«…y también hizo los pobres»

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Para entender lo que ocurre siempre es mejor conocer lo que ha venido ocurriendo. En Gibraltar, también. La cadena de hechos, durante tres centurias, es abundante y enmarañada. Además de conocer esos hechos, tan numerosos, hay que saber interpretar el conjunto que forman. Ello requiere conocimientos históricos, jurídicos, diplomáticos, militares, económicos y técnicos que es raro ver reunidos en una sola cabeza. Por eso sería vital mantener equipos expertos más allá de la duración de los gobiernos españoles, todos efímeros si se les compara con un problema tan persistente.

Los más atrevidos entre los ignorantes definen la reclamación española como patrioterismo rancio. No es así: el problema básico es de abuso continuado e impune. Ese abuso es reiterado, múltiple, descarado y variado, militar, económico y político, con burla de las leyes y uso de la fuerza por parte del Gobierno de Londres -el de Gibraltar es de cartón piedra- en esta colonia militar que irregularmente mantiene en suelo español. Los ‘llanitos’ o ‘yanitos’ son población importada para cubrir las necesidades de la base militar, pues los gibraltareños genuinos residen en San Roque desde 1704. La partida la juegan Londres y Madrid.

El marino Ángel Liberal, que ha navegado muchas aguas -las del Peñón, también-, define como ‘irritantes’ de este morbo colonialista las frecuentes acciones británicas (o de los colonos con la venia de Londres), para enfadar y distraer a los españoles. Autor del libro bilingüe ‘Breve descripción de la colonia militar británica de Gibraltar’, detalla en el blog ‘General Dávila’ una lista de esos ‘irritantes’, que resumo aquí.

El abuso como regla

Sobre las aguas españolas que rodean la colonia, los abusos incluyen ocupación ilegal, vertido de hormigón para afianzar el dominio ilegal del istmo, hostigamiento a naves españolas (patrulleras de la Armada y la Guardia Civil, pesqueras o científicas) e inhibición flagrante en la represión de los negocios mafiosos en esas aguas ocupadas contra ley. El istmo, por su parte, fue dominado por fuerza y con mala fe y hoy acoge un aeródromo militar insólito por su peligrosidad.

En el famoso contrabando de tabaco destaca el fabricado por la filial española de una multinacional británica. Cruza la verja -dice Liberal-, paga tasas a Gibraltar y de allí hacia el norte ilegalmente por mar, por los ‘boquetes’ de la verja o por ‘cartoneo’ a pie o en auto.

Gibraltar ofrece a empresarios y propietarios -españoles o no- eludir impuestos si registran los bienes que poseen en España a nombre de empresas en la colonia. Y la vital mano de obra barata que envía a diario la Comarca, en condiciones laborales muy discutibles, sirve como rehén político.

Con estos dineros se ayuda a pagar la enorme -en proporción- base militar, donde se hacen reparaciones de submarinos nucleares y se acarrean misiles, torpedos y municiones, se vierten directamente al Estrecho las aguas fecales de la ciudad, se practican arriesgados trasiegos de petróleo naval en la bahía de Algeciras y rellenos ilegales en espacios marítimos que alteran el perfil litoral y las playas de La Línea y San Roque.

Hay, además, constantes ofensas a España de los inflados políticos locales y se adoctrina a los niños en ciertos colegios andaluces, porque el dinero de Gibraltar riega algunos medios de comunicación y a docentes, empresarios, políticos y sindicatos españoles.

El colmo de las fantasías abusivas es que la colonia pretenda imponer como internacionalmente válido un decreto doméstico del Reino Unido (RU) al que llama ‘Constitución’ de Gibraltar.

Nadie se engañe. El genuino interés británico es la base naval de guerra. Lo demás, es secundario, incluida la actividad económica. Los ‘irritantes’ sirven para distraer de lo esencial. Liberal recuerda que el RU dispone de centros financieros de mucha mayor entidad, pero que «estrecho de Gibraltar sólo hay uno y ahí están ellos con los americanos». Por eso Londres incumple las resoluciones de la ONU que le requieren negociar con España la descolonización. El 1 de octubre hará medio siglo que expiró el plazo fijado en la número 2.429. Y como si nada.

La vida económica de la colonia militar de Gibraltar se basa en la competencia desleal: contrabando, prácticas fiscales abusivas, recurso a la fuerza naval de la potencia colonial, compra de voluntades, oportunismo, mano de obra importada barata…

La víctima primaria más visible -otro ‘irritante’- son los trabajadores españoles. Temen perder los salarios que la colonia les paga, tras años de privar a la Comarca de oxígeno económico y financiero, como un gran parásito que adormece a su víctima y engorda con su sustancia vital.

Cuando los políticos llanitos lamentan la suerte que, con el ‘brexit’, pueden correr sus empleados españoles, recuerdo el agudo epigrama dieciochesco del gran Tomás de Iriarte, sobre un explotador que blasonaba mucho de sus caridades: «El señor Don Juan de Robres, / con caridad sin igual, / hizo este santo hospital /…y también hizo los pobres».

Para El Heraldo

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