ESCUCHAR NOTICIA:Teddy Roosevelt masón
1.- Lección de actualidad de la Historia de la rendición de Santiago de Cuba
Empezaré por las enseñanzas, porque quizá muchos posibles lectores descarten el tema porque “no es de actualidad y queda muy lejos”.
Nada menos cierto: somos lo que somos, en lo peor, como consecuencia directa del siglo XIX. Y aquél fue un siglo declaradamente masónico y en el que los sajones, fundamentalmente, y Francia también, ejercieron sobre nosotros un auténtico “protectorado” por orden de la Masonería y gracias a sus infiltrados. Desde la revolucionaria constitución de 1812, a las secesiones de los Virreinatos americanos, pasando por el Motín de Riego, la también muy trascendente traición de muchos marinos, el abrazo de Morillo y Bolívar, la pantomima masónica de la Batalla de Ayacucho (Ricardo de la Cierva dixit), los cientos de pronunciamientos liberal-progresistas, las desamortizaciones y ventas a capital extranjero, y, finalmente, la Traición del 98.
Traición desde el poder, desde la Jefatura del Estado y el Gobierno, sumada a agresión directa y/o mínimamente disimulada a través de terceros. Y eso, prácticamente calcado, está ocurriendo en nuestros días: Usa utiliza un aliado suyo y una región o vecino nuestro. Hace no tanto ETA-Vascongadas, hoy Marruecos, en connivencia con un Régimen político igualmente liberal-borbónico-corrupto, para hacer el papel de mambises y tagalos que nos hagan una guerra que los yanquis, masones por antonomasia, dirigen y aprovechan como mano ejecutiva de la Plutocracia Mundialista. Ponga también aquí los casos similares que recuerde que han ocurrido a lo largo de la historia en toda la Hispanidad.
Las agresiones anglosajonas-mundialistas continúan.
Por eso es tan importante conocer nuestra muchas veces dramática historia, para no repetirla y sufrirla.
Pasemos ahora a ver las muy extrañas circunstancias que rodearon la Rendición de Santiago de Cuba en estas mismas fechas hace 127 años.
2.- Antecedentes en Santiago de Cuba: Los ataques ingleses en el siglo XVIII a Santiago
Durante la Guerra de la Oreja de Jenkins o del Asiento (1739-1748), el Vicealmirante Edward Vernon, acompañado del General Wenworth, con una muy poderosa escuadra y un ejército de 4.000 hombres, que incluía unos 400 voluntarios de Virginia al mando de Lawrence Washington (hermanastro del luego primer presidente yanqui), realizó muchos ataques en el Caribe. Incluso un primer intento de ocupar Santiago de Cuba en junio de 1740, tras desembarcar en el entonces deshabitado Guantánamo y verse obligado a retirarse a Jamaica por la reacción local y las enfermedades. Tras fracasar estrepitosamente al siguiente año ante Blas de Lezo en Cartagena de Indias (atacada tres veces entre marzo1940 y mayo1941), en julio de 1741 de nuevo Vernon y Wenworth volvieron a Guantánamo con 20 barcos de guerra y 40 transportes (desembarcaron 3.400 soldados, incluidos los restos del regimiento de Washington, que con los auxiliares negros de Jamaica alcanzaban unos 5.000), para conquistar Santiago y Cuba entera, estableciendo una colonia a la que llamaron Cumberland. De nuevo las fuerzas locales (350 soldados, unos 700 de la milicia y muchos voluntarios), el terreno, el calor, las lluvias tropicales y las enfermedades les hicieron reembarcar cinco meses después, cuando los soldados enfermos eran 2.260 (3.445 bajas con los muertos). Fuentes cubanas recogen que incluso hubo una primera “round robin” entre los marinos ingleses para forzar la retirada.
El término “round robin”, que algunos suponen procede del francés (ruban rond, lazo redondo), se refiere al hecho de firmar reclamaciones de forma conjunta y de manera que no se pueda identificar al promotor del escrito, buscando disimular el orden en que fue firmado y la responsabilidad del cabecilla del casi amotinamiento; originalmente se incluía en el documento sus nombres/firmas en forma de círculo no ordenado jerárquicamente. Fue un tipo de petición mancomunada adoptada por marineros ingleses pidiendo a sus jefes, de la cual hay constancia ya en 1731.
Siete años después (1748), al final de la Guerra del Asiento, el almirante Charles Knowles intentó forzar la entrada del puerto con sus más poderosos navíos al frente y, a la media hora, tuvo que retirar el de cabeza a remolque y con grandes destrozos y bajas (100 muertos y 200 heridos solo en los dos primeros barcos). Al día siguiente abortó también el intento de desembarco de 3.000 hombres.
Estos fueron los antecedentes históricos de los ataques ingleses a Santiago de Cuba: imposibilidad de forzar el puerto, ocupación de Guantánamo, y terreno y climatología muy difíciles, que impidieron la progresión por tierra y causaron muchísimas bajas por enfermedad. Esa experiencia la recordaban perfectamente tanto los españoles como los sajones, tanto ingleses como gringos.
Hubo otro antecedente que demuestra, una vez más, los falsos mitos de la “inferioridad española”, de todo tipo, y las “insuperables capacidades” useñas. En 1881, Carlos Finlay, un médico español nacido en Puerto Príncipe (actual Camagüey, Cuba), descubrió que la hembra fecundada del mosquito Aedes aegypti era el agente transmisor de la Fiebre Amarilla, la cual diezmaba a las poblaciones de la isla, y fijó su prevención y tratamiento. Aquel mismo año en Usa su propuesta fue tratada con incredulidad, desdén, y burla. Tras la ocupación yanqui de Cuba sus autoridades le pidieron ayuda, la cual dio, y a la postre le trataron de robarle el descubrimiento. Hasta 1954, en el XIV Congreso Internacional Historia Medicina en Italia, no se reconocieron internacionalmente sus méritos. Pero, a pesar de que fue propuesto siete veces para el Premio Nobel, nunca le fue concedido.
Una anécdota y otros datos: en los años sesenta se comercializó con mucho éxito la española tónica “Finley”, una bebida gaseosa con quinina, un alcaloide procedente del sudamericano árbol de la quina (o Cinchona), un remedio importante en el tratamiento de la fiebre amarilla y la malaria. La fiebre amarilla fue llevada a América por el comercio de esclavos africanos, cosa que ni la leyenda negra se atreve a achacar a España, y producía epidemias que eran una condena de muerte para miles de europeos y nativos americanos, y fue una de las principales excusas utilizada los yanquis para reclamar a España daños y pérdidas comerciales, y la salida de la Isla.
Un aspecto importantísimo a tener en cuenta es que la guerra se resuelve en Santiago porque allí se refugió la Escuadra de Cervera, en contra de las órdenes de ir principalmente a Puerto Rico. Y que permaneció en su puerto ocho semanas, seis de las cuales sin enemigo a la vista y con falsas excusas de no tener carbón, víveres y sin estar bloqueado. Al respecto, es fundamental el testimonio manuscrito de su Ministro de Marina, Ramón Auñón (Luz sobre la Guerra del 98, Sección Novena. Santiago de Cuba; SND, 2023), que pone en evidencia lo anterior. Auñón también desmonta la falacia de Cervera de la falta de carbón para sus calderas, señalando que rechazó la entrada en Santiago de varios carboneros, teniendo carbón de sobra para salir con éxito de Santiago y dirigirse a otro puerto de la isla. Lo mismo hace con el argumento de la falta de víveres, demostrando con datos que había más que de sobra, como lo demuestra que tras la caída de la plaza se vendieron gran cantidad de víveres: “según el corresponsal del ‘Times’ en Santiago, al incautarse los americanos de los almacenes encontraron víveres para cuatro o seis semanas” (El año político 1898, de Ferran Soldevila, Madrid, 1899); y lo confirma el “Voto Reservado del Presidente del Consejo de Guerra en la Causa por la rendición de Santiago”, General Marcelo Azcárra: “… es notorio el deseo de combatir y el buen espíritu de que se hallaba animada la guarnición y cuando aún contaba con un millón de cartuchos mauser y víveres para cerca de 15 días, aparte del ganado de las diversas armas e institutos que podía utilizarse para la alimentación de las tropas”.
Los norteamericanos siguieron en 1898 en el ataque a Santiago casi los mismos pasos que sus primos ingleses y algunos de sus antecesores cien años antes. Teniendo España un moderno, numerosísimo y muy fogueado ejército en Cuba, y habiendo el General Valeriano Weyller dominado prácticamente la insurrección mambí, provocada y sostenida por los yanquis, recordemos, era de esperar que los resultados, al menos en tierra, hubieran sido iguales. No fue así. Veamos el porqué.
Rufus Shafter apenas desembarcado en Cuba, sobre una mula.
3.- Las prisas pacifistas de Sagasta
Los 1.545 bajas norteamericanas frente a El Caney y Las Lomas el 1 de julio fueron 223 muertos (22 oficiales), 1.243 heridos y 79 desaparecidos. Los mambises perdieron unos cien hombres.
El General en Jefe del 5º Cuerpo del US Army, el Major General William Rufus “Pecos Bill” Shafter, “The ignorant”, masón, de 63 años, que sufría gota, tenía extraordinaria gordura (140 kg), y durante el ataque del día 1 de julio permaneció en cama por fiebres tropicales, declinando el mando. También el General de División Joseph Wheeler, su segundo, jefe de la división de caballería desmontada, estuvo en cama hasta el mediodía, siendo sustituido ese tiempo por el General Sumner; y, por la misma causa, el General Samuel B. M. Young por el Coronel Leonard Wood. Más tarde, a la vista de la dura defensa española durante todo un día, de las numerosas bajas que llegaban a retaguardia, y la multitud de enfermos que ya había en sus filas, pidió permiso a su Presidente para retirarse cinco millas, a las posiciones de partida.
Una reveladora información nos la proporcionan los escritos del Capitán de Navío Clark, Comandante del acorazado Oregón (Auñón, Op. Cit., Anexo Clark): “el domingo 3 de julio de 1898, muchos oficiales desalentados se sentaron en la mesa de desayuno de la sala del Oregón, el cual estaba frente a Santiago; porque el oficial de la guardia de la mañana, les había trasladado una noticia de una lancha de prensa que acababa de llamar al barco para informar que el ejército había sufrido grandes pérdidas frente a la ciudad, y que el panorama era muy desalentador”.
Confirma lo anterior que el 3 de julio Theodore Roosevelt (el de los “Rudos Jinetes”), antes de certificarse el fin de la Escuadra de Cervera, escribió al senador Henry Cabot Lodge: “diga al Presidente que, por amor del cielo, nos envíe cada regimiento y, sobre todo, cada batería que sea posible; hasta ahora hemos ganado con un alto coste, pero los españoles luchan muy duramente y estamos muy cerca de un terrible desastre militar; debemos recibir ayuda, miles de hombres, baterías y comida y munición” (Massachussets Historical Society. Collection Online. Letter from T. Roosevelt to Henry Cabot Lodge, 3 july; también HughThomas, en “Cuba. La lucha por la libertad”, Vintage Español, Nueva York, 2013).
Se le denegó, pero solo el mal llamado desastre naval de aquel 3 de julio, en realidad un auto-embarrancamiento de la flota española, tras una buscada lentísima salida a plena luz del día, con grandes intervalos y los destructores en cola, cambió la situación, al hacer realidad la buscada excusa perfecta para decir que habíamos perdido la guerra al perder la Escuadra y teníamos que abandonar las provincias de ultramar. Y, si algún lector se escandaliza, a modo de ejemplo solo hay que recordar que el Capitán de Navío Víctor Concas, Comandante del crucero Teresa, y absolutamente correcto política e historiográficamente, escribió en su libro La escuadra del Almirante Cervera (páginas 109-110; 1901) que votó contra la salida de la Escuadra “porque creía que el Gobierno deseaba que se perdiera la escuadra lo antes posible”.
Tras las victorias defensivas españolas en Las Lomas y El Caney, al no haberse roto el frente el 1 de julio, inexplicablemente (salvo traición) el Capitán General Blanco ordenó la salida de la Escuadra, como si la caída de Santiago fuera inexorable e inminente. No era así, y menos con las enfermedades tropicales y la desmoralización del enemigo, algo que es tan importante señalarlo que disculpa la reiteración. Lo demuestran, como veremos, la “Round Robin Letter” y las citadas comunicaciones de Theodore Roosevelt al Presidente McKinley (masón) por medio de Cabot Lodge.
Nuestros generales sabían, por antecedentes históricos antedichos y sus experiencias en campaña, la carga de enfermedades que imponían el terreno y el clima cubano. Y, en gran medida, conocían las bajas de combate yanquis, además de poder suponer las de por enfermedad en tropas no aclimatadas ni inmunizadas. También sabían con precisión la inminente llegada a Santiago desde Manzanillo de la Columna Escario, 3.500 hombres aclimatados y fogueados, con artillería, ingenieros y apoyos. Un contraataque suyo, y más si se hubiera reforzado con los 1.000 marinos, perfectamente pudo haber dado el vuelco a la campaña, pero no se hizo. Y más contando con el fuego de Santiago y de la Escuadra en su puerto. También, por un terreno mucho más practicable que Sierra Maestra, pudieron haberse mandado refuerzos de Guantánamo y Holguín.
Cervera y parte de sus mandos prisioneros. Faltan los caídos (Villaamil, Bustamante, Eulate) y los peculiares Concas y Díaz Moreu. La Historia no ha hecho justicia con Cervera.
Incluso la mera defensa estática jugaba en contra del atacante sumido en enfermedades a punto de explotar en epidemias. Defensa seguramente innecesaria porque, como dice Auñón (Luz sobre la Guerra del 98, Sección Novena, Santiago de Cuba, Capítulo V. Causa por la rendición de Santiago) “… iba siendo tan crítica la situación del Ejercito enemigo como la describe el General Shafter … en documento oficial, que la posición española era realmente tan fuerte que él no deseaba asaltarla mientras pudiera evitarlo, y que un examen minucioso de las defensas de los españoles hecho después de la rendición acreditaba que las trincheras solo podían tomarse con grandes pérdidas que probablemente no bajarían de 6.000 muertos y heridos”.
La situación posterior al hundimiento de la escuadra, provocada directamente por las órdenes de los Generales Blanco (Capitán General, H.·. Barcelona) y Linares (Jefe del Cuerpo de Ejército de Santiago) respecto a los combates en tierra y mar, a las que no hay otra denominación posible que traición inducida por el Gobierno, tampoco empujaba a la rendición cuasi incondicional. Y eso es lo que trasluce, prácticamente, el claro telegrama de Sagasta a Blanco del 12 de julio, calificado, sarcásticamente, de “lastimera apelación del Primer Ministro Sagasta” por el New York Journal: “La Paz se obtendría hoy en condiciones que serían aceptada y honrosas para el Ejército … Pero una vez que Cuba haya sido rendida por hambre, Manila perdida, parte, sino todo Puerto Rico ocupado, y las ciudades más importantes de nuestro litoral bombardeadas, no será posible pensar en la Paz. … Yo confío que, … usted y sus los generales a sus órdenes, … sabrán responder a la disciplina …y rendirán obediencia a las resoluciones del Gobierno respecto a la paz”.
Entierro caídos en Guerra Hispano-Yanqui
En ese “hoy” de Sagasta, que había sido Gran Maestre de la masonería, grado 33º y de nombre simbólico “Paz”, aún se conservaban íntegramente Filipinas (Manila fue ocupada, por no decir entregada, precisa y llamativamente un día después de la firma del Protocolo de Paz, el 13 de agosto) y Puerto Rico, que todavía no había sido invadido (lo fue el día de Santiago, 25 de julio), y el ejército expedicionario yanqui en Cuba se estaba desmoronando por enfermedad e incompetencia logística.
Al respecto, el Teniente General Pando, Jefe de Estado Mayor de Cuba y que, ¿inexplicablemente? fue enviado en misión reservada a Usa por el General Blanco al estallar la guerra, escribió en su informe de aquella misión que: “Estando (él; redacta el escrito en tercera persona) en los Estados Unidos como testigo presencial y por noticias fidedignas que allí pudo adquirir, tenía la convicción de que de seguir la guerra, a pesar de los triunfos indebidos de los yankees, hubiéramos podido conseguir una paz honrosa.; en los Estados Unidos la opinión (pública) imponía a Mac Kinley la paz a toda costa … la escuadra yankee, aun sin combatir, estaba de momento inutilizada, los barcos por tener que meterlos en carena (debido a los abundantes moluscos de las aguas tropicales adheridos a los cascos), y las grandes piezas fuera de servicio por haber disparado mucho” (Auñón, Op. Cit., Anexo Pando).
El telegrama apareció en el Suplemento del New York Journal del 20 de noviembre de 1898, pero en España no pudo reproducirse hasta el 17 febrero de 1899 por El Correo Gallego (“Documentos Secretos”), fecha en que cesó el “estado de guerra” y, consecuentemente, la censura; un conflicto cuyo tratado de paz se había firmado en París tres meses antes, el 10 de diciembre de 1898. Otro dato más para valorar las cualidades democráticas de aquel Gobierno liberal-progresista del Régimen de la Restauración, que perpretó la Traición del 98.
Pero… aún hay muchos más “peros”. Uno, por ejemplo, es que el mando “interino” de Santiago, General Toral, ante la muy sospechosa baja, por herida de bala en un brazo del Teniente General Linares (Crónicas de Santiago de Cuba, de Emilio Bacardí Moreau, Tomo X, página 17, 1908; y Auñón: Op. Cit. Anexo “Las Honras”), “inexplicablemente” rindió no solo Santiago sino todas las fuerzas a sus órdenes en otras guarniciones, por lo que fue condenado en consejo de guerra … en el que dejó constancia que lo hizo: “… según le dijeron el General en Jefe y el Gobierno en telegrama recibido el día 15” (Luz sobre la Guerra del 98, Sección Novena. Santiago de Cuba, Votos reservados en la causa instruida con motivo de la rendición de Santiago; SND, 2023). Por cierto, ¿cuándo se podrán ver en España y Estados Unidos los documentos aún no desclasificados de aquella guerra?
El lacrimoso telegrama de Sagasta (.·. Paz) imponiendo la rendición
4.- ¿Quién eraTheodore Teddy Roosevelt?
Merece la pena una breve reseña de este personaje, pues fue clave en el tema que nos ocupa. Teddy Roosevelt (1858-1919) era descendiente de una rica familia neoyorquina, lo que, sin duda, le favoreció para que, con 23 años, fuera elegido miembro de la Asamblea del Estado de Nueva York. Puede que también, el que en la universidad hubiera ingresado en peculiares sociedades secretas del tipo Delta Kappa Epsilon fraternity. En abril de 1897 el presidente William McKinley le nombró Secretario Adjunto del Ministerio de Marina (Assistant Secretary of the Navy Department). Fue, por lo tanto, uno de los principales artífices de la declaración de guerra a España, autohundimiento del Maine incluido, y cuando ésta se produjo, dejó el cargo para ponerse al mando de un regimiento de caballería de voluntarios (milicia, luego guardia nacional) como coronel; por cierto, ese regimiento y toda la División de Caballería a la que pertenecía, debido al caos logístico, ¡no tenía caballos!
Era, por lo tanto, un personaje muy influyente ya por entonces, con acceso prácticamente directo a McKinley, y cuyo futuro no estaba sujeto a las restricciones de los militares profesionales.
También era un ser sin escrúpulos. A Henri C. Lodge le escribió enorgulleciéndose: “¿Le dije que maté a un español con mi propia mano?”. Hugh Thomas, en el citado libro, también dio fe de que «un amigo suyo (de Teddy) contó a la Sra. Roosevelt: “… cuando me topé con él (Theodore) el día de la carga … estaba en plena orgía de victoria y de sangre. Acababa de rematar a un oficial español como a un ‘conejo’ cuando se retiraba de un fortín y nos animaba a mirar aquellos “malditos muertos españoles”». Aunque en 1899 escribiera en su libro The Rough Riders: “Aquel día los españoles demostraron ser unos valientes enemigos, dignos de honor por su bizarría”.
Después de la guerra fue Gobernador de Nueva York. En la página web “Enlace Judío” se puede leer que los Rudos Jinetes contaron con muchos soldados judíos. Y que el “jinjoe” Teddy fue muy impulsado por republicanos hebreos en su elección como Gobernador de N.Y. por su participación en la victoria contra España … como venganza por la expulsión en 1492.
El genocidio filipino a manos yanquis. El premio Novel de la Paz
Tras la reelección de McKinley en 1900, fue nombrado por éste 25º Vicepresidente de Usa, momento en el que ingresó oficialmente en la masonería con el 3º grado. Con solo 42 años, y tras el misterioso magnicidio de McKinley (6-IX-1991), que tanto recuerda al de Kennedy, en septiembre de 1901 se convirtió en el 26º Presidente yanqui (1901-09). Hay que considerar al respecto que el genocidio filipino ejecutado por Estados Unidos no terminó en 1902, sino que continuó intermitentemente hasta 1908 e incluso en los años 1913-14, es en gran parte responsabilidad de Roosevelt. Aquella “guerra” ocasionó a los filipinos bastante más de un millón de muertos (J. B. Goodno: The Philippines,1998, y The Filipino genocide, 2005), una sexta parte de la población (se habla de 400.000 “insurrectos” y un millón de civiles “gugus”, término con el que denominaban despectivamente a los filipinos; de una población de nueve millones). Aterradoramente, Theodore Roosevelt ganó el Premio Nobel de la Paz en 1906 (por su mediación en la guerra ruso-japonesa).
Unas muestras significativas de su ideario político son las siguientes frases:
“No me atrevería a decir que los únicos indios buenos son los indios muertos, pero sí nueve de cada diez, y preferiría no tener que investigar muy detenidamente el décimo caso … El cowboy más depravado tiene más altura moral que el indio medio”.
“Como raza en conjunto (los negros), son inferiores a los blancos … y darles derecho a voto rebajaría partes del Sur al nivel de Haití”.
En 1913 dijo tras un viaje a Argentina: “mientras esos países permanezcan católicos seremos incapaces de dominarlos”.
Fue un ferviente sionista que creyó que era absolutamente apropiado construir un estado sionista en torno a Jerusalén.
5.- La “Round Robin Letter”
Inmediatamente después de la rendición de Santiago de Cuba, el 16 de julio, dentro de los mandos de las unidades norteamericanas desembarcadas en Cuba surgió un fuerte movimiento que reclamaba su inmediata vuelta a Estados Unidos ante el gravísimo estado de enfermedad de muchos de sus miembros. Y llegó a un punto tal que rozó la mayoritaria insubordinación.
Según datos useños, 4.270 soldados estaban gravemente enfermos de malaria y fiebre amarilla el 28 de julio en Santiago de Cuba. El Coronel N. Ermalov, observador militar ruso con el ejército expedicionario yanqui, escribió un informe, publicado luego como “Un súbdito del Zar en Cuba” (en 1999) en el que dijo: «La expedición arribó a la bahía de Santiago el 20 de junio (21 buques con 16.286 soldados)… con 82 enfermos de tifus … el primero de agosto tenían ya 5.000 enfermos … Y lo más trágico de todo era que en Estados Unidos, en Washington, nadie conocía la verdad. Además, en el período desde el 14 de julio (recordemos que el mensaje de Sagasta citado fue el día 12) hasta el final de la guerra, los militares de Shafter … a quien apodaban “el ignorante” … comenzaron a perecer rápidamente por esas enfermedades. En agosto llegaron a enfermarse hasta 859 hombres al día. … Sin atención médica, apareció el tifus y se desató como epidemia … Los norteamericanos no sabían cuidar grandes masas de tropas. Ninguna, incluso las más elementales normas para la prevención de enfermedades, en general, y de la fiebre amarilla en particular, fue adoptada en Cuba. Un veterinario fue durante largo tiempo médico del Primer Cuerpo del Ejército de Chickamagua. … Los buques que participaron en la evacuación de enfermos y heridos desde Cuba —‘Séneca’, ‘Corcho’, ‘Hudson’ y otros— estaban por debajo de cualquier crítica… sin agua, ni medicamentos, con ropa de cama sucia y la falta de los más elementales recursos médicos. Un periódico escribió sobre el ‘Séneca’: “Y nuestros buques-hospitales, de los cuales nos jactábamos, no resultaron ser otra cosa que recintos de infección a flote” …. No hubo ninguna esfera de los servicios que fallara tanto en esta guerra como la de los servicios médicos… dos jóvenes doctores gritaron un día: “¡Coronel, esto es horrible! No tenemos nada, ni quinina, ni termómetros. Un herido gime con una bala en un pulmón y se ahoga por el humor y no podemos operarlo porque no tenemos instrumentos” … El suministro (de intendencia) se hizo lenta y desordenadamente… La demora en el suministro de reservas materiales a la tropa tenía por causa la inexperiencia en el servicio de intendencia, el desconocimiento de las tropas de cómo formalizar los pedidos, la sobrecarga de los ferrocarriles, el formalismo, la centralización y el desorden…».
El General Shafter mandó el 1 de agosto a Washington el siguiente estado de bajas por enfermedad:
“total de enfermos, 4.255; total de casos con fiebre 3.164; nuevos casos de fiebre, 653; casos de fiebre dados de alta, 722 (del libro de Russell Alger: The Spanish American War, 1901).
Para no usar más que la “correcta” versión publicada en la Revista General de Marina española (junio de 2021), «Roosevelt (filtró) … una carta a los medios —popularmente conocida como “Round-robin”— ante la negativa que había obtenido de sus mandos en Washington cuando solicitó el regreso a casa de sus soldados enfermos de malaria. Finalmente, todo se resolvió tal y como se había pedido en la carta, de nuevo gracias a la gran corriente mediática a la que fue expuesto el secretario de Guerra de la época. Y como bien dice su descendiente (Brett Elliott Crocier, el Comandante del portaviones “USS Theodore Roosevelt” en primavera de 2020 con ocasión de una “epidemia de Covid” -sic- a bordo), el mundo recuerda a su abuelo y nadie al que fuera secretario, Russell Alger».
El hecho es que, seguramente fue Roosevelt el que influyó y dirigió a otros generales a presentar de nuevo, en forma de Roun Robin, sus desatendidas peticiones e informes a Shafter, acompañada de un escrito de remisión con un resumen explicatorio. Este no los atendió, pero comunicó la situación a Wahsington, donde produjo una airada reacción. Ante ello, probablemente fue de nuevo Roosevelt quien filtró la carta a la prensa. Pero todos estos movimientos determinaron que, al fin, el 28 de julio el Secretario de Guerra Russell A. Alger dispuso la repatriación de la práctica totalidad del ejército norteamericano en Cuba y la construcción en el continente de un lugar de cuarentena para él, Camp Wikoff, Montauk Point, Long Island, N. Y. Apenas habían pasado 10 días desde la rendición. El 3 de agosto, un día antes de que la carta apareciera en la prensa la Round Rovin, se dió formalmente la orden de evacuación y las primeras salidas de Cuba se produjeron cuatro días después.
Se adjunta copia de la Round Robin, procedente del citado libro del Secretario Russell Alexander Alger. Pero, en resumen, y como se publicó más tarde en España (Noticiario Salmantino 148, del 11-VIII-1899), lo que vienen a reconocer los 10 generales y coroneles mandos de brigada o unidad superior es «que su ejército está imposibilitado para dirigirse al interior de la isla, que con su actual equipo no están preparados para desarrollar sus acciones en el interior, y que durante la estación de las lluvias sus bajas serían grandes a causa de las fiebres. En resumen: “O se retira el ejercito o perece”» …
Round Robin y bajas Usa
Y esta situación era prácticamente así desde el mismo combate de Caney-Las Lomas el día 1 de julio, como hemos visto que testimonió Roosevelt.
Las muertes oficiales useñas por enfermedad como consecuencia de campaña de Cuba debieron rondar las 2.500 (unas 260 en Camp Wikoff).
“Confessio partis, probationem eximit”. A confesión de parte, relevo de pruebas.
Queda clara que la Campaña de Cuba, como las de Filipinas y Puerto Rico, fue un combate amañado en el que España, por decisión de su Gobierno y Regencia, jugó el papel del contendiente que se deja ganar. Pulse para escuchar el textoTeddy Roosevelt masón
1.- Lección de actualidad de la Historia de la rendición de Santiago de Cuba
Empezaré por las enseñanzas, porque quizá muchos posibles lectores descarten el tema porque “no es de actualidad y queda muy lejos”.
Nada menos cierto: somos lo que somos, en lo peor, como consecuencia directa del siglo XIX. Y aquél fue un siglo declaradamente masónico y en el que los sajones, fundamentalmente, y Francia también, ejercieron sobre nosotros un auténtico “protectorado” por orden de la Masonería y gracias a sus infiltrados. Desde la revolucionaria constitución de 1812, a las secesiones de los Virreinatos americanos, pasando por el Motín de Riego, la también muy trascendente traición de muchos marinos, el abrazo de Morillo y Bolívar, la pantomima masónica de la Batalla de Ayacucho (Ricardo de la Cierva dixit), los cientos de pronunciamientos liberal-progresistas, las desamortizaciones y ventas a capital extranjero, y, finalmente, la Traición del 98.
Traición desde el poder, desde la Jefatura del Estado y el Gobierno, sumada a agresión directa y/o mínimamente disimulada a través de terceros. Y eso, prácticamente calcado, está ocurriendo en nuestros días: Usa utiliza un aliado suyo y una región o vecino nuestro. Hace no tanto ETA-Vascongadas, hoy Marruecos, en connivencia con un Régimen político igualmente liberal-borbónico-corrupto, para hacer el papel de mambises y tagalos que nos hagan una guerra que los yanquis, masones por antonomasia, dirigen y aprovechan como mano ejecutiva de la Plutocracia Mundialista. Ponga también aquí los casos similares que recuerde que han ocurrido a lo largo de la historia en toda la Hispanidad.
Las agresiones anglosajonas-mundialistas continúan.
Por eso es tan importante conocer nuestra muchas veces dramática historia, para no repetirla y sufrirla.
Pasemos ahora a ver las muy extrañas circunstancias que rodearon la Rendición de Santiago de Cuba en estas mismas fechas hace 127 años.
2.- Antecedentes en Santiago de Cuba: Los ataques ingleses en el siglo XVIII a Santiago
Durante la Guerra de la Oreja de Jenkins o del Asiento (1739-1748), el Vicealmirante Edward Vernon, acompañado del General Wenworth, con una muy poderosa escuadra y un ejército de 4.000 hombres, que incluía unos 400 voluntarios de Virginia al mando de Lawrence Washington (hermanastro del luego primer presidente yanqui), realizó muchos ataques en el Caribe. Incluso un primer intento de ocupar Santiago de Cuba en junio de 1740, tras desembarcar en el entonces deshabitado Guantánamo y verse obligado a retirarse a Jamaica por la reacción local y las enfermedades. Tras fracasar estrepitosamente al siguiente año ante Blas de Lezo en Cartagena de Indias (atacada tres veces entre marzo1940 y mayo1941), en julio de 1741 de nuevo Vernon y Wenworth volvieron a Guantánamo con 20 barcos de guerra y 40 transportes (desembarcaron 3.400 soldados, incluidos los restos del regimiento de Washington, que con los auxiliares negros de Jamaica alcanzaban unos 5.000), para conquistar Santiago y Cuba entera, estableciendo una colonia a la que llamaron Cumberland. De nuevo las fuerzas locales (350 soldados, unos 700 de la milicia y muchos voluntarios), el terreno, el calor, las lluvias tropicales y las enfermedades les hicieron reembarcar cinco meses después, cuando los soldados enfermos eran 2.260 (3.445 bajas con los muertos). Fuentes cubanas recogen que incluso hubo una primera “round robin” entre los marinos ingleses para forzar la retirada.
El término “round robin”, que algunos suponen procede del francés (ruban rond, lazo redondo), se refiere al hecho de firmar reclamaciones de forma conjunta y de manera que no se pueda identificar al promotor del escrito, buscando disimular el orden en que fue firmado y la responsabilidad del cabecilla del casi amotinamiento; originalmente se incluía en el documento sus nombres/firmas en forma de círculo no ordenado jerárquicamente. Fue un tipo de petición mancomunada adoptada por marineros ingleses pidiendo a sus jefes, de la cual hay constancia ya en 1731.
Siete años después (1748), al final de la Guerra del Asiento, el almirante Charles Knowles intentó forzar la entrada del puerto con sus más poderosos navíos al frente y, a la media hora, tuvo que retirar el de cabeza a remolque y con grandes destrozos y bajas (100 muertos y 200 heridos solo en los dos primeros barcos). Al día siguiente abortó también el intento de desembarco de 3.000 hombres.
Estos fueron los antecedentes históricos de los ataques ingleses a Santiago de Cuba: imposibilidad de forzar el puerto, ocupación de Guantánamo, y terreno y climatología muy difíciles, que impidieron la progresión por tierra y causaron muchísimas bajas por enfermedad. Esa experiencia la recordaban perfectamente tanto los españoles como los sajones, tanto ingleses como gringos.
Hubo otro antecedente que demuestra, una vez más, los falsos mitos de la “inferioridad española”, de todo tipo, y las “insuperables capacidades” useñas. En 1881, Carlos Finlay, un médico español nacido en Puerto Príncipe (actual Camagüey, Cuba), descubrió que la hembra fecundada del mosquito Aedes aegypti era el agente transmisor de la Fiebre Amarilla, la cual diezmaba a las poblaciones de la isla, y fijó su prevención y tratamiento. Aquel mismo año en Usa su propuesta fue tratada con incredulidad, desdén, y burla. Tras la ocupación yanqui de Cuba sus autoridades le pidieron ayuda, la cual dio, y a la postre le trataron de robarle el descubrimiento. Hasta 1954, en el XIV Congreso Internacional Historia Medicina en Italia, no se reconocieron internacionalmente sus méritos. Pero, a pesar de que fue propuesto siete veces para el Premio Nobel, nunca le fue concedido.
Una anécdota y otros datos: en los años sesenta se comercializó con mucho éxito la española tónica “Finley”, una bebida gaseosa con quinina, un alcaloide procedente del sudamericano árbol de la quina (o Cinchona), un remedio importante en el tratamiento de la fiebre amarilla y la malaria. La fiebre amarilla fue llevada a América por el comercio de esclavos africanos, cosa que ni la leyenda negra se atreve a achacar a España, y producía epidemias que eran una condena de muerte para miles de europeos y nativos americanos, y fue una de las principales excusas utilizada los yanquis para reclamar a España daños y pérdidas comerciales, y la salida de la Isla.
Un aspecto importantísimo a tener en cuenta es que la guerra se resuelve en Santiago porque allí se refugió la Escuadra de Cervera, en contra de las órdenes de ir principalmente a Puerto Rico. Y que permaneció en su puerto ocho semanas, seis de las cuales sin enemigo a la vista y con falsas excusas de no tener carbón, víveres y sin estar bloqueado. Al respecto, es fundamental el testimonio manuscrito de su Ministro de Marina, Ramón Auñón (Luz sobre la Guerra del 98, Sección Novena. Santiago de Cuba; SND, 2023), que pone en evidencia lo anterior. Auñón también desmonta la falacia de Cervera de la falta de carbón para sus calderas, señalando que rechazó la entrada en Santiago de varios carboneros, teniendo carbón de sobra para salir con éxito de Santiago y dirigirse a otro puerto de la isla. Lo mismo hace con el argumento de la falta de víveres, demostrando con datos que había más que de sobra, como lo demuestra que tras la caída de la plaza se vendieron gran cantidad de víveres: “según el corresponsal del ‘Times’ en Santiago, al incautarse los americanos de los almacenes encontraron víveres para cuatro o seis semanas” (El año político 1898, de Ferran Soldevila, Madrid, 1899); y lo confirma el “Voto Reservado del Presidente del Consejo de Guerra en la Causa por la rendición de Santiago”, General Marcelo Azcárra: “… es notorio el deseo de combatir y el buen espíritu de que se hallaba animada la guarnición y cuando aún contaba con un millón de cartuchos mauser y víveres para cerca de 15 días, aparte del ganado de las diversas armas e institutos que podía utilizarse para la alimentación de las tropas”.
Los norteamericanos siguieron en 1898 en el ataque a Santiago casi los mismos pasos que sus primos ingleses y algunos de sus antecesores cien años antes. Teniendo España un moderno, numerosísimo y muy fogueado ejército en Cuba, y habiendo el General Valeriano Weyller dominado prácticamente la insurrección mambí, provocada y sostenida por los yanquis, recordemos, era de esperar que los resultados, al menos en tierra, hubieran sido iguales. No fue así. Veamos el porqué.
Rufus Shafter apenas desembarcado en Cuba, sobre una mula.
3.- Las prisas pacifistas de Sagasta
Los 1.545 bajas norteamericanas frente a El Caney y Las Lomas el 1 de julio fueron 223 muertos (22 oficiales), 1.243 heridos y 79 desaparecidos. Los mambises perdieron unos cien hombres.
El General en Jefe del 5º Cuerpo del US Army, el Major General William Rufus “Pecos Bill” Shafter, “The ignorant”, masón, de 63 años, que sufría gota, tenía extraordinaria gordura (140 kg), y durante el ataque del día 1 de julio permaneció en cama por fiebres tropicales, declinando el mando. También el General de División Joseph Wheeler, su segundo, jefe de la división de caballería desmontada, estuvo en cama hasta el mediodía, siendo sustituido ese tiempo por el General Sumner; y, por la misma causa, el General Samuel B. M. Young por el Coronel Leonard Wood. Más tarde, a la vista de la dura defensa española durante todo un día, de las numerosas bajas que llegaban a retaguardia, y la multitud de enfermos que ya había en sus filas, pidió permiso a su Presidente para retirarse cinco millas, a las posiciones de partida.
Una reveladora información nos la proporcionan los escritos del Capitán de Navío Clark, Comandante del acorazado Oregón (Auñón, Op. Cit., Anexo Clark): “el domingo 3 de julio de 1898, muchos oficiales desalentados se sentaron en la mesa de desayuno de la sala del Oregón, el cual estaba frente a Santiago; porque el oficial de la guardia de la mañana, les había trasladado una noticia de una lancha de prensa que acababa de llamar al barco para informar que el ejército había sufrido grandes pérdidas frente a la ciudad, y que el panorama era muy desalentador”.
Confirma lo anterior que el 3 de julio Theodore Roosevelt (el de los “Rudos Jinetes”), antes de certificarse el fin de la Escuadra de Cervera, escribió al senador Henry Cabot Lodge: “diga al Presidente que, por amor del cielo, nos envíe cada regimiento y, sobre todo, cada batería que sea posible; hasta ahora hemos ganado con un alto coste, pero los españoles luchan muy duramente y estamos muy cerca de un terrible desastre militar; debemos recibir ayuda, miles de hombres, baterías y comida y munición” (Massachussets Historical Society. Collection Online. Letter from T. Roosevelt to Henry Cabot Lodge, 3 july; también HughThomas, en “Cuba. La lucha por la libertad”, Vintage Español, Nueva York, 2013).
Se le denegó, pero solo el mal llamado desastre naval de aquel 3 de julio, en realidad un auto-embarrancamiento de la flota española, tras una buscada lentísima salida a plena luz del día, con grandes intervalos y los destructores en cola, cambió la situación, al hacer realidad la buscada excusa perfecta para decir que habíamos perdido la guerra al perder la Escuadra y teníamos que abandonar las provincias de ultramar. Y, si algún lector se escandaliza, a modo de ejemplo solo hay que recordar que el Capitán de Navío Víctor Concas, Comandante del crucero Teresa, y absolutamente correcto política e historiográficamente, escribió en su libro La escuadra del Almirante Cervera (páginas 109-110; 1901) que votó contra la salida de la Escuadra “porque creía que el Gobierno deseaba que se perdiera la escuadra lo antes posible”.
Tras las victorias defensivas españolas en Las Lomas y El Caney, al no haberse roto el frente el 1 de julio, inexplicablemente (salvo traición) el Capitán General Blanco ordenó la salida de la Escuadra, como si la caída de Santiago fuera inexorable e inminente. No era así, y menos con las enfermedades tropicales y la desmoralización del enemigo, algo que es tan importante señalarlo que disculpa la reiteración. Lo demuestran, como veremos, la “Round Robin Letter” y las citadas comunicaciones de Theodore Roosevelt al Presidente McKinley (masón) por medio de Cabot Lodge.
Nuestros generales sabían, por antecedentes históricos antedichos y sus experiencias en campaña, la carga de enfermedades que imponían el terreno y el clima cubano. Y, en gran medida, conocían las bajas de combate yanquis, además de poder suponer las de por enfermedad en tropas no aclimatadas ni inmunizadas. También sabían con precisión la inminente llegada a Santiago desde Manzanillo de la Columna Escario, 3.500 hombres aclimatados y fogueados, con artillería, ingenieros y apoyos. Un contraataque suyo, y más si se hubiera reforzado con los 1.000 marinos, perfectamente pudo haber dado el vuelco a la campaña, pero no se hizo. Y más contando con el fuego de Santiago y de la Escuadra en su puerto. También, por un terreno mucho más practicable que Sierra Maestra, pudieron haberse mandado refuerzos de Guantánamo y Holguín.
Cervera y parte de sus mandos prisioneros. Faltan los caídos (Villaamil, Bustamante, Eulate) y los peculiares Concas y Díaz Moreu. La Historia no ha hecho justicia con Cervera.
Incluso la mera defensa estática jugaba en contra del atacante sumido en enfermedades a punto de explotar en epidemias. Defensa seguramente innecesaria porque, como dice Auñón (Luz sobre la Guerra del 98, Sección Novena, Santiago de Cuba, Capítulo V. Causa por la rendición de Santiago) “… iba siendo tan crítica la situación del Ejercito enemigo como la describe el General Shafter … en documento oficial, que la posición española era realmente tan fuerte que él no deseaba asaltarla mientras pudiera evitarlo, y que un examen minucioso de las defensas de los españoles hecho después de la rendición acreditaba que las trincheras solo podían tomarse con grandes pérdidas que probablemente no bajarían de 6.000 muertos y heridos”.
La situación posterior al hundimiento de la escuadra, provocada directamente por las órdenes de los Generales Blanco (Capitán General, H.·. Barcelona) y Linares (Jefe del Cuerpo de Ejército de Santiago) respecto a los combates en tierra y mar, a las que no hay otra denominación posible que traición inducida por el Gobierno, tampoco empujaba a la rendición cuasi incondicional. Y eso es lo que trasluce, prácticamente, el claro telegrama de Sagasta a Blanco del 12 de julio, calificado, sarcásticamente, de “lastimera apelación del Primer Ministro Sagasta” por el New York Journal: “La Paz se obtendría hoy en condiciones que serían aceptada y honrosas para el Ejército … Pero una vez que Cuba haya sido rendida por hambre, Manila perdida, parte, sino todo Puerto Rico ocupado, y las ciudades más importantes de nuestro litoral bombardeadas, no será posible pensar en la Paz. … Yo confío que, … usted y sus los generales a sus órdenes, … sabrán responder a la disciplina …y rendirán obediencia a las resoluciones del Gobierno respecto a la paz”.
Entierro caídos en Guerra Hispano-Yanqui
En ese “hoy” de Sagasta, que había sido Gran Maestre de la masonería, grado 33º y de nombre simbólico “Paz”, aún se conservaban íntegramente Filipinas (Manila fue ocupada, por no decir entregada, precisa y llamativamente un día después de la firma del Protocolo de Paz, el 13 de agosto) y Puerto Rico, que todavía no había sido invadido (lo fue el día de Santiago, 25 de julio), y el ejército expedicionario yanqui en Cuba se estaba desmoronando por enfermedad e incompetencia logística.
Al respecto, el Teniente General Pando, Jefe de Estado Mayor de Cuba y que, ¿inexplicablemente? fue enviado en misión reservada a Usa por el General Blanco al estallar la guerra, escribió en su informe de aquella misión que: “Estando (él; redacta el escrito en tercera persona) en los Estados Unidos como testigo presencial y por noticias fidedignas que allí pudo adquirir, tenía la convicción de que de seguir la guerra, a pesar de los triunfos indebidos de los yankees, hubiéramos podido conseguir una paz honrosa.; en los Estados Unidos la opinión (pública) imponía a Mac Kinley la paz a toda costa … la escuadra yankee, aun sin combatir, estaba de momento inutilizada, los barcos por tener que meterlos en carena (debido a los abundantes moluscos de las aguas tropicales adheridos a los cascos), y las grandes piezas fuera de servicio por haber disparado mucho” (Auñón, Op. Cit., Anexo Pando).
El telegrama apareció en el Suplemento del New York Journal del 20 de noviembre de 1898, pero en España no pudo reproducirse hasta el 17 febrero de 1899 por El Correo Gallego (“Documentos Secretos”), fecha en que cesó el “estado de guerra” y, consecuentemente, la censura; un conflicto cuyo tratado de paz se había firmado en París tres meses antes, el 10 de diciembre de 1898. Otro dato más para valorar las cualidades democráticas de aquel Gobierno liberal-progresista del Régimen de la Restauración, que perpretó la Traición del 98.
Pero… aún hay muchos más “peros”. Uno, por ejemplo, es que el mando “interino” de Santiago, General Toral, ante la muy sospechosa baja, por herida de bala en un brazo del Teniente General Linares (Crónicas de Santiago de Cuba, de Emilio Bacardí Moreau, Tomo X, página 17, 1908; y Auñón: Op. Cit. Anexo “Las Honras”), “inexplicablemente” rindió no solo Santiago sino todas las fuerzas a sus órdenes en otras guarniciones, por lo que fue condenado en consejo de guerra … en el que dejó constancia que lo hizo: “… según le dijeron el General en Jefe y el Gobierno en telegrama recibido el día 15” (Luz sobre la Guerra del 98, Sección Novena. Santiago de Cuba, Votos reservados en la causa instruida con motivo de la rendición de Santiago; SND, 2023). Por cierto, ¿cuándo se podrán ver en España y Estados Unidos los documentos aún no desclasificados de aquella guerra?
El lacrimoso telegrama de Sagasta (.·. Paz) imponiendo la rendición
4.- ¿Quién eraTheodore Teddy Roosevelt?
Merece la pena una breve reseña de este personaje, pues fue clave en el tema que nos ocupa. Teddy Roosevelt (1858-1919) era descendiente de una rica familia neoyorquina, lo que, sin duda, le favoreció para que, con 23 años, fuera elegido miembro de la Asamblea del Estado de Nueva York. Puede que también, el que en la universidad hubiera ingresado en peculiares sociedades secretas del tipo Delta Kappa Epsilon fraternity. En abril de 1897 el presidente William McKinley le nombró Secretario Adjunto del Ministerio de Marina (Assistant Secretary of the Navy Department). Fue, por lo tanto, uno de los principales artífices de la declaración de guerra a España, autohundimiento del Maine incluido, y cuando ésta se produjo, dejó el cargo para ponerse al mando de un regimiento de caballería de voluntarios (milicia, luego guardia nacional) como coronel; por cierto, ese regimiento y toda la División de Caballería a la que pertenecía, debido al caos logístico, ¡no tenía caballos!
Era, por lo tanto, un personaje muy influyente ya por entonces, con acceso prácticamente directo a McKinley, y cuyo futuro no estaba sujeto a las restricciones de los militares profesionales.
También era un ser sin escrúpulos. A Henri C. Lodge le escribió enorgulleciéndose: “¿Le dije que maté a un español con mi propia mano?”. Hugh Thomas, en el citado libro, también dio fe de que «un amigo suyo (de Teddy) contó a la Sra. Roosevelt: “… cuando me topé con él (Theodore) el día de la carga … estaba en plena orgía de victoria y de sangre. Acababa de rematar a un oficial español como a un ‘conejo’ cuando se retiraba de un fortín y nos animaba a mirar aquellos “malditos muertos españoles”». Aunque en 1899 escribiera en su libro The Rough Riders: “Aquel día los españoles demostraron ser unos valientes enemigos, dignos de honor por su bizarría”.
Después de la guerra fue Gobernador de Nueva York. En la página web “Enlace Judío” se puede leer que los Rudos Jinetes contaron con muchos soldados judíos. Y que el “jinjoe” Teddy fue muy impulsado por republicanos hebreos en su elección como Gobernador de N.Y. por su participación en la victoria contra España … como venganza por la expulsión en 1492.
El genocidio filipino a manos yanquis. El premio Novel de la Paz
Tras la reelección de McKinley en 1900, fue nombrado por éste 25º Vicepresidente de Usa, momento en el que ingresó oficialmente en la masonería con el 3º grado. Con solo 42 años, y tras el misterioso magnicidio de McKinley (6-IX-1991), que tanto recuerda al de Kennedy, en septiembre de 1901 se convirtió en el 26º Presidente yanqui (1901-09). Hay que considerar al respecto que el genocidio filipino ejecutado por Estados Unidos no terminó en 1902, sino que continuó intermitentemente hasta 1908 e incluso en los años 1913-14, es en gran parte responsabilidad de Roosevelt. Aquella “guerra” ocasionó a los filipinos bastante más de un millón de muertos (J. B. Goodno: The Philippines,1998, y The Filipino genocide, 2005), una sexta parte de la población (se habla de 400.000 “insurrectos” y un millón de civiles “gugus”, término con el que denominaban despectivamente a los filipinos; de una población de nueve millones). Aterradoramente, Theodore Roosevelt ganó el Premio Nobel de la Paz en 1906 (por su mediación en la guerra ruso-japonesa).
Unas muestras significativas de su ideario político son las siguientes frases:
“No me atrevería a decir que los únicos indios buenos son los indios muertos, pero sí nueve de cada diez, y preferiría no tener que investigar muy detenidamente el décimo caso … El cowboy más depravado tiene más altura moral que el indio medio”.
“Como raza en conjunto (los negros), son inferiores a los blancos … y darles derecho a voto rebajaría partes del Sur al nivel de Haití”.
En 1913 dijo tras un viaje a Argentina: “mientras esos países permanezcan católicos seremos incapaces de dominarlos”.
Fue un ferviente sionista que creyó que era absolutamente apropiado construir un estado sionista en torno a Jerusalén.
5.- La “Round Robin Letter”
Inmediatamente después de la rendición de Santiago de Cuba, el 16 de julio, dentro de los mandos de las unidades norteamericanas desembarcadas en Cuba surgió un fuerte movimiento que reclamaba su inmediata vuelta a Estados Unidos ante el gravísimo estado de enfermedad de muchos de sus miembros. Y llegó a un punto tal que rozó la mayoritaria insubordinación.
Según datos useños, 4.270 soldados estaban gravemente enfermos de malaria y fiebre amarilla el 28 de julio en Santiago de Cuba. El Coronel N. Ermalov, observador militar ruso con el ejército expedicionario yanqui, escribió un informe, publicado luego como “Un súbdito del Zar en Cuba” (en 1999) en el que dijo: «La expedición arribó a la bahía de Santiago el 20 de junio (21 buques con 16.286 soldados)… con 82 enfermos de tifus … el primero de agosto tenían ya 5.000 enfermos … Y lo más trágico de todo era que en Estados Unidos, en Washington, nadie conocía la verdad. Además, en el período desde el 14 de julio (recordemos que el mensaje de Sagasta citado fue el día 12) hasta el final de la guerra, los militares de Shafter … a quien apodaban “el ignorante” … comenzaron a perecer rápidamente por esas enfermedades. En agosto llegaron a enfermarse hasta 859 hombres al día. … Sin atención médica, apareció el tifus y se desató como epidemia … Los norteamericanos no sabían cuidar grandes masas de tropas. Ninguna, incluso las más elementales normas para la prevención de enfermedades, en general, y de la fiebre amarilla en particular, fue adoptada en Cuba. Un veterinario fue durante largo tiempo médico del Primer Cuerpo del Ejército de Chickamagua. … Los buques que participaron en la evacuación de enfermos y heridos desde Cuba —‘Séneca’, ‘Corcho’, ‘Hudson’ y otros— estaban por debajo de cualquier crítica… sin agua, ni medicamentos, con ropa de cama sucia y la falta de los más elementales recursos médicos. Un periódico escribió sobre el ‘Séneca’: “Y nuestros buques-hospitales, de los cuales nos jactábamos, no resultaron ser otra cosa que recintos de infección a flote” …. No hubo ninguna esfera de los servicios que fallara tanto en esta guerra como la de los servicios médicos… dos jóvenes doctores gritaron un día: “¡Coronel, esto es horrible! No tenemos nada, ni quinina, ni termómetros. Un herido gime con una bala en un pulmón y se ahoga por el humor y no podemos operarlo porque no tenemos instrumentos” … El suministro (de intendencia) se hizo lenta y desordenadamente… La demora en el suministro de reservas materiales a la tropa tenía por causa la inexperiencia en el servicio de intendencia, el desconocimiento de las tropas de cómo formalizar los pedidos, la sobrecarga de los ferrocarriles, el formalismo, la centralización y el desorden…».
El General Shafter mandó el 1 de agosto a Washington el siguiente estado de bajas por enfermedad:
“total de enfermos, 4.255; total de casos con fiebre 3.164; nuevos casos de fiebre, 653; casos de fiebre dados de alta, 722 (del libro de Russell Alger: The Spanish American War, 1901).
Para no usar más que la “correcta” versión publicada en la Revista General de Marina española (junio de 2021), «Roosevelt (filtró) … una carta a los medios —popularmente conocida como “Round-robin”— ante la negativa que había obtenido de sus mandos en Washington cuando solicitó el regreso a casa de sus soldados enfermos de malaria. Finalmente, todo se resolvió tal y como se había pedido en la carta, de nuevo gracias a la gran corriente mediática a la que fue expuesto el secretario de Guerra de la época. Y como bien dice su descendiente (Brett Elliott Crocier, el Comandante del portaviones “USS Theodore Roosevelt” en primavera de 2020 con ocasión de una “epidemia de Covid” -sic- a bordo), el mundo recuerda a su abuelo y nadie al que fuera secretario, Russell Alger».
El hecho es que, seguramente fue Roosevelt el que influyó y dirigió a otros generales a presentar de nuevo, en forma de Roun Robin, sus desatendidas peticiones e informes a Shafter, acompañada de un escrito de remisión con un resumen explicatorio. Este no los atendió, pero comunicó la situación a Wahsington, donde produjo una airada reacción. Ante ello, probablemente fue de nuevo Roosevelt quien filtró la carta a la prensa. Pero todos estos movimientos determinaron que, al fin, el 28 de julio el Secretario de Guerra Russell A. Alger dispuso la repatriación de la práctica totalidad del ejército norteamericano en Cuba y la construcción en el continente de un lugar de cuarentena para él, Camp Wikoff, Montauk Point, Long Island, N. Y. Apenas habían pasado 10 días desde la rendición. El 3 de agosto, un día antes de que la carta apareciera en la prensa la Round Rovin, se dió formalmente la orden de evacuación y las primeras salidas de Cuba se produjeron cuatro días después.
Se adjunta copia de la Round Robin, procedente del citado libro del Secretario Russell Alexander Alger. Pero, en resumen, y como se publicó más tarde en España (Noticiario Salmantino 148, del 11-VIII-1899), lo que vienen a reconocer los 10 generales y coroneles mandos de brigada o unidad superior es «que su ejército está imposibilitado para dirigirse al interior de la isla, que con su actual equipo no están preparados para desarrollar sus acciones en el interior, y que durante la estación de las lluvias sus bajas serían grandes a causa de las fiebres. En resumen: “O se retira el ejercito o perece”» …
Round Robin y bajas Usa
Y esta situación era prácticamente así desde el mismo combate de Caney-Las Lomas el día 1 de julio, como hemos visto que testimonió Roosevelt.
Las muertes oficiales useñas por enfermedad como consecuencia de campaña de Cuba debieron rondar las 2.500 (unas 260 en Camp Wikoff).
“Confessio partis, probationem eximit”. A confesión de parte, relevo de pruebas.
Queda clara que la Campaña de Cuba, como las de Filipinas y Puerto Rico, fue un combate amañado en el que España, por decisión de su Gobierno y Regencia, jugó el papel del contendiente que se deja ganar.
Teddy Roosevelt masón
1.- Lección de actualidad de la Historia de la rendición de Santiago de Cuba
Empezaré por las enseñanzas, porque quizá muchos posibles lectores descarten el tema porque “no es de actualidad y queda muy lejos”.
Nada menos cierto: somos lo que somos, en lo peor, como consecuencia directa del siglo XIX. Y aquél fue un siglo declaradamente masónico y en el que los sajones, fundamentalmente, y Francia también, ejercieron sobre nosotros un auténtico “protectorado” por orden de la Masonería y gracias a sus infiltrados. Desde la revolucionaria constitución de 1812, a las secesiones de los Virreinatos americanos, pasando por el Motín de Riego, la también muy trascendente traición de muchos marinos, el abrazo de Morillo y Bolívar, la pantomima masónica de la Batalla de Ayacucho (Ricardo de la Cierva dixit), los cientos de pronunciamientos liberal-progresistas, las desamortizaciones y ventas a capital extranjero, y, finalmente, la Traición del 98.
Traición desde el poder, desde la Jefatura del Estado y el Gobierno, sumada a agresión directa y/o mínimamente disimulada a través de terceros. Y eso, prácticamente calcado, está ocurriendo en nuestros días: Usa utiliza un aliado suyo y una región o vecino nuestro. Hace no tanto ETA-Vascongadas, hoy Marruecos, en connivencia con un Régimen político igualmente liberal-borbónico-corrupto, para hacer el papel de mambises y tagalos que nos hagan una guerra que los yanquis, masones por antonomasia, dirigen y aprovechan como mano ejecutiva de la Plutocracia Mundialista. Ponga también aquí los casos similares que recuerde que han ocurrido a lo largo de la historia en toda la Hispanidad.
Las agresiones anglosajonas-mundialistas continúan.
Por eso es tan importante conocer nuestra muchas veces dramática historia, para no repetirla y sufrirla.
Pasemos ahora a ver las muy extrañas circunstancias que rodearon la Rendición de Santiago de Cuba en estas mismas fechas hace 127 años.
2.- Antecedentes en Santiago de Cuba: Los ataques ingleses en el siglo XVIII a Santiago
Durante la Guerra de la Oreja de Jenkins o del Asiento (1739-1748), el Vicealmirante Edward Vernon, acompañado del General Wenworth, con una muy poderosa escuadra y un ejército de 4.000 hombres, que incluía unos 400 voluntarios de Virginia al mando de Lawrence Washington (hermanastro del luego primer presidente yanqui), realizó muchos ataques en el Caribe. Incluso un primer intento de ocupar Santiago de Cuba en junio de 1740, tras desembarcar en el entonces deshabitado Guantánamo y verse obligado a retirarse a Jamaica por la reacción local y las enfermedades. Tras fracasar estrepitosamente al siguiente año ante Blas de Lezo en Cartagena de Indias (atacada tres veces entre marzo1940 y mayo1941), en julio de 1741 de nuevo Vernon y Wenworth volvieron a Guantánamo con 20 barcos de guerra y 40 transportes (desembarcaron 3.400 soldados, incluidos los restos del regimiento de Washington, que con los auxiliares negros de Jamaica alcanzaban unos 5.000), para conquistar Santiago y Cuba entera, estableciendo una colonia a la que llamaron Cumberland. De nuevo las fuerzas locales (350 soldados, unos 700 de la milicia y muchos voluntarios), el terreno, el calor, las lluvias tropicales y las enfermedades les hicieron reembarcar cinco meses después, cuando los soldados enfermos eran 2.260 (3.445 bajas con los muertos). Fuentes cubanas recogen que incluso hubo una primera “round robin” entre los marinos ingleses para forzar la retirada.
El término “round robin”, que algunos suponen procede del francés (ruban rond, lazo redondo), se refiere al hecho de firmar reclamaciones de forma conjunta y de manera que no se pueda identificar al promotor del escrito, buscando disimular el orden en que fue firmado y la responsabilidad del cabecilla del casi amotinamiento; originalmente se incluía en el documento sus nombres/firmas en forma de círculo no ordenado jerárquicamente. Fue un tipo de petición mancomunada adoptada por marineros ingleses pidiendo a sus jefes, de la cual hay constancia ya en 1731.
Siete años después (1748), al final de la Guerra del Asiento, el almirante Charles Knowles intentó forzar la entrada del puerto con sus más poderosos navíos al frente y, a la media hora, tuvo que retirar el de cabeza a remolque y con grandes destrozos y bajas (100 muertos y 200 heridos solo en los dos primeros barcos). Al día siguiente abortó también el intento de desembarco de 3.000 hombres.
Estos fueron los antecedentes históricos de los ataques ingleses a Santiago de Cuba: imposibilidad de forzar el puerto, ocupación de Guantánamo, y terreno y climatología muy difíciles, que impidieron la progresión por tierra y causaron muchísimas bajas por enfermedad. Esa experiencia la recordaban perfectamente tanto los españoles como los sajones, tanto ingleses como gringos.
Hubo otro antecedente que demuestra, una vez más, los falsos mitos de la “inferioridad española”, de todo tipo, y las “insuperables capacidades” useñas. En 1881, Carlos Finlay, un médico español nacido en Puerto Príncipe (actual Camagüey, Cuba), descubrió que la hembra fecundada del mosquito Aedes aegypti era el agente transmisor de la Fiebre Amarilla, la cual diezmaba a las poblaciones de la isla, y fijó su prevención y tratamiento. Aquel mismo año en Usa su propuesta fue tratada con incredulidad, desdén, y burla. Tras la ocupación yanqui de Cuba sus autoridades le pidieron ayuda, la cual dio, y a la postre le trataron de robarle el descubrimiento. Hasta 1954, en el XIV Congreso Internacional Historia Medicina en Italia, no se reconocieron internacionalmente sus méritos. Pero, a pesar de que fue propuesto siete veces para el Premio Nobel, nunca le fue concedido.
Una anécdota y otros datos: en los años sesenta se comercializó con mucho éxito la española tónica “Finley”, una bebida gaseosa con quinina, un alcaloide procedente del sudamericano árbol de la quina (o Cinchona), un remedio importante en el tratamiento de la fiebre amarilla y la malaria. La fiebre amarilla fue llevada a América por el comercio de esclavos africanos, cosa que ni la leyenda negra se atreve a achacar a España, y producía epidemias que eran una condena de muerte para miles de europeos y nativos americanos, y fue una de las principales excusas utilizada los yanquis para reclamar a España daños y pérdidas comerciales, y la salida de la Isla.
Un aspecto importantísimo a tener en cuenta es que la guerra se resuelve en Santiago porque allí se refugió la Escuadra de Cervera, en contra de las órdenes de ir principalmente a Puerto Rico. Y que permaneció en su puerto ocho semanas, seis de las cuales sin enemigo a la vista y con falsas excusas de no tener carbón, víveres y sin estar bloqueado. Al respecto, es fundamental el testimonio manuscrito de su Ministro de Marina, Ramón Auñón (Luz sobre la Guerra del 98, Sección Novena. Santiago de Cuba; SND, 2023), que pone en evidencia lo anterior. Auñón también desmonta la falacia de Cervera de la falta de carbón para sus calderas, señalando que rechazó la entrada en Santiago de varios carboneros, teniendo carbón de sobra para salir con éxito de Santiago y dirigirse a otro puerto de la isla. Lo mismo hace con el argumento de la falta de víveres, demostrando con datos que había más que de sobra, como lo demuestra que tras la caída de la plaza se vendieron gran cantidad de víveres: “según el corresponsal del ‘Times’ en Santiago, al incautarse los americanos de los almacenes encontraron víveres para cuatro o seis semanas”(El año político 1898, de Ferran Soldevila, Madrid, 1899); y lo confirma el “Voto Reservado del Presidente del Consejo de Guerra en la Causa por la rendición de Santiago”, General Marcelo Azcárra: “…es notorio el deseo de combatir y el buen espíritu de que se hallaba animada la guarnición y cuando aún contaba con un millón de cartuchos mauser y víveres para cerca de 15 días, aparte del ganado de las diversas armas e institutos que podía utilizarse para la alimentación de las tropas”.
Los norteamericanos siguieron en 1898 en el ataque a Santiago casi los mismos pasos que sus primos ingleses y algunos de sus antecesores cien años antes. Teniendo España un moderno, numerosísimo y muy fogueado ejército en Cuba, y habiendo el General Valeriano Weyller dominado prácticamente la insurrección mambí, provocada y sostenida por los yanquis, recordemos, era de esperar que los resultados, al menos en tierra, hubieran sido iguales. No fue así. Veamos el porqué.
Rufus Shafter apenas desembarcado en Cuba, sobre una mula.
3.- Las prisas pacifistas de Sagasta
Los 1.545 bajas norteamericanas frente a El Caney y Las Lomas el 1 de julio fueron 223 muertos (22 oficiales), 1.243 heridos y 79 desaparecidos. Los mambises perdieron unos cien hombres.
El General en Jefe del 5º Cuerpo del US Army, el Major General William Rufus “Pecos Bill” Shafter, “The ignorant”, masón, de 63 años, que sufría gota, tenía extraordinaria gordura (140 kg), y durante el ataque del día 1 de julio permaneció en cama por fiebres tropicales, declinando el mando. También el General de División Joseph Wheeler, su segundo, jefe de la división de caballería desmontada, estuvo en cama hasta el mediodía, siendo sustituido ese tiempo por el General Sumner; y, por la misma causa, el General Samuel B. M.Young por el Coronel Leonard Wood. Más tarde, a la vista de la dura defensa española durante todo un día, de las numerosas bajas que llegaban a retaguardia, y la multitud de enfermos que ya había en sus filas, pidió permiso a su Presidente para retirarse cinco millas, a las posiciones de partida.
Una reveladora información nos la proporcionan los escritos del Capitán de Navío Clark, Comandante del acorazado Oregón (Auñón, Op. Cit., Anexo Clark): “el domingo 3 de julio de 1898, muchos oficiales desalentados se sentaron en la mesa de desayuno de la sala del Oregón, el cual estaba frente a Santiago; porque el oficial de la guardia de la mañana, les había trasladado una noticia de una lancha de prensa que acababa de llamar al barco para informar que el ejército había sufrido grandes pérdidas frente a la ciudad, y que el panorama era muy desalentador”.
Confirma lo anterior que el 3 de julio Theodore Roosevelt (el de los “Rudos Jinetes”), antes de certificarse el fin de la Escuadra de Cervera, escribió al senador Henry Cabot Lodge:“diga al Presidente que, por amor del cielo, nos envíe cada regimiento y, sobre todo, cada batería que sea posible; hasta ahora hemos ganado con un alto coste, pero los españoles luchan muy duramente y estamos muy cerca de un terrible desastre militar; debemos recibir ayuda, miles de hombres, baterías y comida y munición” (Massachussets Historical Society. Collection Online. Letter from T. Roosevelt to Henry Cabot Lodge, 3 july; tambiénHughThomas, en “Cuba. La lucha por la libertad”, Vintage Español, Nueva York, 2013).
Se le denegó, pero solo el mal llamado desastre naval de aquel 3 de julio, en realidad un auto-embarrancamiento de la flota española, tras una buscada lentísima salida a plena luz del día, con grandes intervalos y los destructores en cola, cambió la situación, al hacer realidad la buscada excusa perfecta para decir que habíamos perdido la guerra al perder la Escuadra y teníamos que abandonar las provincias de ultramar. Y, si algún lector se escandaliza, a modo de ejemplo solo hay que recordar que el Capitán de Navío Víctor Concas, Comandante del crucero Teresa, y absolutamente correcto política e historiográficamente, escribió en su libro La escuadra del Almirante Cervera (páginas 109-110; 1901) que votó contra la salida de la Escuadra “porque creía que el Gobierno deseaba que se perdiera la escuadra lo antes posible”.
Tras las victorias defensivas españolas en Las Lomas y El Caney, al no haberse roto el frente el 1 de julio, inexplicablemente (salvo traición) el Capitán General Blanco ordenó la salida de la Escuadra, como si la caída de Santiago fuera inexorable e inminente. No era así, y menos con las enfermedades tropicales y la desmoralización del enemigo, algo que es tan importante señalarlo que disculpa la reiteración. Lo demuestran, como veremos, la “Round Robin Letter” y las citadas comunicaciones de Theodore Roosevelt al Presidente McKinley (masón) por medio de Cabot Lodge.
Nuestros generales sabían, por antecedentes históricos antedichos y sus experiencias en campaña, la carga de enfermedades que imponían el terreno y el clima cubano. Y, en gran medida, conocían las bajas de combate yanquis, además de poder suponer las de por enfermedad en tropas no aclimatadas ni inmunizadas. También sabían con precisión la inminente llegada a Santiago desde Manzanillo de la Columna Escario, 3.500 hombres aclimatados y fogueados, con artillería, ingenieros y apoyos. Un contraataque suyo, y más si se hubiera reforzado con los 1.000 marinos, perfectamente pudo haber dado el vuelco a la campaña, pero no se hizo. Y más contando con el fuego de Santiago y de la Escuadra en su puerto. También, por un terreno mucho más practicable que Sierra Maestra, pudieron haberse mandado refuerzos de Guantánamo y Holguín.
Cervera y parte de sus mandos prisioneros. Faltan los caídos (Villaamil, Bustamante, Eulate) y los peculiares Concas y Díaz Moreu. La Historia no ha hecho justicia con Cervera.
Incluso la mera defensa estática jugaba en contra del atacante sumido en enfermedades a punto de explotar en epidemias. Defensa seguramente innecesaria porque, como dice Auñón (Luz sobre la Guerra del 98, Sección Novena, Santiago de Cuba, Capítulo V. Causa por la rendición de Santiago) “… iba siendo tan crítica la situación del Ejercito enemigo como la describe el General Shafter … en documento oficial, que la posición española era realmente tan fuerte que él no deseaba asaltarla mientras pudiera evitarlo, y que un examen minucioso de las defensas de los españoles hecho después de la rendición acreditaba que las trincheras solo podían tomarse con grandes pérdidas que probablemente no bajarían de 6.000 muertos y heridos”.
La situación posterior al hundimiento de la escuadra, provocada directamente por las órdenes de los Generales Blanco (Capitán General, H.·. Barcelona) y Linares (Jefe del Cuerpo de Ejército de Santiago) respecto a los combates en tierra y mar, a las que no hay otra denominación posible que traición inducida por el Gobierno, tampoco empujaba a la rendición cuasi incondicional. Y eso es lo que trasluce, prácticamente, el claro telegrama de Sagasta a Blanco del 12 de julio, calificado, sarcásticamente, de “lastimera apelación del Primer Ministro Sagasta” por el New York Journal: “La Paz se obtendría hoy en condiciones que serían aceptada y honrosas para el Ejército … Pero una vez que Cuba haya sido rendida por hambre, Manila perdida, parte, sino todo Puerto Rico ocupado, y las ciudades más importantes de nuestro litoral bombardeadas, no será posible pensar en la Paz. … Yo confío que, … usted y sus los generales a sus órdenes, … sabrán responder a la disciplina …y rendirán obediencia a las resoluciones del Gobierno respecto a la paz”.
Entierro caídos en Guerra Hispano-Yanqui
En ese “hoy” de Sagasta, que había sido Gran Maestre de la masonería, grado 33º y de nombre simbólico “Paz”, aún se conservaban íntegramente Filipinas (Manila fue ocupada, por no decir entregada, precisa y llamativamente un día después de la firma del Protocolo de Paz, el 13 de agosto) y Puerto Rico, que todavía no había sido invadido (lo fue el día de Santiago, 25 de julio), y el ejército expedicionario yanqui en Cuba se estaba desmoronando por enfermedad e incompetencia logística.
Al respecto, el Teniente General Pando, Jefe de Estado Mayor de Cuba y que, ¿inexplicablemente? fue enviado en misión reservada a Usa por el General Blanco al estallar la guerra, escribió en su informe de aquella misión que: “Estando (él; redacta el escrito en tercera persona) en los Estados Unidos como testigo presencial y por noticias fidedignas que allí pudo adquirir, tenía la convicción de que de seguir la guerra, a pesar de los triunfos indebidos de los yankees, hubiéramos podido conseguir una paz honrosa.; en los Estados Unidos la opinión (pública) imponía a Mac Kinley la paz a toda costa … la escuadra yankee, aun sin combatir, estaba de momento inutilizada, los barcos por tener que meterlos en carena (debido a los abundantes moluscos de las aguas tropicales adheridos a los cascos), y las grandes piezas fuera de servicio por haber disparado mucho” (Auñón, Op. Cit., Anexo Pando).
El telegrama apareció en el Suplemento del New York Journal del 20 de noviembre de 1898, pero en España no pudo reproducirse hasta el 17 febrero de 1899 porEl Correo Gallego (“Documentos Secretos”), fecha en que cesó el “estado de guerra” y, consecuentemente, la censura; un conflicto cuyo tratado de paz se había firmado en París tres meses antes, el 10 de diciembre de 1898. Otro dato más para valorar las cualidades democráticas de aquel Gobierno liberal-progresista del Régimen de la Restauración, que perpretó la Traición del 98.
Pero… aún hay muchos más “peros”. Uno, por ejemplo, es que el mando “interino” de Santiago, General Toral, ante la muy sospechosa baja, por herida de bala en un brazo del Teniente General Linares (Crónicas de Santiago de Cuba, de Emilio Bacardí Moreau, Tomo X, página 17, 1908; y Auñón: Op. Cit. Anexo “Las Honras”), “inexplicablemente” rindió no solo Santiago sino todas las fuerzas a sus órdenes en otras guarniciones, por lo que fue condenado en consejo de guerra … en el que dejó constancia que lo hizo: “… según le dijeron el General en Jefe y el Gobierno en telegrama recibido el día 15”(Luz sobre la Guerra del 98, Sección Novena. Santiago de Cuba, Votos reservados en la causa instruida con motivo de la rendición de Santiago; SND, 2023). Por cierto, ¿cuándo se podrán ver en España y Estados Unidos los documentos aún no desclasificados de aquella guerra?
El lacrimoso telegrama de Sagasta (.·. Paz) imponiendo la rendición
4.- ¿Quién eraTheodore Teddy Roosevelt?
Merece la pena una breve reseña de este personaje, pues fue clave en el tema que nos ocupa. Teddy Roosevelt (1858-1919) era descendiente de una rica familia neoyorquina, lo que, sin duda, le favoreció para que, con 23 años, fuera elegido miembro de la Asamblea del Estado de Nueva York. Puede que también, el que en la universidad hubiera ingresado en peculiares sociedades secretas del tipo Delta Kappa Epsilon fraternity. En abril de 1897 el presidente William McKinley le nombró Secretario Adjunto del Ministerio de Marina (Assistant Secretary of the Navy Department). Fue, por lo tanto, uno de los principales artífices de la declaración de guerra a España, autohundimiento del Maine incluido, y cuando ésta se produjo, dejó el cargo para ponerse al mando de un regimiento de caballería de voluntarios (milicia, luego guardia nacional) como coronel; por cierto, ese regimiento y toda la División de Caballería a la que pertenecía, debido al caos logístico, ¡no tenía caballos!
Era, por lo tanto, un personaje muy influyente ya por entonces, con acceso prácticamente directo a McKinley, y cuyo futuro no estaba sujeto a las restricciones de los militares profesionales.
También era un ser sin escrúpulos. A Henri C. Lodge le escribió enorgulleciéndose: “¿Le dije que maté a un español con mi propia mano?”. Hugh Thomas, en el citado libro, también dio fe de que «un amigo suyo (de Teddy) contó a la Sra. Roosevelt: “… cuando me topé con él (Theodore) el día de la carga … estaba en plena orgía de victoria y de sangre. Acababa de rematar a un oficial español como a un ‘conejo’ cuando se retiraba de un fortín y nos animaba a mirar aquellos “malditos muertos españoles”». Aunque en 1899 escribiera en su libro The Rough Riders: “Aquel día los españoles demostraron ser unos valientes enemigos, dignos de honor por su bizarría”.
Después de la guerra fue Gobernador de Nueva York. En la página web “Enlace Judío” se puede leer que los Rudos Jinetes contaron con muchos soldados judíos. Y que el “jinjoe” Teddy fue muy impulsado por republicanos hebreos en su elección como Gobernador de N.Y. por su participación en la victoria contra España … como venganza por la expulsión en 1492.
El genocidio filipino a manos yanquis. El premio Novel de la Paz
Tras la reelección de McKinley en 1900, fue nombrado por éste 25º Vicepresidente de Usa, momento en el que ingresó oficialmente en la masonería con el 3º grado. Con solo 42 años, y tras el misterioso magnicidio de McKinley (6-IX-1991), que tanto recuerda al de Kennedy, en septiembre de 1901 se convirtió en el 26º Presidente yanqui (1901-09). Hay que considerar al respecto que el genocidio filipino ejecutado por Estados Unidos no terminó en 1902, sino que continuó intermitentemente hasta 1908 e incluso en los años 1913-14, es en gran parte responsabilidad de Roosevelt. Aquella “guerra” ocasionó a los filipinos bastante más de un millón de muertos(J. B. Goodno: The Philippines,1998, y The Filipino genocide, 2005), una sexta parte de la población (se habla de 400.000 “insurrectos” y un millón de civiles“gugus”, término con el que denominaban despectivamente a los filipinos; de una población de nueve millones). Aterradoramente, Theodore Roosevelt ganó el Premio Nobel de la Paz en 1906 (por su mediación en la guerra ruso-japonesa).
Unas muestras significativas de su ideario político son las siguientes frases:
“No me atrevería a decir que los únicos indios buenos son los indios muertos, pero sí nueve de cada diez, y preferiría no tener que investigar muy detenidamente el décimo caso … El cowboy más depravado tiene más altura moral que el indio medio”.
“Como raza en conjunto (los negros), son inferiores a los blancos … y darles derecho a voto rebajaría partes del Sur al nivel de Haití”.
En 1913 dijo tras un viaje a Argentina:“mientras esos países permanezcan católicos seremos incapaces de dominarlos”.
Fue un ferviente sionista que creyó que era absolutamente apropiado construir un estado sionista en torno a Jerusalén.
Inmediatamente después de la rendición de Santiago de Cuba, el 16 de julio, dentro de los mandos de las unidades norteamericanas desembarcadas en Cuba surgió un fuerte movimiento que reclamaba su inmediata vuelta a Estados Unidos ante el gravísimo estado de enfermedad de muchos de sus miembros. Y llegó a un punto tal que rozó la mayoritaria insubordinación.
Según datos useños, 4.270 soldados estaban gravementeenfermos de malaria y fiebre amarilla el 28 de julio en Santiago de Cuba. El Coronel N. Ermalov, observador militar ruso con el ejército expedicionario yanqui, escribió un informe, publicado luego como “Un súbdito del Zar en Cuba” (en 1999) en el que dijo: «La expedición arribó a la bahía de Santiago el 20 de junio (21 buques con 16.286 soldados)… con 82 enfermos de tifus … el primero de agosto tenían ya 5.000 enfermos … Y lo más trágico de todo era que en Estados Unidos, en Washington, nadie conocía la verdad. Además, en el período desde el 14 de julio (recordemos que el mensaje de Sagasta citado fue el día 12) hasta el final de la guerra, los militares de Shafter … a quien apodaban “el ignorante” … comenzaron a perecer rápidamente por esas enfermedades. En agosto llegaron a enfermarse hasta 859 hombres al día. … Sin atención médica, apareció el tifus y se desató como epidemia … Los norteamericanos no sabían cuidar grandes masas de tropas. Ninguna, incluso las más elementales normas para la prevención de enfermedades, en general, y de la fiebre amarilla en particular, fue adoptada en Cuba. Un veterinario fue durante largo tiempo médico del Primer Cuerpo del Ejército de Chickamagua. … Los buques que participaron en la evacuación de enfermos y heridos desde Cuba —‘Séneca’, ‘Corcho’, ‘Hudson’y otros— estaban por debajo de cualquier crítica… sin agua, ni medicamentos, con ropa de cama sucia y la falta de los más elementales recursos médicos. Un periódico escribió sobre el ‘Séneca’: “Y nuestros buques-hospitales, de los cuales nos jactábamos, no resultaron ser otra cosa que recintos de infección a flote” …. No hubo ninguna esfera de los servicios que fallara tanto en esta guerra como la de los servicios médicos… dos jóvenes doctores gritaron un día: “¡Coronel, esto es horrible! No tenemos nada, ni quinina, ni termómetros. Un herido gime con una bala en un pulmón y se ahoga por el humor y no podemos operarlo porque no tenemos instrumentos” … El suministro (de intendencia) se hizo lenta y desordenadamente… La demora en el suministro de reservas materiales a la tropa tenía por causa la inexperiencia en el servicio de intendencia, el desconocimiento de las tropas de cómo formalizar los pedidos, la sobrecarga de los ferrocarriles, el formalismo, la centralización y el desorden…».
El General Shafter mandó el 1 de agosto a Washington el siguiente estado de bajas por enfermedad:
“total de enfermos, 4.255; total de casos con fiebre 3.164; nuevos casos de fiebre, 653; casos de fiebre dados de alta, 722 (del libro de Russell Alger:The Spanish American War, 1901).
Para no usar más que la “correcta” versión publicada en la Revista General de Marina española (junio de 2021), «Roosevelt (filtró) … una carta a los medios —popularmente conocida como “Round-robin”— ante la negativa que había obtenido de sus mandos en Washington cuando solicitó el regreso a casa de sus soldados enfermos de malaria. Finalmente, todo se resolvió tal y como se había pedido en la carta, de nuevo gracias a la gran corriente mediática a la que fue expuesto el secretario de Guerra de la época. Y como bien dice su descendiente (Brett Elliott Crocier, el Comandante del portaviones “USS Theodore Roosevelt” en primavera de 2020 con ocasión de una “epidemia de Covid” -sic- a bordo), el mundo recuerda a su abuelo y nadie al que fuera secretario, Russell Alger».
El hecho es que, seguramente fue Roosevelt el que influyó y dirigió a otros generales a presentar de nuevo, en forma de Roun Robin, sus desatendidas peticiones e informes a Shafter, acompañada de un escrito de remisión con un resumen explicatorio. Este no los atendió, pero comunicó la situación a Wahsington, donde produjo una airada reacción. Ante ello, probablemente fue de nuevo Roosevelt quien filtró la carta a la prensa. Pero todos estos movimientos determinaron que, al fin, el 28 de julio el Secretario de Guerra Russell A. Alger dispuso la repatriación de la práctica totalidad del ejército norteamericano en Cuba y la construcción en el continente de un lugar de cuarentena para él, Camp Wikoff, Montauk Point, Long Island, N. Y. Apenas habían pasado 10 días desde la rendición. El 3 de agosto, un día antes de que la carta apareciera en la prensa la Round Rovin, se dió formalmente la orden de evacuación y las primeras salidas de Cuba se produjeron cuatro días después.
Se adjunta copia de la Round Robin, procedente del citado libro del Secretario Russell Alexander Alger. Pero, en resumen, y como se publicó más tarde en España (Noticiario Salmantino 148, del 11-VIII-1899), lo que vienen a reconocer los 10 generales y coroneles mandos de brigada o unidad superior es «que su ejército está imposibilitado para dirigirse al interior de la isla, que con su actual equipo no están preparados para desarrollar sus acciones en el interior, y que durante la estación de las lluvias sus bajas serían grandes a causa de las fiebres. En resumen: “O se retira el ejercito o perece”» …
Round Robin y bajas Usa
Y esta situación era prácticamente así desde el mismo combate de Caney-Las Lomas el día 1 de julio, como hemos visto que testimonió Roosevelt.
Las muertes oficiales useñas por enfermedad como consecuencia de campaña de Cuba debieron rondar las 2.500 (unas 260 en Camp Wikoff).
“Confessio partis, probationem eximit”. A confesión de parte, relevo de pruebas.
Queda clara que la Campaña de Cuba, como las de Filipinas y Puerto Rico, fue un combate amañado en el que España, por decisión de su Gobierno y Regencia, jugó el papel del contendiente que se deja ganar.
9 respuestas a «Victoria masónica en Cuba (1898). “Round-Robin” y Rendición/Traición»
Para todos aquellos ignorantes de la existencia de la Masonería (gobierno paralelo regido por Satanás) lo de Cuba una etapa más en su empeño por destruir la Misión Divina de España de su destino de Evangelizar. Y esto viene de largo y continua.
Como siempre J. Mª Manrique acierta de pleno.
Este gobierno en la sombra actualmente está dando una vuelta de tuerca más. Os aconsejo visionar el siguiente vídeo de lo que nos viene en breve. Alberto Iturralde es un crack que nos pone al descubierto sus artimañas. Podéis escucharlo en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=HDIo4KZr0jU
Los ataques a este canal EL ESPAÑOL DIGITAL es señal inequívoca de su noble enfrentamiento a estos miserables.
Los lacayos masones lemeculos anglosionistas nazis( marranos de toda la vida que hoy acumulan toda la deuda ) nos han apuñalado por la espalda miles de veces; así nos ha ido y así nos va. Imbéciles engañados por el marrano que engañan a la escoria que siembran. Ciegos que guían a otros ciegos. Da igual la antítesis; y lo peor no es lo que atañe a lo material.
El cerco se cierra, mis comentarios ya están censurados desde mi pc, este va por el móvil, así que no tardarán en censurarlos también. Sólo repetir que hemos sido apuñalados por la espalda innumerables veces por nuestros Lacayos masones, lameculos anglosionista nazis. Y lo peor con diferencia no son la incalculables perdidas materiales. Es el mal con patas, o mejor dicho, pezuñas. A ver si sale este, que igual es el de la despedida. Saludos
Espectacular trabajo, enhorabuena a su autor.
Sí el Ejército y la cúpula del Ejército no estuvieran tomados por los enemigos de España, este autor estaría rifado en las academias militares y en los centros de estudios del Ejército para exponer este y otros trabajos, y formar a los cuadros de oficiales y mandos.
No ocurre así porque tales centros están tomaros ya por la Masonería y demás enemigos de España en esas estamos, eso explica tantas cosas.
Lo dicho, enhorabuena al autor, y Dios proteja a España del poder maléfico de todos estos hijos de puta
Gracias por sus amables comentarios.
Sé que los temas históricos «a secas» son poco más que distracciones para relajarse del día a día.
Pero tienen muchas veces una carga de enseñanza nada despreciable.
Y más hoy, cuando nos obispos hacen más por destruir la religión que por difundirla, nuestros políticos nos matan con vacunas, riadas e incendios, nuestros jueces nos destrozan la vida por delitos de odio y los militares, de serlo (o parecerlo), lo son al servicio del enemigo.
Espero que esas enseñanzas se difundan y, en lo posible, nos hagan ver que el peor enemigo está dentro y hay que vencerlo o morir.
Y, una corrección en relación a «Faltan los caídos (Villaamil, Bustamante, Eulate)». No es Eulate el que falta, como se lee en el pié, es Lazaga, quien muy seguramente se quitó la vida ante tanto deshonor y horror.
Perdón en tardar en responder.
He tenido problemas a causa del ataque, curiosamente producido tras la clara y justa denuncia a los impresentables mandos militares (Premio Ejército y demás).
Para todos aquellos ignorantes de la existencia de la Masonería (gobierno paralelo regido por Satanás) lo de Cuba una etapa más en su empeño por destruir la Misión Divina de España de su destino de Evangelizar. Y esto viene de largo y continua.
Como siempre J. Mª Manrique acierta de pleno.
Este gobierno en la sombra actualmente está dando una vuelta de tuerca más. Os aconsejo visionar el siguiente vídeo de lo que nos viene en breve. Alberto Iturralde es un crack que nos pone al descubierto sus artimañas. Podéis escucharlo en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=HDIo4KZr0jU
Los ataques a este canal EL ESPAÑOL DIGITAL es señal inequívoca de su noble enfrentamiento a estos miserables.
Los lacayos masones lemeculos anglosionistas nazis( marranos de toda la vida que hoy acumulan toda la deuda ) nos han apuñalado por la espalda miles de veces; así nos ha ido y así nos va. Imbéciles engañados por el marrano que engañan a la escoria que siembran. Ciegos que guían a otros ciegos. Da igual la antítesis; y lo peor no es lo que atañe a lo material.
El cerco se cierra, mis comentarios ya están censurados desde mi pc, este va por el móvil, así que no tardarán en censurarlos también. Sólo repetir que hemos sido apuñalados por la espalda innumerables veces por nuestros Lacayos masones, lameculos anglosionista nazis. Y lo peor con diferencia no son la incalculables perdidas materiales. Es el mal con patas, o mejor dicho, pezuñas. A ver si sale este, que igual es el de la despedida. Saludos
Estoy siendo censurado por el puto marrano y sus lacayos masones lameculos.
Me han censurado aquí también
Mi Coronel, gracias por su brillante y exhaustiva lección de Historia, que debería estudiarse en las Academias Miitares.
Espectacular trabajo, enhorabuena a su autor.
Sí el Ejército y la cúpula del Ejército no estuvieran tomados por los enemigos de España, este autor estaría rifado en las academias militares y en los centros de estudios del Ejército para exponer este y otros trabajos, y formar a los cuadros de oficiales y mandos.
No ocurre así porque tales centros están tomaros ya por la Masonería y demás enemigos de España en esas estamos, eso explica tantas cosas.
Lo dicho, enhorabuena al autor, y Dios proteja a España del poder maléfico de todos estos hijos de puta
Gracias por sus amables comentarios.
Sé que los temas históricos «a secas» son poco más que distracciones para relajarse del día a día.
Pero tienen muchas veces una carga de enseñanza nada despreciable.
Y más hoy, cuando nos obispos hacen más por destruir la religión que por difundirla, nuestros políticos nos matan con vacunas, riadas e incendios, nuestros jueces nos destrozan la vida por delitos de odio y los militares, de serlo (o parecerlo), lo son al servicio del enemigo.
Espero que esas enseñanzas se difundan y, en lo posible, nos hagan ver que el peor enemigo está dentro y hay que vencerlo o morir.
Y, una corrección en relación a «Faltan los caídos (Villaamil, Bustamante, Eulate)». No es Eulate el que falta, como se lee en el pié, es Lazaga, quien muy seguramente se quitó la vida ante tanto deshonor y horror.
Perdón en tardar en responder.
He tenido problemas a causa del ataque, curiosamente producido tras la clara y justa denuncia a los impresentables mandos militares (Premio Ejército y demás).