«Víctimas olvidadas de Stalin», por Nikolai Nikulin (SND Editores) ¡De lectura obligada!

Un libro de lujo, o un lujo de libro, no de otra forma se puede calificar la nueva publicación de SND Editores. Y, por ello, un libro de lectura obligada.

Nikulin (1942)
Carlos Caballero

SND Editores ha hecho un esfuerzo especial, y es que no es para menos. Acaba de publicar «Víctimas olvidadas de Stalin. Recuerdos de guerra de un soldado del Ejército Rojo (1941-1945)», cuyo autor fue Nikolai Nikulin, soldado de dicho ejército durante la II Guerra Mundial, por lo que el autor cuenta en primera persona lo que fue, realmente y desde óptica tan privilegiada como real, aquella guerra y aquel ejército. Además, el libro es un lujo porque SND Editores ha tenido la sensibilidad y acierto de incluir en él un magnífico y pormenorizado prólogo de Carlos Caballero Jurado, máximo experto español sobre aquella contienda, sobre aquel frente ruso y sobre sus múltiples aristas y vicisitudes.

Nikolai Nikulin (1923-2009) fue miembro del Ejército Rojo combatiendo durante toda la guerra mundial tras ser reclutado con tan sólo 17 años para defender Leningrado. Y lo hizo con ardor y valor demostrado no sólo de un buen ruso, sino también de un buen comunista, lo que, a diferencia de tantos otros, no le impidió cerrar los ojos a la terrible y cruda realidad de aquel ejército y ver y comprobar que no era, que no fue, lo que la propaganda del padrecito Stalin difundió de tal forma que incluso llega hasta nuestros días prácticamente incólume.

Valeroso soldado (Orden de la Estrella Roja, Orden de la Guerra Patria de 1ra Clase, Medalla por el Coraje, Medalla por la Defensa de Leningrado, Medalla por la Victoria sobre Alemania en la Gran Guerra Patria 1941-1945, Medalla por la Liberación de Varsovia y la Medalla por la Toma de Berlín), Nikolai Niklin tuvo también el valor de escribir sus recuerdos y plasmarlos sabiendo que decía la verdad y que decirla es siempre peligroso. Y es que casi la totalidad de las memorias de antiguos soldados soviéticos se rinden en un culto descarado a Stalin y a su brutal dictadura, lo que Nikulin no hace ni en lo más mínimo.

Nikulin (1970)

Nikulin da testimonio de que, como siempre ocurre y sigue ocurriendo, las atrocidades cometidas por Stalin y su gobierno –como las de cualquier tirano– requirieron o del consentimiento o de la no resistencia por parte de sus contemporáneos de antes, de durante y de después de la guerra.

Las memorias de Nikolai Nikulin, que no quiso que se publicaran, las escribió en realidad para sí mismo, como purga de su propio pasado. Para intentar dar sentido a toda la violencia y el caos que presenció y en el que participó, y así ganar algo de paz. Nikulin evita siempre dar vaselina a los crímenes cometidos por los soldados soviéticos, arrojando luz sobre la crueldad, la violencia y la desesperación del Ejército Rojo en 1942. No se trata de unas memorias tradicionales. Incluso son oscuras, crueles, pero lo son porque la verdad, máxime aquella terrible verdad, como siempre, lo fue y lo sigue siendo. Sin duda son las mejores memorias del lado soviético jamás escritas. Además, detalla con un realismo ejemplar, la gradual insensibilidad ante la violencia que experimentaron los soldados a medida que la guerra avanzaba.

Nikulin denuncia una y otra vez cómo decenas de miles de hombres eran lanzados al matadero para cumplir órdenes absurdas, dadas por Stalin, y acatadas ciegamente por miles de mandos subordinados. Muestra la incompetencia, la brutalidad, el cinismo, la corrupción, del Ejército Rojo. Denuncia, en suma, que se obtuviera la victoria por el expeditivo método de mandar a la muerte sin contemplaciones a millones de soldados soviéticos. Y también denuncia como ese mismo Ejército Rojo actuó con extraordinaria brutalidad contra los civiles enemigos, en especial contra las mujeres alemanas.  La imagen de un Ejército Rojo que era modelo de virtudes patrióticas y militares se rompe en mil pedazos con el retrato que de él hace Nikulin.

Y ahora el prólogo. El prólogo de Carlos Caballero Jurado es toda una lección magistral de conocimiento profundo de aquella guerra, pero más aún de aquel tan tremendo frente ruso. Con su acreditada solvencia, Caballero Jurado desgrana paso a paso todo lo que hay que saber para poder leer las memorias de Nikulin sacándoles aún mayor fruto. Como un cirujano experto que sabe dónde debe y donde no debe cortar, Caballero Jurado utiliza su saber cuál eficaz bisturí. Con su prólogo, abre para el lector un mundo desconocido que pone a su disposición con el mismo realismo que el autor de las memorias va a hacer después con sus vivencias. El prólogo es imprescindible, de lectura obligada con pausa, disfrutándolo, como lo es todo el libro.

De él, de ese gran prólogo, no nos resistimos a transcribir su final, que es apoteósico:

«Y, sin embargo, estoy absolutamente convencido de que lo afirmado por Nikulin en sus memorias acabará imponiéndose por encima de la propaganda y las medidas represivas. ¿Por qué? Pues por la sencilla razón que es la única visión de los hechos que permite explicar que un ejército hiperpertrechado, que estaba a la espera de la guerra desde décadas atrás, que tenía a su favor todo, desde las distancias geográficas al clima, pagara sin embargo tan elevado tributo de sangre para obtener una victoria que –en última instancia- tampoco se puede decir que sea únicamente suya.
La forma stalinista de hacer la guerra fue un fracaso y un crimen, como lo habían sido la colectivización de las tierras y las purgas político-militares. Nikulín, con tremenda agudeza, señala que sólo el renacer del patriotismo ruso y los colosales errores políticos de los ocupantes alemanes le permitieron a la URSS alzarse con la victoria. Esto ya ha sido afirmado por otros muchísimos autores, desde luego. Pero ningún otro ha denunciado con la claridad de Nikulin cuáles eran las formas de hacer la guerra de Stalin y sus secuaces.
Hay cosas del libro de Nikulin que no comparto, sin embargo. La principal es creer que la barbarie que conformó la manera soviética de hacer la guerra tiene que ver con atavismos de la cultura rusa. Si los crímenes, los errores y los horrores, que han acompañado a la implantación del comunismo se hubieran dado sólo en Rusia, le concedería el beneficio de la duda. Pero allí donde se ha impuesto, gracias a un proceso endógeno, o impuesto desde el exterior por un ejército invasor, da lo mismo que sea en Rusia que en China, que en Cuba o que en Corea del Norte, el comunismo ha tenido siempre los mismos rasgos, los mismos efectos». 

Lo dicho, un lujo de libro desde el prólogo hasta el final, o un libro de lujo. No se lo pierdan.

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