Una explicación

Yo no sé si en este momento en que en España no se oye más que el estampido de los cañones y el crepitar de los fusiles, vale la pena de que un escritor dé una explicación de sus ideas, que veo que se comentan por ahí sin exactitud.

Yo no soy un escritor sistemático. Mi pensamiento ha sido siempre el intentar ver en lo que es.

Meses antes del advenimiento de la República, a mí me asombraba que la mayoría de escritores y profesores de Madrid, Ortega y Gasset, Unamuno, Azorín, Marañón, etc., no vieran que detrás de la República tenía que venir un intento de revolución social y de comunismo, en parte dirigido por los judíos de Moscú.

A mí me parecía el hecho casi matemático. Yo muchas veces dije a los amigos:

— Si la República burguesa viene, o tendrá que ametrallar a la gente de la calle o tendrá que pacctar con la calle.

A todos los que decía estos me tachaban de pesimista o reaccionario.

Tanto lo creía así, que el día en que se marchó el rey estuve en la Redacción de «Ahora» con un amigo para saber noticias, y los redactores me dijeron.

— Baroja, estamos de enhorabuena. Ya tenemos la República.

Yo no creía que estábamos de enhorabuena, y se lo dije al director:

— Yo pienso lo contrario que ustedes -le indiqué-. Supongo que la República va a ser un desastre, pero como no me parece bien, dimito, porque no puedo engañar. Voy a dejar de escribir en el periódico.

Así lo hice durante algún tiempo.

Al comienzo, Marcelino Domingo, este maestro de escuela pedante, aseguró que iban a imitar a Thiers y a constituir una República conservadora, como Francia después de la guerra del 70. Ni ellos mismos saben lo que han hecho después. Han ido solamente arrastrados por las aguas del río, sin saber a dónde.

Primero, había que hacer Cortes Constituyentes. Todos los políticos deseaban que llegara el momento de brillar, de mostrar su arte de histriones. La gran batalla oratoria terminó con una Constitución ridícula, la número 13 de España. De esa Constitución no se pudo llevar a la práctica absolutamente nada.

La cuestión era lucirse, charlar con luz y taquígrafos, según la medicina de don Antonio Maura.

El parlamentarismo no ha demostrado más, sino que es un buen medio para los arribistas, para los ambiciosos que van a hacer su carrera.

Con la gran batalla política y parlamentaria vino lo que se llamó el enchufe, y vimos a ministros, a subsecretarios y a diputados echándoselas de conquistadores, en automóviles charolados, con cupletistas y camareras, en restaurantes y cabarets, en una cuchipanda continua.

Estos petronios de escalera de servicio no veían el interés del país, sino su éxito, y para obtener el éxito ante el público, cualquier cosa puede venir bien. En España se dice, cuando en las corridas hay muertos y heridos, que hay hule. En un ambiente de sensacionalismo así, es imposible que se haga nada en serio. Se dicen las cosas más absurdas. Así, un concejal socialista de Madrid ha asegurado que la prehistoria es una ciencia reaccionaria. Lo mismo ha podido decir que la geometría es comunista.

Toda esta algarada parlamentaria la ha jaleado la Prensa porque, para ella, las reseñas de los escándalos del Congreso son un ingreso que ocasiona poco gasto.

Después del primer bienio, tuvimos el segundo, tan malo como el primero. Fue la lucha entre el león y la serpiente. El león Lerroux y la serpiente Azaña. ¡Qué león! El león era un viejo tonto, vacuo, con unos cuantos lugares comunes en el cerebro. La serpiente, un ateneísta pedantesco, que manejaba unos cuantos tópicos manidos de literatura francesa.

El león acabó como un presidente de un casino de jugadores de ventaja, en un asunto de tahúres, con un reloj que le regaló un judío holandés y una promesa de unas pesetas que no se las dieron.

La serpiente hizo su nido en el Palacio Real y pensó cambiar las decoraciones, para él poco lujosas y ser algo así como el Rey Sol de la república. ¡Pobre gente! Y todo ha estado a la misma altura. El pueblo se ha sentido mistificado, tomando como reales unas bambalinas de cartón.

Las oficinas de la Reforma Agraria tenían 300 ó 400 empleados con sueldo, y para todos ellos, para recorrer España y estudiarla en el terreno, un automóvil «Ford». Marcelino Domingo no iba nunca a las sesiones de la Reforma Agraria, a la que tenía tanto cariño en público. Quizá tenía que escribir sus magníficos dramas en el Ministerio.

Toda esta decoración falsa, toda esta mentira, que, si no la ha engendrado la República, le ha dado una vida, hace que la gente, creyéndola una gran cosa, se lance a matar y a morir.

El talento de Azaña, el sentido jurídico de Sánchez Román y la democracia del adiposo judaico Ossorio Gallardo, que era gobernador de Barcelona cuando se fusilaba obreros, y la austeridad de Largo Caballero, consejero de Estado de Real Orden, cuando la Dictadura, el republicanismo de Alcalá Zamora, que fue monárquico, y el de Maura, que también fue monárquico, y el comunismo de Valle Inclán, que fue carlista; toda esta serie de bolas, recalentadas por una Prensa de gente mediocre, forma como un absceso y tiene valor para mucha gente del pueblo, que cree que defiende con eso la civilización y el porvenir de España.

Este tumor o este absceso, formado por mentiras, es de desear que lo saje cuanto antes la espada de un militar.

NOTA.- Artículo del autor escrito en Francia y publicado en el «Diario de Navarra» de Pamplona el 1 de Septiembre de 1936.


4 respuestas a «Una explicación»

  1. La «mizquierda» nunca ha profeado simpatías por Pio Baroja…, y visto lo leído, no me extraña.
    Era un hombre que se vestía por los pies, y como buen navarrado -en esto somos idénticos los aragoneses y los navarros-, al pan, pan, y al vino, vino.
    ENHORABUENA POR RECUPERAR ESTE TEXTO, ANTOLÓGICO, que curiosamente -o no tan curiosamente-, ha sido expurgado de sus obras completas, por su sobrino, Julio Caro Baroja.

  2. Pio Baroja tenía los pies en el suelo, hablaba con el pueblo, y sabía realmente lo que pasaba.
    Hoy en día, la mayoría de los escritores, por no decir todos, son auténticos «Narcisos», que viven en un mundo de ilusión y fantasía, y miran a todo el mundo por encima del hombro.
    Y todavía más los polìticos, encerrados en su búrbuja de cristal, y sin pisar las calles ni los mercadillos, los bares cutres de barrio, etc., siempre alejados de la cruda realidad, con los caros coches oficiales que les pagamos, sus escoltas, que también pagamos, los sueldazos que detraen al erario público, que sale de nuestro sudor e impuestos, etc.

  3. Hay un pequeño gran libro de Baroja, que creo es ya casi imposible de encontrar, pues no se ha reeditado, ni siquiera por CARO RAGGIA, la editorial familiar, y que se titula algo así como COMUNISTAS, JUDIOS Y DEMÁS RALEA.
    (El título es muy realista, aunque no cabe duda de que si viviera hoy en día añadiría también a los SEPARATISTAS).

    1. Perdón, el verdadero titulo del libro es:
      COMUNISTAS, JUDÍOS Y DEMÁS RALEA».
      Veo por internet que todavía hay ejemplares a la venta, en librerías de viejo, etc., y algunos a precios muy asequibles.

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