Y Aurora Castro se convirtió

Aurora Castro

Aurora Castro Romero es una católica venezolana, residente en España, que se define así misma como sierva inútil de Dios, nos cuenta la historia de su conversión, como el Señor dejó a las 99 ovejas y fue a buscarle a ella. Tras estar vendiendo ropa y juguetes fuera del templo y entrar al recinto por curiosidad, vio como Jesús Sacramentado (a través de la custodia que llevaba el sacerdote) fue a su encuentro y se posó en su cabeza. Desde ese momento se enamoró de Jesús Eucaristía y su alma le anhela como el ciervo sediento busca el agua fresca.

¿Por qué vivía alejada de la fe?

Porque al hacerme mayor, el mundo llenó de brillo mi vida y me hizo ciega y sorda a las cosas de Dios. Aun cuando creía en Dios y me gustaba hablar con Él, hice un Dios a mi medida. Si quería iba a Misa, pero si salía algún otro plan, pues no.

¿Cómo se puede vivir tanto tiempo sin Dios?

La verdad que en ese momento uno no es consciente, pero ahora también me hago la misma pregunta, como pude vivir sin Dios, como pude ser tan indiferente.

Y la única respuesta posible es que no sabía que alguien podía amarme tanto, como para estar siempre buscándome y yo sin verlo.

¿Cómo nace la historia de su conversión?

Nace porque Dios siempre me buscó. Desde pequeña sentía algo que no era normal en una niña de tan solo 7 años, era un deseo fervoroso de estar con Jesús Eucaristía, estudiaba donde las hermanas adoratrices del Santísimo Sacramento de Santa María Micaela y cada día en mi tiempo del patio, en vez de ir a jugar o a merendar como las demás niñas, me iba para la capilla para adorar a Jesús, pasando antes delante de la imagen de la Virgen Milagrosa para decirle que iba a adorar a su hijo.

Sin embargo, con los años y la adolescencia y una vez sus padres le cambiaron de colegio este santo deseo se fue evaporando…

Así es, pero ha habido varios episodios en mi vida, en los que el Señor ha salido a buscar a su ovejita perdida. El más significativo ocurrió un día, en el que me fui a vender ropa y juguetes a una iglesia cercana a mi casa.

Ese día la capilla estaba a reventar de gente. Una vez instalada la mesa con la mercancía fuera del templo, me pasó tal cual como en la palabra de Dios, cuando Jesús sacó el látigo a los mercaderes del templo, algo así pude vivirlo yo.

Le dije a la amiga que me acompañara que se quedara cuidando las cosas, pues yo iría a ver que estaba pasando en la iglesia, porque se me hacia raro ver tanta gente. A medida que iba caminando por el patio central de la iglesia, sentía que mi corazón se aceleraba como si hubiese corrido muchos kilómetros. Pero una vez en la puerta de la capilla, era más rápido, como si el corazón se me saliese del pecho, en ese momento. El sacerdote, que luego sería mi director espiritual, vino hacía mí y me puso la mano en la cabeza y la custodia con Jesús Eucaristía. Yo sentí desvanecerme y casi me caigo. Me dio tanto miedo, que salí corriendo a recoger la mesa e irme a casa. Así comenzó mi encuentro con Jesús.

¿Cómo le marcó en su vida este encuentro providencial con el Santísimo?

Marcó tanto mi vida, que de eso hace mas de 20 años y hasta el día de hoy sigo adorándole, ahora con mayor intensidad. Mi momento especial de cada día es ir en las tardes a la adoración y los viernes a la adoración nocturna. Descubrí que el Corazón Eucarístico de Jesús, es la fuente de Vida Eterna y es el Agua Viva de la que habla la Palabra de Dios.

¿Tiene certeza de que Dios le estaba esperando ese día?

Estoy segura de que ese día Jesús dejó a las 99 ovejas que estaban en esa iglesia y salió a buscarme a mí. Sabía que mi alma atendería el llamado de su santo amor.

¿Como fue el proceso de empezar a formarse y frecuentar los sacramentos?

Fue un proceso de cada día y de perseverar en aquel amor que un día yo encontré. A medida que entras en el misterio del amor de Dios, el alma quiere cada vez más estar unida a Él, y el frecuentar el corazón Eucarístico de Jesús en el Santísimo Sacramento, hace que también cada día quieras conocer mas su palabra, aumentar tu fe, gozar del sacramento de la confesión, de la comunión y de todo aquello que te une a Jesús.

Sin embargo, este caminar, cada día me sirve para aprender y perseverar y para saber que por nuestras fuerzas no podemos, que debemos pedir la gracia a través del Espíritu Santo, amor inseparable del Padre y del Hijo, que recibimos desde el bautismo.

¿Por qué desde ese momento no dejó nunca de adorar a Jesús sacramentado?

Porque me enamoré de Él y mi alma le anhela como el ciervo sediento busca el agua fresca. No concibo ni un día sin Él.

En la pandemia cuando todas las iglesias estaban cerradas, yo me iba a una iglesia cercana a casa, que estaba cerrada y le decía, se que en esta iglesia estás y me paraba justo en la pared donde sabía que estaba el sagrario, para pasar un ratito junto a él. Solo nos separaba la pared, único obstáculo físico.

¿Cuáles son las principales gracias que ha recibido usted?

-Ordenar mi vida que era un desastre.

-Querer ser cada día mejor para poder agradarle y no ofenderle.

-Morir a mi soberbia, vanagloria y perfeccionismo.

-Ser mejor madre, hermana e hija.

-Aprendí a perdonar y a pedir perdón.

-Y lo más grande, aprendí ha abandonarme en Él y para Él.

¿Qué es lo primero que percibe a primera vista en otras almas eucarísticas?

El adorador tiene un brillo sobrenatural de paz y quietud, que se nota con tan solo mirarle. Eso solo lo hace Jesús Eucaristía.

¿Cómo ha logrado perseverar, en los momentos de aridez y las pruebas?

Me enamoré y desde ese momento hago constantemente lo que sea por el amado, sienta o no sienta. Voy a visitarle, esté en un buen o mal momento. Voy y sobre todo hablo con Él como un amigo que me comprende. Tengo la certeza, que cuando eso pasa, Él esta más cerca de mí y percibo que su Madre también viene a consolarme.

¿Cómo convencería a otras personas de que Jesús está vivo en la Eucaristía y experimentarlo te cambia la vida?

Quizá no sea adecuado decir que se puede convencer a otra persona de que Jesús está vivo en la Eucaristía. Por mi experiencia, yo solo les diría que visitar a Jesús es el regalo más grande que tenemos los católicos, que en ese pedacito, con apariencia de pan, está realmente presente todo un Dios, vivo y real. Está esperándote para llenarte de amor, de paz, de sanidad y de santidad.

Al visitarle y adorarle no te cambia la vida, pero si que te cambia la mirada, te transforma en un hombre nuevo. En ese momento que estás con él, te sientes en el Cielo, amada y mimada por Dios. Hay que saber reconocer nuestra pequeñez y limitaciones ante la grandeza del amor Santo de Dios en el Corazón Eucarístico de Jesús.

Jesús el Jueves Santo instituye la Santa Eucaristía y el Orden Sacerdotal. Quiso quedarse entre nosotros por amor infinito y eterno.

Merece la pena estar con Jesús Eucaristía porque es estar en el Cielo prometido, aun viviendo en este mundo. Cuando rezamos el Padre nuestro pedimos que venga a nosotros su Reino y en ese momento gozamos por la venida del Reino de Dios, junto al Rey de Reyes.


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