Un mundo patético pero reversible

El pilar esencial del ser humano es el principio de la verdad. Sin ella el ser humano se destruye.

Cualquier tipo de operación que se haga contra la verdad es un ataque a la humanidad:

Cualquier redefinición de la verdad clásica, en términos que es la conformidad de las ideas con las cosas, es una rotura de las reglas fundamentales de la vida humana.

Nuestra cultura lleva siglos erosionando, deformando y destruyendo dicho principio. Todas o casi todas las corrientes filosófico-políticas emergentes en el mundo moderno han colaborado en el trayecto de dejar al ser humano a los pies de los caballos.

Ahora psicópatas y sociópatas viven a sus anchas, a todo gozar, una vez que han conseguido que al humano de a pie solo le importe lo que le dicen ellos que le debe importar.

Locke, Hume, Kant, Comte, Popper, etc., pusieron en marcha el dogma anti-real de que el hombre no puede saber la verdad, que no la puede conocer, que no puede acceder a la realidad, que la objetividad es una quimera, y que, por lo tanto, debemos prescindir de la verdad.

Pero lo que dicen que es imposible, es la verdad de verdad, por lo cual tenemos que adoptar otros criterios para redefinirla de un modo más “humano”, más “democrático”, más tolerante, más comprensivo, más dialogante, más posverdadero, más consensuado… Todo muy “razonable”.

La realidad ha cambiado a ser la realidad transformada por el hombre, ya que esta puede ser dominada mucho mejor que la realidad en sí.

La realidad ha sido privada de su existencia independiente con respecto al hombre. Se ha asimilado como una materia prima con la que el hombre puede hacer o decir lo que le interese, siempre bajo una actitud de dominación.

Por otra parte, si el conocimiento individual es imposible y lo que queda es una subjetividad irreal, en el ámbito social lo que queda es una intersubjetividad, una sociedad irreal constituida ella misma como realidad intersubjetiva que sirva como si de la realidad se tratara con respecto al individuo.

Dicha sustitución de realidad por sociedad ha calado hasta en la definición de qué es un delirio: una creencia que se aparte de las creencias comunes de la sociedad. Quien no crea lo que se cree o se aparte de las creencias que estén vigentes en un momento dado, delira y, por lo tanto, está loco.

El liberalismo filosófico, sobre todo en su acepción pragmática, y el marxismo, coinciden plenamente en la negación de la verdad verdadera. En el primer caso porque dicen que una creencia verdadera es la que es útil. En el segundo porque la redefinen de un modo similar aunque insólito:

«La verdad es la acción correcta, que es la que impulsa eficazmente el cambio revolucionario, que no es otra que la que coincide con el interés de la clase proletaria y, como ésta, está representada por el partido comunista, la verdad no es otra cosa que lo que decide dicho partido, el cual ostenta la legítima representación del «Pueblo”»[i] (p. 59)

Ahora bien, el marxismo ha triunfado en todo lo concerniente a una visión (alucinante) del hombre, mientras el liberalismo ha quedado, más bien, para el asunto de la economía de mercado. Es decir, toda nuestra cultura actual está impregnada de marxismo, (no como se suele decir “cultural” en referencia a la escuela de Francfort), sino del marxismo puro y duro, del que acabo de hablar, al que hay que agregar, también, como parte de su núcleo duro, una antropología materialista que destruye a la persona por otro flanco.

Así, en la democracia liberal mandan los más ricos y en la llamada democracia popular mandan los jefes del partido, aunque ya en plena actualidad, ambos poderes se han aliado para destruir al ser humano de forma conjunta y coordinada, constituyendo una nuda democracia.

Como ya expuse hace tiempo en otro artículo titulado Mi verdad, tu verdad, la verdad y la democracia tal como la entendemos son incompatibles, pero no lo digo yo, sino un fidedigno representante del progresismo: Gianni Vattimo. Según él, «la verdad es mala, sobre todo, porque es tiránica»[ii] Por lo tanto, la verdad es incompatible con esa intersubjetividad de la democracia.

Con tal aseveración, representativa del actual régimen, la historia humana ha pasado de creer que la verdad nos hace libres, a que, si hay verdad, no puede haber libertad.

Pero, ¿hay alguien que, en su sano juicio, pueda creer que el hombre puede ser libre prescindiendo de la verdad?

El hombre sin verdad no puede ser libre. Una democracia sin verdad es un régimen falso. Una guerra sin verdad solo puede ser sucia. Una educación sin verdad es corrupción…

Lo que ocurre es que la operación de arrebatar la verdad al ser humano equivale a destruirlo y, parece ser que, de eso, se trata.

Expuse en aquel artículo: «No sé si, quienes niegan el carácter real del principio de la verdad, han caído en la cuenta de que, sin tal principio, la idea misma de conocer algo o a alguien, se torna absurda; que cualquier posibilidad de comunicación entre un ser humano y aquello o aquellos que le  rodean, sería radicalmente imposible; que la propia ciencia sería incapaz de descubrimiento alguno; que entre los enunciados verdaderos y los falsos no habría diferencia alguna…, en fin, que la realidad y la vida se tornarían puras ficciones, y que cualquiera de nosotros viviría en la agónica duda acerca de su cordura y de la de los demás».

Ahora mismo, está en plena vigencia la destrucción de nuestra civilización, especialmente en España y mucha gente se pregunta cómo es que la población no reacciona.

El actual gobierno de la nación española miente, miente y vuelve a mentir, siempre. No hay forma de escuchar de él algo que sea verdadero o que se aproxime a serlo. Es obvio que lo hace para engañar a la población para que ésta le vote y todavía hay millones de españoles que lo hace y lo harán.

¿No será que se ha normalizado la falsedad debido a que ya ha calado en la población el desprecio a la verdad?

Hubo un tiempo en el que si se pillaba a un político mintiendo, era causa suficiente para retirarle de la política ipso facto, ahora, por el contrario, parece haber mucha gente que se ha sumado a la versión marxista y pragmática de la verdad: la verdad es lo que nos proporcione el poder.

Pero es que esto es exactamente la esencia de la psicopatía: su falsedad estructural. La verdad ha sido secuestrada por los psicópatas y sin ella nos tienen sin libertad.

De ahí que, bajo un régimen democrático, tal como ha sido entendido por el valor de lo intersubjetivo anti-objetivo, es decir, por el valor de un sistema que se apoya en la negación de la realidad, el mundo se torna patético.

¿Por qué no hacemos una democracia de verdad, fundada en la verdad y en el bien de la población, de tal forma que sean tales principios los que gobiernen y no sus contrarios?

La siguiente cita podrá inspirar a algunas personas para que lo consideren:

«Millán-Puelles estima que la razón recibe su fundamental impulso del interés por la verdad, interés que define como «el deseo, efectivamente diligente y solícito, de tener conocimientos verdaderos en la acepción de concordantes o conformes con los objetos a los que se refieren. […] la verdad es lo que más satisface a la inteligencia.»[iii]

[i] BARRIO MAESTRE, JOSÉ MARÍA; HOMO CAPAX VERITATIS en: IBÁÑEZ-MARTÍN, JOSÉ A. (COORDINADOR); Realidad e irrealidad. Estudios en homenaje al Profesor Millán-Puelles; RIALP; Madrid, 2001. (BARRIO MAESTRE, JOSÉ MARÍA; HOMO CAPAX VERITATIS)
[ii] VATTIMO, GIANNI ; Adiós a la verdad; trad. de María Teresa D´Meza; Editorial Gedisa, S.A., Barcelona, 2010
[iii] BARRIO MAESTRE, JOSÉ MARÍA; HOMO CAPAX VERITATIS (p. 56)

Para autoriamedinaceli


Una respuesta a «Un mundo patético pero reversible»

  1. «YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA», eso solamente lo puede decir su CREADOR: DIOS.
    Si no encontramos el camino pues vamos a …
    Si no hay verdad en el amor es farsa, si no hay verdad en la justicia es injusticia, si no hay verdad en el Mundo el Mundo es una Mierda, si no hay verdad en … y así hasta mañana.
    Los hijos de Dios aman la verdad y los hijos del Padre de la Mentira aman la mentira.
    Si ya sabemos el camino y la verdad pero al final hay muerte y no Vida, Vida con Dios, Vida Eterna con Dios: pues de haber sabido que no vamos mejor era no haber venido.

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