Víctor Pradera fuente de inspiración de Franco

Pradera

Para muchos, en general los no muy entendidos en estos asuntos, es desconocido el hecho de que en buena medida Franco bebió del pensamiento de Víctor Pradera, con quien le unión estrecha amistad, a la hora de reconstruir la España arrasada por la guerra. Para salvar tal desconocimiento, nada mejor que conocer quién fue Pradera y en qué momento histórico entró en relación con Franco.

Víctor Pradera nació en Pamplona en 1872. Jurista, tradicionalista, activo católico, pensador y uno de los máximos exponentes de la esencia católica de España. Tras terminar el bachillerato, estudió en Burdeos. A su regreso estudió en la Universidad de Deusto, pasando después a Madrid donde se licenció como ingeniero de caminos para, a continuación, en 1897, marchar a Tolosa para ocuparse de la dirección de la industria papelera familiar.

Con 26 años, y miembro del partido carlista, Pradera consiguió, con el apoyo del marqués de Elósegui, acta de diputado a Cortes en 1899 por Guipúzcoa, ocupando su escaño hasta 1902. Siguiendo la costumbre carlista de entonces, el 2 de Junio prometió, no juró, su cargo, ni tampoco juró fidelidad ni obediencia a Alfonso XIII ni siquiera “guardar y hacer guardar la Constitución de la Monarquía española”. Por su inteligencia y cualidades oratorias en seguida se convirtió en el portavoz de la minoría tradicionalista.

Carlista por convicción y tradición familiar, Pradera defendió el catolicismo, el foralismo y el legitimismo durante la Restauración, desarrollando un gran interés y preocupación por la solución de los acuciantes problemas sociales de los más necesitados, los obreros, siempre mediante soluciones basadas en la doctrina social de la Iglesia.

Vázquez de Mella

Defendió la causa del pretendiente carlista Carlos VII. Siguiendo a Vázquez de Mella, su mentor, advirtiendo los profundos cambios sociales, los efectos de la industrialización y las nuevas formas de vida, entendió que no bastaba la integridad doctrinal carlista para influir en el devenir de la nación, por lo que abogó por confluir con el parlamentarismo liberal, en la necesidad de adoptar nuevas técnicas de propaganda, en colaborar con la Monarquía alfonsina reinante y en asumir las doctrinas sociales del Papa León XIII. Durante las dos cortas legislaturas en que ejerció como diputado sorprendió y llamó considerablemente la atención incluso de sus adversarios políticos.

Cursó también estudios de Derecho, Filosofía y Teología, ejerciendo la abogacía durante algún tiempo, mientras en lo político seguía la estela de Vázquez de Mella intentando conectar al tradicionalismo carlista con el liberalismo moderado. Polemizó con Francisco Silvela, Fernando Primo de Rivera, Canalejas, Romero Robledo y, más tarde, con Antonio Maura con el que, sin embargo, le unió gran amistad.

Sabino Arana

De nuevo diputado en 1901, ante las aspiraciones autonomistas de Cataluña (protagonizadas por Lerroux y Cambó), así como con las manifiestamente separatistas de Sabino Arana en Vizcaya y la ofensiva anticlerical de los liberales Segismundo Moret, el conde de Romanones y José Canalejas, Pradera abandonó en no poca medida la defensa del legitimismo carlista para centrarse en la defensa del ideario católico y español.

En las elecciones de 1903, Pradera no consiguió acta de diputado. Entre 1903 y 1918, estuvo ausente del Congreso, dedicándose, entre otras actividades, a la intelectual de plasmar buena parte de su pensamiento en lo político y moral.

En 1918 volvió a ser representante jaimista por Pamplona en el Congreso de los Diputados (Cortes). En la breve vida parlamentaria de tal legislatura –acabó en 1919–, Pradera se opuso a las demandas autonómicas de Cataluña y Vascongadas; especialmente duros y agrios fueron sus enfrentamientos con los separatistas vascos Sota y Arana, portavoces del “odio a España”. También se opuso Pradera al gobierno de concentración de Antonio Maura.

Durante la Primera Guerra Mundial defendió la neutralidad española declarando que “la neutralidad es soberanía”; y ello a pesar de que la mayoría de los carlistas eran abiertamente germanófilos.

Entre 1918 y 1919, el tradicionalismo se escindió, separándose la denominada corriente “mellista” dirigida por Vázquez de Mella en la que se integró Pradera, siendo elegido diputado, tomando clara posición en contra del tradicionalismo que ya iba desembocando en el separatismo confluyendo con Arana, situándose Pradera como enemigo acérrimo del separatismo de cualquier clase, también del incipiente catalán. Su radical oposición frente a los pretendidos Estatutos autonómicos de Vascongadas y de Cataluña fue pública y notoriamente activa. De estos instantes viene el odio de los separatistas vascongados, en concreto del PNV, que en definitiva sería lo que años después le costaría la vida como veremos.

En 1918, Víctor Pradera captó en toda su intensidad la amenaza del marxismo en alza, de la dictadura del proletariado recién triunfante en Rusia y de la irremediable marcha hacia la descomposición de los Gobierno de la Monarquía constitucional reinante.

Gral. Primo de Rivera

Llegada la Dictadura de Miguel Primo de Rivera en 1923, Pradera exclamó “¡Gracias a Dios! ¡Ya era hora!”. Para él, este régimen se legitimaba por su evidente “necesidad” política y social, así como por los casi unánimes apoyos recibidos de parte de la “voluntad popular” que incluso le permitieron hacerse con el poder sin derramamiento de sangre ni altercados de ninguna clase. El General convocó a Pradera siete días después del golpe, acogiéndole en calidad de asesor doctrinal para su proyecto regeneracionista, encargándole redactar cuatro memorias: organización natural e histórica de la Nación española; carácter y modo de elección de las Cortes en el nuevo régimen; futura organización de los funcionarios de la administración de Justicia; organización del Gobierno y sus relaciones con las Cortes. No todo lo que en ellas plasmó se llevó a efecto.

En su obra “Dios vuelve y los dioses van. Modernas orientaciones de economía política derivadas de viejos principios” (1923), Pradera enunciaba ya el “Estado nuevo y bueno, adecuado al cumplimiento de los fines nacionales” que debía sustituir al liberal, teniendo como base política los principios católicos, autoritarios y orgánicos; además, diseñaba una idea de economía política orientada según principios corporativos buscando la humanización de la sociedad, planteando como referente el modelo histórico de los Reyes Católicos y un nuevo orden  político sustentado en una monarquía representativa, tradicional y social concebida sobre los pilares de la familia, el municipio, la región y la nación. Como puede verse, lo dicho será fuente de inspiración de Franco para la construcción de ese nuevo Estado tras la contienda civil.

Tras la caída de la dictadura de Primo de Rivera, Pradera se sintió imbuido de un agrio sentimiento de fracaso, quejándose amargamente de la oportunidad perdida, considerando que, pese a los grandes éxitos conseguidos –paz social y pacificación de Marruecos–, Miguel Primo de Rivera no había logrado evitar el descrédito de la “dictadura comisaria” como solución al caos reinante de antes y mucho menos del que se veía venir.

Fue tras el desembarco de Alhucemas en 1927, cuando Pradera tomó contacto personal con Franco, entonces ya General, estableciendo con él una estrecha relación de amistad y continua comunicación en la que intercambiaban informaciones e ideas sobre cómo solucionar los graves problemas de España; especialmente el peligroso avance de la revolución marxista que se extendía por nuestra patria como por toda Europa, cuya realidad ambos conocían en profundidad.

Pradera consideró que la II Republica no era sino una fase revolucionaria más, especialmente por su legislación antirreligiosa y su intervencionismo estatal.

osé Antonio Aguirre
Manuel de Irujo

Fue vocal del Tribunal de Garantías de Navarra entre 1933 y 1936, defendiendo la identidad específica navarra contra las aspiraciones anexionistas de los separatistas del PNV dirigidos entonces por José Antonio Aguirre y Manuel de Irujo.

Junto con el Conde de Rodezno defendió la necesidad de superar el estricto marco territorial vasco-navarro tradicionalista, buscando mayor implantación a nivel nacional y apoyos políticos en sectores hasta ese momento despreciados, convirtiéndose en el ideólogo y principal portavoz de dicha estrategia expansionista.

Tras la Sanjurjada de 1932, la nueva Junta Suprema del carlismo pasó a manos de Oriol, Lamamié de Clairac, Bilbao y del mismo Pradera, apostando por unir a las distintas sensibilidades monárquicas frente a los otros dirigentes políticos del momento también monárquicos pero liberales –Herrera Oria y Gil Robles–, participando en actos con los alfonsinos de Renovación Española. Su posición ante la novedad que supuso la aparición de Falange Española en 1933 fue más positiva que la del carlismo en general.

Tras la revolución de Octubre de 1934, Pradera intensificó su labor en Acción Española. En diciembre de tal año, y junto con Calvo Sotelo, fundaron el Bloque Nacional desarrollando una intensísima campaña de propaganda contra las izquierdas, así como también contra la CEDA de Gil Robles a quien censuraban su ingenuo posibilismo.

Pradera en un mitin

En 1935 publicó El Estado nuevo, su obra capital, muy admirada y tenida en cuenta por Franco durante toda su vida.

Frente a la culminación revolucionaria de la II República, Pradera propuso abiertamente, siguiendo sus propios pasos ya establecidos en “Dios vuelve y los dioses van. Modernas orientaciones de economía política derivadas de viejos principios” en 1923 y en El Estado nuevo de 1935, un nuevo concepto del Estado según el cual éste debía descansar sobre la unidad de todas las fuerzas contrarrevolucionarias, un nuevo régimen destinado a edificar un Estado superior, moral y políticamente, tanto al monárquico constitucional fenecido ya entonces, como al republicano revolucionario. La dictadura militar necesaria para esa construcción y esa “reacción nacional”, sería sólo transitoria al servicio de dicha empresa, evitando así, además, su mayor peligro que para Pradera sería que “terminará por devorarse a sí misma”. Volvemos a ver en lo dicho la esencia del régimen construido por Franco durante su etapa de gobierno.

Frente al ingenuo posibilismo de la democracia-cristiana de Gil Robles y su CEDA, Pradera apoyó decididamente la constitución de un frente nacional contrarrevolucionario de cara a las elecciones de Febrero de 1936. Tras el acceso al poder del Frente Popular en tal mes mediante un monumental pucherazo electoral, Pradera sentenció profético “la República ha culminado. Llega a su final, que para nosotros será horrendo. Ella morirá, víctima de sí misma. ¿A cuántos nos adelantará la hora de la muerte?”.

Pradera apoyó el Alzamiento militar del 18 de Julio, al que, una vez producido, definió como reacción contrarrevolucionaria instauradora de una “monarquía representativa hereditaria”; en sintonía con otros carlistas como el Conde de Rodezno y en no poca medida con el propio Gral. Mola. “¡Que Dios nos ayude!…si fracasamos, nos cortarán el cuello”, dijo al dirigente carlista Tomás Domínguez Arévalo. Poco antes de partir Franco para Canarias en Mayo de 1936 se reunieron ambos, confesándole el General a Pradera que, caso de tener que alzarse “no será para volver a la posición de partida”.

Telesforo Monzón

Fracasado el Alzamiento en Guipúzcoa, donde se encontraba, Pradera fue detenido en San Sebastián por orden expresa del diputado peneuvista Manuel de Irujo, dirigiendo el arresto el también peneuvista Telesforo Monzón, a la sazón “ministro de la Gobernación de Euzkadi”, llevándose a cabo por militantes también del PNV. De nada le valió hacer valer su condición de aforado por ser miembro del Tribunal de Garantías Constitucionales.

Tras unos días en prisión, el 6 de Agosto de 1936 fue fusilado en el cementerio de Polloe de la capital donostiarra. Entre sus últimas frases, según testigos, destacan “Nada importa la suerte que nos toque si la patria se salva” y “Os perdono a todos, como Cristo perdonó en la cruz. Este es el Camino, la Verdad y la Vida. Vosotros me matáis y El me hace inmortal; volveos a Él y os salvaréis” “La única pena que tengo al morir es no ver aún a mi España salvada.” “¡Padre, perdónalos, que no saben lo que hacen!”. Su único hijo fue fusilado al día siguiente.

Si analizamos las breves reseñas que hemos hecho sobre su pensamiento y los pasos dados por Franco en la reconstrucción nacional y durante toda su etapa de gobierno, vemos que el Generalísimo logró llevar a la práctica aquél en toda su extensión, con el éxito que de todo punto de vista logró; mejor homenaje a Pradera de su parte ninguno.


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