Una filosofía de la historia de España y el “Caballero Cristiano”

Manuel García Morente

Manuel García Morente publicó en 1947 Idea de la Hispanidad, un libro hoy prácticamente olvidado pero que adquiere toda su actualidad a la vista de los acontecimientos varios por los que atraviesa España.

Transcribims parte del artículo “La cuarta teoría política en España: euasianismo e hispanismo”, de José Alsina Calvés publicado por Razón Española nº 214 (2019)

(…) Morente distingue cuatro grandes periodos de la historia de España: el de preparación, el de formación, el de expansión y el de aislamiento.

1) Preparación. Período en que España aún no existe, pero que se van dando una serie de condiciones que van a posibilitar su existencia futura. Con los romanos se define un territorio, Hispania, y con una lengua común, el latí. Pero esta Hispania no es más que una parte de una comunidad política más amplia, el Imperio Romano. Con la monarquía visigótica se da ya una soberanía sobre un territorio (la capa basal, como diría Bueno), y con el rey Recaredo y su conversión del arrianismo al catolicismo, la unidad religiosa; pero faltan aún elementos definidores de la Hispanidad.

2) Formación. Esta etapa corresponde a los ocho siglos de Reconquista, y en ella se van a generar la mayoría de los elementos definidores de la Hispanidad. Aunque existen diversos reinos cristianos (Asturias, León, Castilla, Navarra, Aragón) hay en ellos una conciencia de comunidad que les opone a los “otros”, los musulmanes. Pero también hay conciencia de ser distintos a los francos. Así, los condados catalanes, originados por la Marca Hispánica, y, por tanto, feudatarios de los reyes francos, mantiene con éstos una sorda pugna, que acaba con la ruptura y la incorporación al reino de Aragón. La herejía adopcionista, desarrollada por el catalán Félix de San Sadurní de Tavernolas y por Elipando de Toledo, es un intento de afirmación de una Iglesia Hispana frente a las pretensiones francas. La identificación de la Hispánico con el cristianismo frente al Islam y la pluralidad de reinos (las Españas) se generan, pues, en esta etapa. La unificación de reinos por los reyes Católicos y la culminación de la reconquista cierran esta etapa.

3) Expansión. A partir de 1492 comienza la expansión de la comunidad hispánica. La expansión tiene dos vectores: primero, el de América, y, a partir de Carlos V, el de Europa. España deviene Imperio Universal y, según la terminología de Bueno, “Imperio constructor” frente a Imperios depredadores como el de Inglaterra y el de Holanda. El “Imperio constructor” no se dirige a unos objetivos nacionales y menos aún económicos, sino a la construcción de una forma de vida. En América la obra hispánica no es tener colonias, sino edificar comunidades hispánicas, en las que los indígenas son incorporados sin ningún tipo de discriminación racista. En Europa se intenta mantener la unidad política en torno al Imperio y la unidad católica frente al nacionalismo creciente de los Estados y frente a la Reforma protestante (dos fenómoenos estrechamente relacionados). La larga lucha en Europa acabará agotando humana y económicamente al Imperio, que con Felipe IV y la paz de Westfalia reconocerá su derrota frente a la Modernidad.

4) Aislamiento. A finales del siglo XVII y como consecuencia de su derrota, España deja de estar presente en la historia mundial. La guerra de Sucesión y la entronización de un monarca francés, Felipe V, convierte de hecho a España en satélite de la monarquía francesa. A lo largo del siglo XVIII, los Borbones iniciarán una “modernización” (monarquía absoluta y regalista, ordenación territorial por provincias, expulsión de los jesuitas) absolutamente contraria a las tradiciones hispánicas. El siglo XIX inaugura lo que Ramiro Ledesma Ramos llamó la pugna estéril, entre un tradicionalismo fiel al “ser” de España, pero sin capacidad de proyectarse en el futuro, y un “progresismo” que reniega de la historia de España y es incapaz de desarrollar un ideal nacional de tipo jacobino como el francés. La supuesta “reconciliación”  de Cánovas del Castillo y de la Restauración dará lugar a una política chata y mediocre que se derrumbará como un castillo de naipes en el Desastre del 98, con la pérdida de las últimas posesiones ultramarinas frente a la potencia emergente de Estados Unidos.

(…)

Para Morente, la Hispanidad no es nada material: ni es una raza, ni una sangre, ni un territorio, ni un idioma, sino un estilo común de una infinidad de momentos (…) Para explicar este estilo nos relata la simbolización de una figura ideal a la que llama el Caballero Cristiano (…) es una figura que se forja a lo largo de la historia , y que, a la vez, se manifiesta a lo largo de la misma. Son manifestaciones de esta figura el gesto del general Spínola (…) El caballero de la mano en el pecho (…) el Cid y Don Quijote (…) Guzmán el Bueno y el coronel Moscardó (…).

Morente desarrolla toda una psicología del caballero Cristiano, con sus virtudes y sus defectos. (…)

1) Carácter de Paladín. Los siglos de Reconquista, (…), han impregnado al Caballero Cristiano de religiosidad, pero también del convencimiento de que la vida es lucha para imponer a la realidad circundante una forma buena que por sí misma no tendría. Lo que caracteriza a esta paladín no es solamente su condición de propugnador del bien, sino el método directo con lo que procura.

2) Grandeza contra Mezquindad. Grandeza es el sentimiento de la propia valía, por el cual damos más importancia a lo que somos que a lo que poseemos. Mezquindad es todo lo contrario. Este desprecio por la cosas materiales se ha traducido en la historia d ela Hispanidad por una pobre visión de lo económico. Las riquezas obtenidas de América no se utilizaron en desarrollar el capitalismo, sino en financiar la empresa imperial. El Caballero Cristiano es todo lo contrario del burgués calculador.

3) Arrojo contra timidez. La alta conciencia de sí mismo lleva al Caballero Cristiano a ser valiente y arrojado, con el valor que procede no de la inconsciencia, sino de adhesión a una idea, a una convicción, a una causa.

4) Altivez contra servilismo. La combinación de confianza en sí mismo, grandeza y arrojo se traducen en altivez. Lope de Vega ha retratado de forma magnífica esta altivez en su obra La estrella de Sevilla, donde Busto Tavera se enfrenta al propio rey para defender el honor de su hermana, despreciando las dádivas y privilegios que el monarca le ofrece.

5) Más pálpito que cálculo. El Caballero Cristiano toma sus decisiones por obediencia a los dictados de su voz interior, más que por cálculo de las probabilidades de éxito.

6) Personalidad. El Caballero Cristiano es una personalidad fuerte y da preferencia a las relaciones reales entre personas que a las relaciones formales. Difícilmente obedecerá a quien no tenga madera de jefe, aunque tenga legitimidad legal

7) Culto al Honor. El honor es el reconocimiento en forma exterior y visible de la valía individual interior e invisible. La idea de Honor queda magníficamente expresada en El Alcalde de Zalamea, de Calderón de la Barca: “Al Rey la vida y la hacienda se han de dar, pero el honor es patrimonio del alma, y el alma sólo es de Dios”.

8) Idea de la muerte. Para el Caballero Cristiano la vida es preparación de la muerte. La muerte iguala a todos los hombres, más allá de las convenciones sociales. Así lo expresa Jorge Manrique en las Coplas a la muerte de su padre “nuestras vidas son los ríos, que van a dar en la mar, que es el morir, Allá van los señoríos, prestos a se acabar e consumir”.

(…)

Artículo publicado en el Nº 214 de Razón Española (fundacionbalmes@yahoo.es / 91 457 18 75)

Compartir

2 thoughts on “Una filosofía de la historia de España y el “Caballero Cristiano””

  1. Me encanta ver que lo que únicamente uno ha pensado de forma intuitiva alguien lo ha sistematizado y lo ha descrito cualidad por cualidad.
    Esto es superioridad moral y no la de la izquierda.

Deja un comentario

Su dirección de correo nunca será publicada. Si la indica, podremos contestarle en privado en caso de considerarlo oportuno.*