Y el infierno protestante cayó sobre Münster

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Friederich Recx-Malleczewen

El libro «Historia de una demencia colectiva»Friederich Recx-Malleczewen (Editorial Reino de Redonda, Barcelona, 2018)– es sumamente interesante para poder comprobar hasta que punto la locura del protestantismo pudo, puede y siempre podrá, llevar a los hombres hasta límites insospechados de miseria y brutalidad. La aún mal denominada “Reforma”, en realidad “Revolución” pura y dura como todas, no sólo arrastró tras de sí a millones de católicos que por ello dejaron de serlo condenándose ya en vida, sino que los enloqueció convirtiéndoles en cuasi bestias. Y ello desde los primeros momentos, o sea, ya en tiempos del maldito Lutero. Y es que el protestantismo y sus subsiguientes múltiples ramificaciones no deja de ser una gran obra del Diablo, un puñal especialmente criminal clavado en la Iglesia, es decir, en el cuerpo místico de Nuestro Señor.

El libro, que conviene leer, nos trae lo sucedido en la ciudad de Münster entre 1534 y 1535 cuando dicha ciudad, asediada por tropas pagadas por el obispo y príncipe imperial de ella, Franz von Waldeck con la intención de recuperar su feudo, cayó bajo el dominio de dos protestantes alucinados; anabaptistas, para más señas.

Johann Matthys
Johann Bockelson

El caso es que dicha ciudad se había revelado contra el prelado de la mano de dos holandeses alucinados, Johann Matthys, panadero, y Johann Bockelson, sastre, ambos de raíces anabaptistas, los cuales, predicando la inminente venida de Jesucristo y con ello el fin del mundo, logran convecer a la mayoría de sus paisanos de que hay que prepararse para tal hecho convirtiendo a la ciudad en la nueva Sión, única forma de purificarse y salvarse. Y claro, para tan loable fin, nada mejor que purificar a todo vicho viviente, por las buenas o mejor por las malas, hasta lo indecible.

Bajo la tiranía de tales personajes, y de sus secuaces y esbirros, que siempre los hay que se aprovechan de este tipo de circunstancias, y a pesar de estar la ciudad bajo férreo asedio, se impuso a sus habitantes leyes y normas tales como: la confiscación del oro, la plata y todo objeto de valor por considerárseles “supérfluos”; se prohibió cerrar las puertas de las casas; sólo se podía publicar y leer la Biblia; en grandes piras se quemaron todos los libros habidos y por haber, junto, cómo no, con los títulos de propiedad, sentencias judiciales, etc.; y se impusieron durísimas penas, normalmente la decapitación directa y en el acto no sólo de quien contraviniera lo dicho, sino también quien blasfemara, cometiera adulterio, ocultara alimentos, desobedeciera a las autoridades, vistiera de forma “inadecuada” y en largo  etcétera realmente, como dice el título del libro, demencial.

Johann Bockelson ejerciendo de tirano

Muerto Johann Matthys en un combate, su sucesor, el otro Johann, no sólo no amainó, sino que llevó al paroxismo la locura que se había apoderado de los habitantes de Münster. Eso sí, ahora ya sin descaro en su propio beneficio, para lo cual no tenía vergüenza ninguna en lucir grandes alhajas, finas vestiduras, beneficiarse de un harén de cerca de veinte mozas y animar a su guardia pretoriana a seguir cortando cabezas a la menor queja. Y todo ello mientras la ciudad, por el asedio, ya sufría la hambruna, las enfermedades y todo tipo de males correspondientes a este tipo de guerra.

Cuando por fin la ciudad fue asaltada y ocupada, el tirano y sus secuaces fueron ajusticiados, no sin que antes los habitantes purgaran aún más sus pecados por el asqueo inmisericorde de las tropas del obispo. Lo que no sabemos es si en coherencia con los creído y practicado tan dura purificación les valió para ser la Sión anhelada y llegar al cielo, bien que de la segunda venida de Nuestro Señor nada se supo.

Libro que se lee del tirón, muestra de la demencia del protestantismo desde su mismo nacimiento, así como prueba de su raíz manifiestamente diabólica… que no ha cesado hasta nuestros días.

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