Yo también estoy a favor de la amnistía

Cuando en el año 40 de nuestra era, el apóstol Santiago contempló a orillas del río Ebro a la Santísima Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol, no podía imaginar cómo aquella pequeña Imagen uniría en una sola fe católica y en una sola lengua a pueblos tan lejanos y diversos.

También escuchó el Apóstol cómo María Santísima, que aún vivía en este mundo, le pedía que se le construyese allí mismo un templo, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie y prometió que ese pilar “permanecerá en este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión, con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio”.

La piadosa tradición a la que no estamos dispuestos a renunciar, sitúa este portento junto al padre de todos los ríos de Iberia (tierra de ríos), el Íber, luego llamado Ebro, dando a entender que esa civilización que se desarrollaba junto a los ríos, contaría con el auxilio de la Madre de Dios y del apóstol Santiago a quien reconfortó para que no desfalleciese. Y bien que hemos podido constatar que sin la fe cristiana que se afianzó ahí en el Pilar, España no hubiese tenido la esencia y la andadura católica que marcó durante muchos siglos a nuestra patria.

Cuando la Justicia y el Derecho dejan de estar al servicio del bien y de la verdad y se convierten en medios de coacción y de control social en manos de los que detentan el poder; cuando la Justicia ya no defiende el derecho del inocente ni persigue al culpable; cuando el Derecho se retuerce no a favor de los ciudadanos, sino a favor de los plutócratas que gobiernan el mundo, invocamos para nuestra patria la intercesión de Nuestra Señora del Pilar. Ella que es la Madre de España, la Reina de los pueblos hispanos y el Consuelo de los afligidos, escuchará nuestro clamor.

Y ahora, cuando los enemigos de la verdadera libertad nos espían para taparnos la boca porque ni pensamos ni actuamos como ellos; cuando los que nos denuncian a la Fiscalía de Odio para taparnos la boca para que así sólo ellos puedan abrir la suya, permitidme que os diga lo siguiente:

Yo también estoy a favor de la amnistía. ¡Sí, de la amnistía! Pero no la de unos pocos privilegiados, sino una amnistía universal. Estoy a favor de que amnistíen a los centenares de miles de niños que esperan su turno de nacer en el vientre de sus madres que unas leyes inicuas han convertido en el más cruel corredor de la muerte. Estoy a favor de que amnistíen a los miles de niños y adolescentes condenados a ser corrompidos, pervertidos sexualmente en las aulas con la ideología de género y destruidos en su naturaleza humana con el cambio de sexo. Y muchos de ellos, cada vez más, condenados a la pena del suicidio en edades cada vez más tempranas. ¡Amnistía para ellos también! Es urgente que les levanten esta terrible condena.

Estoy, en fin, a favor de que amnistíen a los miles de enfermos desahuciados, ancianos y enfermos crónicos condenados a fallecer miserablemente, eutanasiados por un Estado que los desprecia por inútiles y porque al resultarles tan onerosos, no les queda dinero para destinar a la guerra y a todo género de corrupciones.

Y si no hay amnistía para estos inocentes por los que clamo justicia, para los que pido la abolición de la pena de muerte, mucho menos puede haberla para los culpables. No puede haber amnistía para aquellos que, siendo culpables, quieren quedar impunes por su linda cara, porque pertenecen a una casta subvencionada y subsidiada que quiere convertir Cataluña en una nueva Unión Soviética, con una minoría de señores y una mayoría de esclavos, émula de Grecia y Roma, nuestros fundadores esclavistas.

Para los españoles de a pie como nosotros, no hay perdón ante cualquier infracción de la ley ni ante cualquier discrepancia respecto a los impuestos confiscatorios a que nos tienen sometidos: se nos funde vivos ante cualquier delito, deuda al fisco o infracción. En cambio, los fulanos que nos gobiernan quieren retorcer la ley para salvar de la quema a los miembros de una élite que les permitirá gobernar contra el sentir y el pensar de la mayoría de los españoles. Cuando esto sucede, deja de existir la democracia, que queda en las meras formas para salvar las apariencias, degenerando en tiranía. Y a la tiranía hay que denunciarla, resistirla y enfrentarla.

Precisamente habló de ello D. Miguel de Cervantes, cautivo él mismo durante cinco años en Argel, cuando puso en boca de Don Quijote las siguientes palabras: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida; y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”.

Hace medio milenio, la única forma que conocían de perder la libertad, era el cautiverio. Pero en esta nuestra modernidad, ha sido sustituido el cautiverio a manos de los enemigos de nuestra fe y de nuestra libertad, por unos impuestos confiscatorios que igualan, y a menudo superan, las condiciones de la antigua servidumbre. No siempre es una ventaja que sean los tuyos los que te esclavizan, llamando libertad a la esclavitud. Es que además reivindican el sagrado derecho de aumentar indefinidamente nuestras contribuciones porque, según ellos, cuantos más impuestos les pagas, mayor es tu libertad. Y si ayer el enemigo de nuestra libertad fue el cautiverio a manos de los enemigos de nuestra fe… Hoy, el enemigo de la libertad son los tributos confiscatorios, a manos también de los enemigos de nuestra fe y del pueblo, al que estrujan en aras del poder, ofreciéndole a cambio servicios públicos perversos y diabólicos.

Sin embargo, libres como somos por la fe, con la libertad de los hijos de Dios, con los ojos puestos en el cielo, donde gozan ya de la victoria de Cristo nuestros mejores, y con los pies firmes en nuestra sagrada tierra, gritad conmigo: ¡Viva la Virgen del Pilar! ¡Viva España!

Para alertadigital


4 respuestas a «Yo también estoy a favor de la amnistía»

  1. Pese a todo yo tengo fe en la sangre española, una vez más. Tengo fe en su fe, por diluida que esté en gran parte. Porque, si el Padre está de nuevo con los que así sienten, poco podrá todo el oro del mundo y todas sus perversas voluntades. No hay que perder la esperanza( ni por supuesto la fe ), y, si está en el devenir del mundo, de esta vida, que no salgamos de esta nueva, por algo será sin duda. Pero, no hay como estar del lado del Bien, de la Verdad, para afrontar cualquier maldad. Peor ellos en su confusión, que les alimente su soberbia, a ver a donde les lleva. En un mundo en el que nos someten, y en el que proyectan pisotearnos aún mucho más, ninguno de ellos se sentirá tampoco a salvo entre los suyos: unos por miedo a perder el poder, por represalias, por miedo al miedo… están proyectando/han proyectado, un infierno en la tierra, y lo van a tener de seguir las cosas así. Basta ver las calles desiertas de Corea del Norte, negrísimo futuro.

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