaticano”. He ahí el paulatino demérito de la Iglesia y la falta de vocación y, por consiguiente, templos y seminarios vacíos o cerrados. Por cierto; ¿no resulta extraña la coincidencia entre la vicepresidenta comunista del Gobierno de España con el papa Francisco? A título ilustrativo, de lo expuesto en las líneas precedentes,; véase, por todos: https://m.youtube.com/watch?v=IAgL2xpoKzI

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