«Vecinos de sangre», de Pedro Corral

Pedro Corral

Publicado por la Esfera de los Libros, nos llega un trabajo que consideramos esencial no sólo por su pulcritud y solidez, sino también porque en parte rompe con un mito gravoso. Nos referimos a «Vecinos de sangre. Historias de héroes, villanos y víctimas en el Madrid de la Guerra Civil», cuyo autor es Pedro Corral.

Antes de nada decir que Pedro Corral Corral ha sido concejal en el Ayuntamiento de Madrid y ahora diputado en su Asamblea siempre por el Partido Popular, a pesar de lo cual (rara avis en tal partido) se atreve contra la infame «memoria histórica» que hoy, rizando el rizo, además se ha hecho «democrática», ¡hay que joderse! Antes ha publicado «Esto no estaba en mi diccionario de la Guerra Civil», «Con plomo en las alas» y «Los desertores. Los españoles que no quisieron la Guerra Civil». Tiene una columna en OK Diaro sobre estos asuntos.

Su nuevo libro, este que hoy glosamos, va por la cuarta edición, y se lo merece. Trabajo ímprobo el suyo pues el libro está confeccionado tras bucear en los archivos de los miles de procesos y consiguientes declaraciones testimoniales que para dilucidar responsabilidades se llevaron a cabo tras la liberación de Madrid, y más en concret0 fijándose en la actuación del colectivo de los porteros, sobre el cual pesa desde siempre una losa por la práctica al parecer habitual de delaciones que tales empleados desarrollaron mientras la capital estuvo en manos del Frente Popular, que lo fue durante toda la guerra. Y decimos que «al parecer» porque este magnífico trabajo desvela que también entre ellos hubo héroes y no pocos.

El libro de Pedro Corral nos informa de algo que desconocíamos y es que los porteros, por ley de 1934, extensión de otra de 1908, tenían la categoría de «auxiliares de la Policía gubernativa para sus fines de investigación», arma coercitiva que los milicianos frentepopulistas, que no eran la Policía sino chusma canallesca, emplearon para obligar a muchos de ellos a delatar a los que se escondían en las fincas en las que trabajaban. Así, no pocos delataron no por ideología, sino por temer por sus empleos, sus vidas o la de sus familias; ¿comprensible? ¿justificable? El resultado fue que el 61% de los detenidos en el Madrid frentepopulista (rojo) lo fueron por delación de porteros. El 72% de los sumarios en los que declaró el portero acabaron en condena y el 45% en los que el portero declaró a favor del reo… también; datos importantes para comprobar la calidad procesal y garantista de la «justicia» frentepopulista hoy pretendidamente tan de «derecho» y «democrática».

Asimismo, tal gremio también sufrió la represión frentepopulista, calculando el autor en una veintena los porteros fusilados; por cierto, el doble de los que al acabar la guerra lo fueron tras el correspondiente consejo de guerra sumarísimo por sus delaciones, lo cual es también muy significativo.

Y ahora un dato fundamental: en fecha tan temprana como Junio de 1940 el nuevo alcalde de Madrid, Alberto Alcocer, condecoró a 606 porteros con la Medalla de la Fidelidad por su labor de amparo y protección, jugándose la vida, claro, de los que se escondían en sus fincas. Muchos de ellos lo fueron porque los vecinos declararon a su favor en sus procesos. Otros porque los propios a los que protegieron pudieron dar fe al salvar la vida.

El libro relata casos de un lado y de otro sin sucesión de continuidad, de forma amena y al tiempo emocionante. Héroes y villanos, como adelanta el título, se entremezclan sin cesar. El lector se ve atrapado. Se lee del tirón.

De entre esos casos destaca sin duda el del Cap. Néstor Renedo que, al conseguir pasarse al bando nacional, provocó la ira de algún frentepopulista que le conocía, la cual se materializó en el asesinato de su novia (previa violación múltiple), su madre, su hermano y sus dos hermanas, la menor de ellas sordomuda. Los dos principales enjuiciados por tal barbarie fueron condenados a muerte, fusilado uno en 1945 y el otro, tras la conmutación de dicha pena, puesto en libertad en 1951. Sobran comentarios.

Otro dato que aporta el libro es, una vez más, la certeza de que los registros y detenciones no lo fueron ni por azar ni por incontrolados, sino todo lo contrario: sabían a quién buscaban y dónde. También, que el Gobierno frentepopulista, que no republicano como ahora se pretende, amparó la barbarie cuando quiso, sobre todo durante el primer año de guerra, y cuando también quiso la controló; eso sí, en lo que le convino.

Por todo lo dicho, creemos que este trabajo es de lectura obligada, máxime con los tiempos de infamia histórica y democrática que corren y que se van a intensificar.


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