Víctimas del Vaticano II: los católicos estadounidenses (II/II)

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Segunda parte del artículo publicado en la página web de “Michigan en vivo”, titulado: “Los residentes de Michigan abandonan la Iglesia Católica y muchos se apartan de la religión”.

Para la Iglesia del Vaticano II, que apostó todo su legado en proporcionar una “fe más significativa” a las personas, ridiculizando las prácticas preconciliares a las que calificó como simples memorizaciones o repeticiones de doctrina y liturgias arcaicas y obsoletas, esta noticia debe ser un golpe mortal. Su mayor crítica con respecto a la Tradición de que no le “hablaba” ya más al hombre moderno, carecía de sentido para él, y no podía comprenderla, se ha roto en mil pedazos. En su lugar todo lo que hay es un Neomodernismo pusilánime, banal, comprometido, con liturgias estériles, minimalistas, infantiles y condescendientes que han acabado de tal modo con la Fe del “hombre moderno”, que está abandonando el barco en números alarmantes y sin precedentes. Como todos podemos atestiguar, la “fe” que se encuentra, hoy en día, en muchas parroquias no tiene ningún sentido y, por lo tanto, se desecha fácilmente como algo enteramente inútil y que no es más que una pérdida de tiempo.

A efectos de ser significativa para cualquiera, la Fe que se ofrece debe comenzar por tener un sentido, un propósito. Y la Fe Neomodernista carece totalmente de ello. De hecho, no es fe en modo alguno. Esta fe concibe a un dios mítico, que no es justo, ni castiga ningún pecado por grave o atroz que sea; que no realiza ningún milagro sobrenatural real; y que constituye tan solo una representación o una vaga alegoría conceptual, que se utiliza como mascota que contribuye a darle un significado religioso a preocupaciones meramente naturalistas y humanistas. Todas las personas que fueron envenenadas con una “fe” de este género tenían razón en irse. Su único error ha sido no reemplazarla con la Fe verdadera que tal alegoría oscurece. La respuesta a este éxodo no radica en efectuar un intento desesperado por ser “más relevante”, inyectando mayor cantidad del mismo veneno, sino en hacer que las personas tomen consciencia de la verdadera Fe Católica, la cual la mayoría de ellos no han experimentado nunca, a pesar de haber crecido como católicos en la era moderna.

Ahora bien, ¿son los responsables de restaurar la Fe Católica en Michigan conscientes de todo esto? Es triste decirlo, pero la respuesta es no. ¿A qué le atribuyen la culpa del éxodo masivo de la Iglesia? Seguro que ya lo adivinaste: al catolicismo tradicional (también conocido como el propio catolicismo). Una vez que el Vaticano II, de facto, ha hecho de los fieles apostatas, la respuesta de la Arquidiócesis de Detroit ante el éxodo generado por ella misma es escuchar y “darle la bienvenida” a estos apóstatas, diluyendo el Magisterio de la Iglesia, con el fin de apaciguar las recién descubiertas sensibilidades anticatólicas.

Padre Steve Pullis

El Padre Steve Pullis, Director de Evangelización, Catequesis y Colegios de la Arquidiócesis de Detroit declara: “No se trata de impulsar la membrecía o el número” Pullis continúa: “Estamos llevando los corazones a Jesús”

¿Alguna vez, ha notado usted, que cuando los Neocatólicos están confrontados por un descenso estadístico, sin precedentes, nunca se trata de números? ¿Se trata esto, por casualidad, de una disminución preventiva de las expectativas, que el Padre Pullis tan bien conoce cuando está por describir esfuerzos inútiles por estar basados en premisas incorrectas?

Su visión incluye además la promoción de congregaciones para hallar modos de hacer de la misa una experiencia más significativa, mediante una “hospitalidad radical”, un mejor uso de la música, y homilías más dinámicas-

Adicionalmente, (el arzobispo) Vigeron ha prometido “ayuda práctica” para asegurar que los sacerdotes proporcionen un cuidado pastoral empático y prediquen homilías “que vayan donde está la gente y eviten “verdades explosivas” que solo los harían huir.

Todos estos enfoques están respaldados por investigaciones, asegura Gautier, la analista de CARA.

Los sacerdotes pueden “causar un verdadero daño” al alejar a las personas del catolicismo, señala al respecto.

“Toda parroquia que desee atraer gente necesita ahondar en la hospitalidad y hacer que las personas se sientan bienvenidas”, añade Gautier. “Lo que hemos encontrado en la investigación es que la gente está buscando un sentido de pertenencia y sentirse bienvenida en la Iglesia´´.

Arzobispo Vigeron

Sí, efectivamente, usted ha leído esto correctamente. La respuesta ante el éxodo masivo del catolicismo en Michigan radica en evitar “verdades explosivas”, centrarse en una “hospitalidad radical”, “utilizar mejor la música y predicar homilías más dinámicas” y colocar una gran bandera arcoíris en el frente de la Iglesia que diga “Todos están bienvenidos”. En otras palabras, utilizar las tácticas que el protestantismo tradicional ha usado durante los últimos 60 años, a pesar de ser una denominación que ha perdido más miembros que todas las demás.

Asimismo, ¿No hemos ya “mejorado” la música para la juventud? ¿No tenemos misas de rock en la mayor parte de las parroquias? ¿No existen ya sacerdotes danzando alrededor y chillando discursos motivacionales en las misas? ¿No son llamadas actualmente la mayoría de las parroquias “Comunidades Católicas” que “acogerían” incluso a invasores alienígenas de Marte? ¿Acaso alguno de estos “millennials” ha entrado alguna vez en su parroquia local de Novus Ordo, encontrándose con ancianas sonrientes, de cabello corto, trajeadas de pantalón, que allí pasan el tiempo, y le han dicho que se largue y se pierda de vista? ¿Son éstas realmente las razones por las cuales la juventud está dejando la Iglesia en Michigan? Aparentemente, la arquidiócesis así lo considera.

En conclusión, la religión del Vaticano II, como bien se vio obligado a admitir Juan Pablo II al final de su vida, conduce a una apostasía silenciosa. La única diferencia, es que esa apostasía silenciosa se está expresando con voz cada vez más fuerte. En el caso de la pobre Sra. Emmons, la transformación es completa. Habiéndose convertido en una víctima trágica del Vaticano II, ya adentrada en sus 60 años, no cree actualmente en prácticamente ninguna de las enseñanzas morales de la Iglesia acerca de la sexualidad y ha devenido lamentablemente una completa Martin Lutero:

Por años, Emmons y su esposo centraron sus vidas alrededor de la Iglesia Católica de Santa María, en Kalamazoo, en donde sus hijos asistieron a la escuela y su esposo formó parte de la junta directiva del colegio.

«Se trataba de una comunidad cálida, unida y amorosa» comentó Emmons.

Esto cambió radicalmente a finales de los años 90, con el nuevo sacerdote. En efecto, dice Emmons: “Era un hombre joven, pero al estilo de los sacerdotes de los años 50” con ideas rígidas.

Emmons y su esposo buscaron otra parroquia, pero “ellos no parecían tan amigables”. Entre tanto, Emmons comenta: los escándalos de abusos sexuales; el rol de la Iglesia prohibiendo el matrimonio de homosexuales; los esfuerzos por limitar el acceso a anticonceptivos y al aborto; el tratamiento de las mujeres como “ciudadanos de segunda categoría”, todo esto le causó estragos…

Parte el problema, afirma, es la nueva generación de sacerdotes jóvenes, que tienden a ser mucho más conservadores. “Ya no se trata de los años 60, 70 u 80”, cuando los liberales se sentían como en su casa en la Iglesia Católica.

Pero a pesar de toda su desilusión con la Iglesia institucional, Emmons indica que aún ahora encuentra consuelo en los ritos católicos. Está consternada cuando observa que sus hijos han perdido su fe y siente particular tristeza que sus nietos no estén bautizados.

No obstante, ella comprende por qué sus hijos ya no van a misa. Su hijo homosexual dejó de hacerlo luego de que un sacerdote “se expresó de manera rampante acerca del matrimonio de homosexuales”.

Las posturas críticas de la Iglesia son particularmente molestas si se consideran los escándalos de abuso sexual que han socavado la autoridad moral de la Iglesia, dice Emmons, quien además se burla de la idea del celibato y del sacerdocio únicamente masculino que, a su entender, no puede ofrecer una apreciación eficaz sobre el matrimonio y la vida familiar.

No es la relación con Jesús la que ha cambiado, sino su relación con la Iglesia, agrega Emmons: “La gente ahora se da cuenta de que no necesita de un sacerdote para tener una relación con Dios”.

Resumiendo lo antes dicho, está claro que la Sra. Emmons, en el transcurso de las décadas siguientes al Vaticano II, perdió la fe. La única cosa que puede traer de regreso a la Iglesia Católica, a la Sra. Emmons y su familia, es una conversión de alma y corazón que solo es posible merced a la gracia de Dios. El sacerdote de su parroquia diciéndole la verdad con caridad puede ayudarla a conseguir este objetivo. Lo que, sin lugar a dudas, nunca ayudará a la Sra. Emmons a regresar a su fe católica es confirmarla en sus errores, o peor aún, pretender cambiar la Iglesia para que se adapte a sus errores.

En consecuencia, oremos por la Sra. Emmons, su familia y todas las demás víctimas del Concilio Vaticano II, incluidos nosotros mismos para que Dios nos otorgue la fuerza y la sabiduría para saber lo que podemos hacer para ayudar a Su Iglesia y contribuir a la salvación de las almas, en estos tiempos de una crisis sin precedentes.

Parte II de II   Aquí la Parte I

Para The Remnant

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