«Un viaje a Vallecas. En el tren de la muerte», de Juan C. Rubio González

La editorial SND Editores publica un libro que no puede faltar en nuestra biblioteca sobre la memoria de verdad de lo que fue aquel Frente Popular que durante tres años asoló media España con su III República Socialista Soviética Ibérica de tan infausto recuerdo por mucho que ahora intenten lavarle la cara; empeño imposible de lo sucia que la sigue teniendo.

Juan C. Rubio González

El autor de «Un viaje a Vallecas. En el tren de la muerte», Juan C. Rubio González, no dice que cuando en marzo de 2018 el diario ABC publicó un listado de 2.934 reos ejecutados tras la guerra civil, sin mencionar los motivos, su curiosidad por la historia hizo que investigara el porqué de esas ejecuciones. Pues bien, el resultado de dichas investigaciones, sacó a flote a la peor calaña de psicópatas y asesinos de la historia de España, lo que le llevó, según nos informa, a las coincidencias de varios delincuentes sobre un mismo punto: El Pozo del Tío Raimundo en Vallecas.

Los asesinatos de los Trenes de la Muerte, fueron los primeros asesinatos masivos de la guerra civil, aunque nunca han tenido tanta trascendencia como los de Paracuellos del Jarama o las ejecuciones de presos en los barcos prisión.

Los asesinos se sintieron impunes a sabiendas de que un gobierno delincuente como ellos les protegería y nunca se sabría de los hechos, pero la historia es tenaz y siempre deja rastro; máxime en casos como este.

Lo «trenes de la muerte» fueron dos repletos de presos que partieron de Jaén los días 11 y 12 de Agosto de 1936 con destino a la cárcel de Alcalá de Henares, pero que fueron interceptados por grupos de milicianos frentepopulistas, a los cuales se había dado aviso, en un apeadero cercano a Vallecas, canallas que procedieron al asesinato de muchos de los detenidos.

El 11 de Agosto de 1936 fue trasladada la primera expedición que contaba con 322 presos escoltados por 40 o 50 guardias civiles y milicianos frentepopulistas. Fueron llevados en camiones hasta la estación de Espeluy​ donde subieron a un tren,​ llegaron a Madrid al día siguiente. Durante su recorrido, el tren fue recibido por multitudes hostiles por cada estación que pasaba,​ y algunos de los detenidos atacados o amenazados por las masas congregadas en los andenes.​ El tren llegó a la Estación del Mediodía de Madrid sin novedades. Cuando el tren volvió a ponerse en marcha para continuar el viaje, fue detenido por el ferroviario Basilio Villalba Corrales, a la sazón jefe de las milicias ferroviarias frentepopulistas que dirigía en el sector de Atocha.​ Once de los detenidos —principalmente, terratenientes y figuras prominentes de la derecha— fueron sacados del convoy y, tras ser llevados a una tapia situada en las cercanías, asesinados. Los restantes 311 presos llegaron sin mayores dificultades a Alcalá de Henares, donde una tercera parte recibió atención médica para curarles las heridas causadas por las turbas durante el trayecto desde Jaén.​

El segundo tren partió de Jaén a las 23:00 h. del 12 de Agosto con 245 presos escoltados por 50 guardias civiles a las órdenes del alférez Manuel Hormigo Montero.​ Esta vez el tren evitó su paso por Atocha, para evitar que se repitiera lo sucedido el día anterior.​ Cuando el convoy estaba acercándose a la madrileña estación de Santa Catalina-Vallecas, un grupo de milicianos frentepopulistas que habían sido puestos sobre aviso, paró el convoy y desenganchó la locomotora. Tanto el jefe de estación como el oficial que mandaba la dotación de escolta del convoy, hablaron por teléfono con el director general de Seguridad, Manuel Muñoz Martínez. Le informaron del incidente y de que los milicianos habían instalado tres ametralladoras a la altura de El Pozo del Tío Raimundo, y que habían amenazado con disparar a los guardias civiles si no se marchaban.​ Manuel Muñoz, entonces, autorizó a los guardias civiles a retirarse del lugar.​ Tras retirarse las fuerzas de orden, los milicianos comenzaron a ejecutar a gran parte de los presos que transportaba el tren. Fueron asesinadas 193 personas, en grupos de 25. Toda una masacre a sangre fría, con premeditación y alevosía. Hoy dicen que un acto democrático y de lucha por la libertad.

De todo lo dicho, y mucho más, y con pelos y señales, como nunca antes, lo relata con maestría y amenidad el autor de este nuevo éxito de SND Editores.


Una respuesta a ««Un viaje a Vallecas. En el tren de la muerte», de Juan C. Rubio González»

  1. El autor no menciona en su libro al Director General de Seguridad Manuel Muñoz Martínez, sino al ministro de la gobernación, Casares Quiroga y como jefe de la escolta menciona a un tal teniente Palma y no al alférez Hormigo.
    También concreta que el número de asesinados del segundo tren fueron 206 y no 193, por lo demás el artículo es bueno.

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