Xipe Tótec: el dios de los desollados… prehispánicos

Cuando hoy se acusa a los españoles de brutalidad y barbarie en su descubrimiento, conquista, evangelización y civilización de América, en un alarde de ignorancia y malicia sin par, estupidez en la que ha caído hasta el actual Papa, se oculta y tergiversa la historia, la cual se intenta reescribir como se hace aquí con la más reciente. Pues bien, no sólo lo afirmado es mentira, sino que la cosa fue justo al revés, es decir, que lo que hicieron los españoles, eso sí, de forma expedita, faltaría más, fue sacar de la brutalidad y barbarie a los pueblos prehispánicos con los que tuvieron que lidiar.

Hace meses dimos razón de unos descubrimientos importantísimos y terribles que confirmaron lo que las crónicas españolas dejaron escrito, a las cuales no se daba crédito por lo inhumano que describían («Sacrificios humanos mexicas»), pues bien, aquí les dejamos con un nuevo y terrible descubrimiento arquológico del INAH mejicano, que vuelve a confirmar que aquellas «culturas» eran inhumanas, degeneradas, brutales, bárbaras y se diría que diabólicas. Que ustedes lo disfruten… si es que tienen estómago.

Xipe Tótec («nuestro señor el desollado») era uno de los dioses más importantes de la época prehispánica. Su influencia en la fertilidad, la regeneración de los ciclos agrícolas y la guerra, fue reconocida por numerosas culturas del Occidente, Centro y Golfo de México, sin embargo, nunca se había encontrado un templo asociado directamente a su culto.

Por tal razón destacan dos altares de sacrificio, tres esculturas en piedra y diversos elementos arquitectónicos localizados en un basamento piramidal de la Zona Arqueológica de Ndachjian–Tehuacán, en Puebla, los cuales confirman que esta antigua ciudad guarda al primer templo dedicado a tal deidad hasta ahora descubierto en el país.

Para los arqueólogos, la asociación es manifiesta no sólo porque las esculturas —que representan dos cráneos desollados y un torso cubierto con piel de sacrificio— personifican a Xipe Tótec, sino porque el edificio, que habría sido usado entre los años 1000 y 1260 d.C., coincide en características con los sitios sacrificiales descritos por las fuentes documentales.

La construcción tiene 12 metros de largo por 3,5 de altura, que es lo descubierto hasta el momento. El hallazgo confirma lo que en anteriores temporadas se venía encontrando, es decir, restos de esculturas de esa misma deidad en un par de altares bajos que se ubican frente al templo en cuestión.

Dado que en la arqueología “sabes dónde vas a iniciar pero no cuándo vas a terminar ni qué encontrarás”, la sorpresa del equipo de arqueólogos fue poder ubicar mediante calas hechas en la explanada que precede al edificio, la primera de las dos esculturas de cráneos de roca volcánica.

Ayudados por 35 trabajadores, los especialistas liberaron el cráneo y, a poca distancia, ubicaron un cubo estucado y decorado con color rojo, y el arranque de la escalinata que daba acceso al basamento piramidal de un templo.

Al continuar la exploración, se encontró un cubo adicional con pigmento rojo, el segundo de los cráneos de piedra y el citado torso esculpido de Xipe Tótec; este último «matado», es decir, fragmentado ritualmente, por lo que no se descarta que en lo sucesivo pueda hallarse la cabeza, brazo derecho y pies. La asociación del torso fue identificada al reconocerse en la espalda de la figura una serie de acabados que simulan los amarres de la piel con la que Xipe Tótec se ataviaba, y un faldellín de plumas, rasgo poco frecuente en las representaciones de este dios prehispánico. “Escultóricamente es una pieza muy bella. Mide aproximadamente 80 centímetros de alto y tiene un agujero en el vientre que se usaba, de acuerdo con las fuentes, para colocarles una piedra verde y ‘dotarlas de vida’ para las ceremonias”.

Otro detalle está en el brazo izquierdo, el cual tiene una mano derecha colgada hacia atrás. Los arqueólogos declararon que no es una equivocación del artesano, sino que simboliza la mano del sacrificado que “quedaba colgando” luego del desollamiento ritual.

Cada uno de los cráneos de piedra mide aproximadamente 70 centímetros de alto y pesa alrededor de 200 kilogramos; también se encontraron ‘matados’ según lo atestiguan respectivos cortes hechos a la nariz. Fueron esculpidas en piedra volcánica (posiblemente riolita) que es ajena a la región, por lo que se cree que si bien eran de material importado, se tallaron in situ dado que no muestran daños que hubieran podido sufrir durante su traslado, tomando en cuenta los escasos medios de transporte de la época.

Una de las fiestas más importantes del México antiguo era el Tlacaxipehualiztli (en náhuatl «ponerse la piel del desollado»). Se efectuaba comúnmente en dos altares circulares: en el primero se sacrificaba a los cautivos mediante combates gladiatorios o flechamientos; y en el segundo se hacía el desollamiento para glorificar a Xipe Tótec, un proceso en el que los sacerdotes se ataviaban con la piel del individuo, la cual depositaban ulteriormente en pequeños hoyos hechos en las explanadas, frente a los altares.

Lo anterior pondera la importancia que tiene haber hallado ambos altares de sacrificio en el basamento piramidal, e incluso dos agujeros en el suelo (frente a los altares) que estaban rellenos de tierra —a modo de clausura—, y que estaban debajo de los cráneos de piedra. “Esto indica que los cráneos clausuraban los huecos”. El basamento piramidal explorado, lo mismo que los altares circulares —uno al norte: de 3.02 metros de diámetro por 88 centímetros de alto; y otro al sur: de 3.18 m de diámetro y 78 cm de altura— pertenecen a la subestructura de un templo mayor dedicado a Xipe Tótec, que habría funcionado entre 1260 y 1456 d.C.

Los edificios de Ndachjian tienen varias etapas: la primera ocurrida entre los años 900 y 1260 d.C.; la segunda, que coincide con el auge de éste y los otros tres grandes señoríos popolocas (Tecamachalco, Tepeji y Coixtlahuaca), y la tercera y comúnmente inconclusa que corresponde a mediados del siglo XV. En esa época Moctezuma Ilhuicamina y Ahuízotl conquistaron y desplazaron a las capitales popolocas. En Tehuacán (nombre que los mexicas impusieron a Ndachjian) forzaron a sus habitantes a trasladarse al valle de Calcahualco, ignorando al majestuoso recinto sagrado popoloca.

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2 thoughts on “Xipe Tótec: el dios de los desollados… prehispánicos”

  1. Magnífica aportación que, junto a la anterior, difunden unos conocimientos que se vedan generalmente.
    Realmente son hayazgos trascendentales.
    ¡Enhorabuena! y gracias.

    1. Estimado seguidor: mil gracias. Creemos que forma parte de la labor que hay que hacer para reivindicar la falacia de la la leyenda negra de nuestro descubrimiento, conquista, civilización y evangelización de América, que aunque como todo lo humano no fue perfecta, es imposible, lo fue casi, en contra de lo que hoy se quiere atestiguar; compárese con los anglosajones allá por donde pasaron. Además, las pruebas vienen de fuente incuestionable como son hallazgos arqueológicos de los propios mejicanos. Saludos cordiales

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