Visión de Estado y pactos de Estado

¿Qué es lo primero, el huevo o la gallina? Si el Estado no existe no ha lugar ni a la visión ni a los pactos de Estado. Pero no es así, España existe, España es un Estado. Ahora bien ¿cuándo empezó a serlo? ¿Nos remontamos a los celtas y los iberos? La realidad histórica nos habla de que los romanos conquistaron una península a la que llamaron Hispania. Más tarde llegaron los bárbaros visigodos, vándalos y alanos que a su vez conquistaron a la Hispania ya romana. Después llegaron los árabes y  conquistaron la península. A continuación, los hispanos cristianos fueron reconquistando el territorio. El matrimonio de Isabel y Fernando, monarcas de los dos grandes reinos de la España peninsular, Castilla y Aragón, dio lugar a la unidad peninsular hispana, que se completó en 1492 con la conquista de Granada, el ultimo reino musulmán hispano y, en 1512, con la integración de casi la totalidad del reino de Navarra. Portugal siguió como reino separado de España, salvo los 60 años (1580-1640) en que se produjo la unión de ambos países. España se proyectó en América mediante el Virreinato de Nueva España (México, gran parte de Estados Unidos, América Central, Asia y Oceanía) y el Virreinato de Perú que, además de Perú, incluía Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay, Colombia, Ecuador y Panamá, países todos ellos que fueron parte de las Españas, durante 330 años, hasta que se fueron independizando.

El resultado de todo ello fue el mundo hispano, que tiene una lengua y una cultura en común, además de otras lenguas y culturas que siguen existiendo, fundidas en un gran mestizaje racial, muy diferente del exterminio de los indígenas que ocurrió en la América inglesa. Las Universidades, las ciudades, las instituciones públicas se crearon tomando el modelo que se aplicaba en España. El desarrollo social y económico siguió los patrones de la España peninsular hasta la independencia en 1820 de todas esas naciones hermanas. Quien visita la América hispana encuentra numerosos y valiosos logros y raíces muy vivas de los que cabe sentirse orgulloso. Por eso la inmigración hispana es fácilmente integrable y reabre lazos históricos entrañables.

En suma, el Estado español no es sólo un territorio, sino que tiene una historia, que incluye también los siglos XIX y XX y, por supuesto, la Segunda República, la Guerra Civil y los 40 años del franquismo. No cabe tener visión de Estado si se olvida todo ello. De hecho, la Constitución de 1812, la de 1931 y la de 1978 tuvieron visión de Estado. Decía la “Pepa”: “La Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios” “La soberanía reside esencialmente en la Nación”. Decía la Constitución de la Segunda República: “Los poderes de todos sus órganos emanan del pueblo” “El Estado español, dentro de los límites irreductibles de su territorio actual, estará integrado por Municipios … provincias y … regiones”. Y dice la de 1978: “España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho” “La soberanía nacional reside en el pueblo español” “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”. Soberanía nacional y unidad indisoluble son puntos clave en las tres constituciones,

En cuanto a la visión de Estado, además de esos principios fundamentales, la de 1812 señalaba que “El amor a la Patria es una de las principales obligaciones de todos los españoles, y asimismo el ser justos y benéficos”. La de 1931 decía que “España es una República democrática… que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia”. La de 1978, manifiesta, de forma más amplia y detallada, en su rico preámbulo, la visión de Estado: “La Nación española proclama su voluntad de garantizar la convivencia democrática… consolidar un Estado de Derecho que asegure el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular y colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la Tierra”. La verdad es que duele la casi nula referencia que hacen los políticos españoles en sus discursos al preámbulo constitucional. Sin embargo, ¿cabe en la convivencia democrática tolerar la agresión a los guardias civiles en Alsasúa, o la marginación del español en Cataluña o el homicidio de Víctor Laínez por llevar unos tirantes con la bandera española? ¿Cabe en un Estado de Derecho consolidado el que salga casi gratis la declaración de independencia de una región? ¿Se están promoviendo relaciones pacíficas y de cooperación, entre todos los pueblos de la tierra, cuando se es tibio ante dictaduras como la cubana o ante la trágica historia del comunismo?

Ante la confusa situación política en la que ha sumido a nuestro país nuestro Presidente en funciones, diciendo una cosa un día y otra al siguiente ¿cómo abordar su posible candidatura? ¿Cuál es su visión de Estado? ¿Va a mantener el principio de la “indisoluble unidad de la Nación española” o eso también es negociable? ¿Cuál es la posición de los otros partidos principales PP, Vox y Podemos ante estos temas? Resulta cuando menos curioso que un ex dirigente de Ciudadanos esté promoviendo en ESADE un “think tank” para impulsar pactos de Estado y grandes acuerdos. ¿Por qué no lo creó dentro de su propio partido? Si lo hubiera hecho tal vez habría impedido que de 57 diputados se quedase en sólo 10. ¿Cómo se puede hablar de visión de Estado si no se tiene al menos una línea roja inexcusable la unidad de la nación española? ¿Por qué no le dice a su líder Inés, a la que cabría calificar de Alicia en el País de las Maravillas, que su “solución Arrimadas” es risible cuando sus 10 diputados no tienen la menor trascendencia para la investidura? ¿O es que Cs está dispuesto a facilitar la investidura de Sánchez sin condición alguna? Ciudadanos fue recibido en toda España como un partido valiente, por la firmeza con la que, inicialmente, luchó por la unidad de España en, y desde, Cataluña. Pero ¿qué pasó después? Se centró en el sueño del poder. Urgió a Rajoy a aplicar un 155 muy breve. Parecía que tenía el viento en popa, y “veleteó”. Pero los votantes le dijeron que eso no bastaba, que querían saber a qué puerto quería llegar y ante el silencio vino el castigo.

La actitud de Cs al pretender poner un cordón sanitario a Vox fue también inexplicable. La constitucionalidad de Vox está fuera de toda duda. Respeta escrupulosamente el sistema democrático, defiende sin tapujos la unidad de España y, desde luego, manifiesta que hay que enderezar el Estado de las Autonomías que nos ha traído hasta la situación presente. Nada de ello es delito. Es simplemente mero ejercicio de libertad de expresión que ha atraído el voto de cuatro millones de españoles. Por ello ahora, que hablar de pactos de Estado, suena muy pomposo si ni siquiera se afirma que lo primero es que siga existiendo el Estado constitucional, que no se fundamente en la “indisoluble unidad de la Nación española”.

Por ello es de desear que el PP no caiga en la trampa de participar en un “think tank” que excluya a Vox, ya que significaría que no le importa lo importante. Que le pregunte a Cayetana si quiere ir a ese “think tank” en representación del partido. ¿Habrá nuevas elecciones generales? Probablemente no, porque a los independentistas al final lo que más les conviene, hoy por hoy, es un gobierno de Sánchez con Iglesias dentro. Se abstendrán cuando haga falta. ¿Pactos o acuerdos de Estado? Siempre son convenientes, en particular en materia de pensiones, unidad de mercado, educación u otros. Pero en lo esencial van a ser imposibles ante el independentismo.  ¿Cuáles son los pactos de Estado importantes? Muchos, pero la única vía posible es la del artículo 150.3, las leyes de armonización de las disposiciones normativas de las Comunidades Autónomas, cuando así lo exija el interés general. Y esto, señores participantes del grupo “think tank”, no va a contar con el apoyo del actual partido socialista dominado por Sánchez. Téngalo como un postulado y no pierdan el tiempo y, sobre todo, no se lo hagan perder a la ciudadanía española.


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