ESCUCHAR NOTICIA: {gspeech language=es autoplay=0}Pío XI instituyó la fiesta en 1925 para responder al laicismo. Un siglo largo después, la pregunta sigue intacta: ¿reina Cristo solo en las sacristías o también en la vida pública?
Monumento al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles (Getafe, Madrid): fotografía de Cruccone (2011) · Wikimedia Commons · licencia CC BY 3.0 · Más información.
El Cerro de los Ángeles, en Getafe, está en el centro geográfico de España. El 30 de mayo de 1919, Alfonso XIII inauguró allí el monumento y consagró España al Sagrado Corazón de Jesús. En agosto de 1936, ya en plena Guerra Civil, un grupo de milicianos subió a «fusilarlo» simbólicamente: tardaron días en derribarlo y la cabeza de la imagen anduvo por las calles atada a un caballo, según recuerda ACI Prensa. El monumento que hoy corona el cerro, levantado entre 1944 y 1965, luce en el friso de la portada una inscripción que cualquiera puede leer de cerca: «Venid a mí todos los que trabajáis y vivís agobiados, que yo os aliviaré».
Ese cerro tiene su fiesta: Cristo Rey, que la liturgia tradicional celebra el próximo domingo 25 de octubre. La fiesta carga con fama de devoción de sacristía y nostalgia de tronos. Nació, sin embargo, como respuesta a un problema muy concreto: el laicismo que Pío XI veía avanzar por Europa y que un siglo después no ha perdido fuerza. ¿Tiene Cristo algo que decir a las leyes y a la vida pública, o su reinado queda encerrado entre las paredes de un templo?
Nacida contra el laicismo
Llegó tarde y a contracorriente. El 11 de diciembre de 1925, Pío XI publicó la encíclica Quas Primas, que instituyó para toda la Iglesia la fiesta de Cristo Rey, fijada «el último domingo de octubre». Era la Europa de entreguerras, y Pío XI lo dijo sin rodeos: «Juzgamos peste de nuestros tiempos al llamado laicismo con sus errores y abominables intentos». A renglón seguido explicaba cómo se incuba esa impiedad: «Se comenzó por negar el imperio de Cristo sobre todas las gentes».
De ahí el carácter público que la fiesta tuvo desde el principio. La encíclica recuerda que reconocer a Cristo «no sólo obliga a los particulares, sino también a los magistrados y gobernantes», y añade una instrucción que parece escrita para estos días: «cuanto más se oprime con indigno silencio el nombre suavísimo de nuestro Redentor, en las reuniones internacionales y en los Parlamentos, tanto más alto hay que gritarlo». Después, la reforma del calendario litúrgico de 1969 trasladó la fiesta al último domingo del año litúrgico. El calendario tradicional conserva la fecha original: el último domingo de octubre, este año el día 25.
No es una metáfora piadosa
Bernardo Pollicino lo subrayaba en una entrevista en El Español Digital: «El Reinado de Cristo no es una metáfora piadosa: es una verdad doctrinal definida por la Iglesia». Pío XI apoya esa realeza en dos títulos: es Rey por la unión hipostática, por ser el Verbo encarnado, y por la redención, porque nos compró con su sangre. De ahí que su autoridad abarque a toda la naturaleza humana, sin parcelas exentas: «Es, pues, necesario que Cristo reine en la inteligencia del hombre», escribió, y también en la voluntad, en el corazón y en el cuerpo, porque «no hay en nosotros ninguna facultad que se sustraiga a tan alta soberanía».
El Catecismo de la Iglesia Católica lo enseña así: «el deber de rendir a Dios un culto auténtico corresponde al hombre individual y socialmente considerado» (§ 2105). La fe no se agota en la vida privada. Y en el Sagrado Corazón encuentra esta realeza su mejor emblema. Lo señalaba Religión en Libertad el pasado noviembre: en el corazón de Cristo se manifiesta «un corazón que reina amando y que ama reinando», porque quiere «ser conocido y amado: reinando».
Un destierro silencioso
Más de un siglo después, aquella «peste» sigue entre nosotros con otros modales. Rara vez se ataca hoy la fe de frente; lo eficaz es dejar a Cristo en una capilla privada, con una hora de misa los domingos, mientras las decisiones públicas, la educación y la cultura se toman a sus espaldas. Pollicino lo describe con precisión: «El laicismo actual no es simple neutralidad del Estado: es, en muchos casos, la exclusión práctica de Dios de la vida pública». Las secuelas que él enumera se ven en cualquier barrio: matrimonios y familias rotas, autoridad desdibujada, polarización y un vacío espiritual que atraviesa a toda la sociedad.
En Infovaticana, Kristen Ziccarelli escribía: «mucha gente hoy se conforma con relegar la fe a la esfera privada». Y concluía: «Cristo no deja de ser Rey aunque nuestros dirigentes electos no lo reconozcan». La realeza no depende de encuestas ni de mayorías, tampoco de reconocimientos oficiales. Lo que se resiente cuando se destierra a Cristo no es su reinado, sino la sociedad que lo destierra: «una sociedad que expulsa a Dios termina expulsando también al hombre», advertía Pollicino.
Comenzar por casa
¿Y qué se puede hacer? Pío XI dejó la respuesta al instituir la fiesta: cada año, en ese día, debía renovarse «la consagración de todo el género humano al Sacratísimo Corazón de Jesús». El camino empieza en las casas, y así lo entendió Pollicino cuando presentó la campaña de entronización del Sagrado Corazón que impulsa la Asociación Rescoldo Hispánico. Una imagen de Cristo Rey entronizada en un lugar de honor de la casa, con su compromiso familiar, «había transformado familias durante más de un siglo»; «hoy está casi olvidada en España y en toda la Hispanidad». La promesa que dio origen a esa devoción, «Reinaré en España», hecha al padre Bernardo de Hoyos, no es, subraya, «un eslogan chauvinista». Y avisa: «Su reinado no avanza por decretos, sino por la conversión y la entrega de las personas».
La campaña incluye incluso un «equipo de supervivencia espiritual»: imagen, chapa para la puerta, detente para el coche, certificado de entronización y un vademécum con oraciones y catequesis. La idea es que la entronización no sea «un gesto puntual, sino el comienzo de un camino espiritual». El del Cerro de los Ángeles tampoco fue un camino corto: se empezó a hablar del monumento a principios del siglo XX, hubo que recorrer España recaudando fondos y la primera piedra no se puso hasta 1917. En 2019, cien años después de la consagración de Alfonso XIII, España renovó aquella consagración al Sagrado Corazón a los pies del cerro.
El domingo 25 está a la vuelta de la esquina. Quien quiera seguir tirando del hilo tiene un buen mapa en la Enciclopedia Católica: la voz Cristo Rey reúne la historia de la fiesta, su fundamento doctrinal y su lugar en el año litúrgico. Y queda una pregunta: ¿basta con rezarle en privado, mientras el lunes la vida pública se organiza sin Él?{/gspeech}
Pío XI instituyó la fiesta en 1925 para responder al laicismo. Un siglo largo después, la pregunta sigue intacta: ¿reina Cristo solo en las sacristías o también en la vida pública?
Monumento al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles (Getafe, Madrid): fotografía de Cruccone (2011) · Wikimedia Commons · licencia CC BY 3.0 · Más información.
El Cerro de los Ángeles, en Getafe, está en el centro geográfico de España. El 30 de mayo de 1919, Alfonso XIII inauguró allí el monumento y consagró España al Sagrado Corazón de Jesús. En agosto de 1936, ya en plena Guerra Civil, un grupo de milicianos subió a «fusilarlo» simbólicamente: tardaron días en derribarlo y la cabeza de la imagen anduvo por las calles atada a un caballo, según recuerda ACI Prensa. El monumento que hoy corona el cerro, levantado entre 1944 y 1965, luce en el friso de la portada una inscripción que cualquiera puede leer de cerca: «Venid a mí todos los que trabajáis y vivís agobiados, que yo os aliviaré».
Ese cerro tiene su fiesta: Cristo Rey, que la liturgia tradicional celebra el próximo domingo 25 de octubre. La fiesta carga con fama de devoción de sacristía y nostalgia de tronos. Nació, sin embargo, como respuesta a un problema muy concreto: el laicismo que Pío XI veía avanzar por Europa y que un siglo después no ha perdido fuerza. ¿Tiene Cristo algo que decir a las leyes y a la vida pública, o su reinado queda encerrado entre las paredes de un templo?
Nacida contra el laicismo
Llegó tarde y a contracorriente. El 11 de diciembre de 1925, Pío XI publicó la encíclica Quas Primas, que instituyó para toda la Iglesia la fiesta de Cristo Rey, fijada «el último domingo de octubre». Era la Europa de entreguerras, y Pío XI lo dijo sin rodeos: «Juzgamos peste de nuestros tiempos al llamado laicismo con sus errores y abominables intentos». A renglón seguido explicaba cómo se incuba esa impiedad: «Se comenzó por negar el imperio de Cristo sobre todas las gentes».
De ahí el carácter público que la fiesta tuvo desde el principio. La encíclica recuerda que reconocer a Cristo «no sólo obliga a los particulares, sino también a los magistrados y gobernantes», y añade una instrucción que parece escrita para estos días: «cuanto más se oprime con indigno silencio el nombre suavísimo de nuestro Redentor, en las reuniones internacionales y en los Parlamentos, tanto más alto hay que gritarlo». Después, la reforma del calendario litúrgico de 1969 trasladó la fiesta al último domingo del año litúrgico. El calendario tradicional conserva la fecha original: el último domingo de octubre, este año el día 25.
No es una metáfora piadosa
Bernardo Pollicino lo subrayaba en una entrevista en El Español Digital: «El Reinado de Cristo no es una metáfora piadosa: es una verdad doctrinal definida por la Iglesia». Pío XI apoya esa realeza en dos títulos: es Rey por la unión hipostática, por ser el Verbo encarnado, y por la redención, porque nos compró con su sangre. De ahí que su autoridad abarque a toda la naturaleza humana, sin parcelas exentas: «Es, pues, necesario que Cristo reine en la inteligencia del hombre», escribió, y también en la voluntad, en el corazón y en el cuerpo, porque «no hay en nosotros ninguna facultad que se sustraiga a tan alta soberanía».
El Catecismo de la Iglesia Católica lo enseña así: «el deber de rendir a Dios un culto auténtico corresponde al hombre individual y socialmente considerado» (§ 2105). La fe no se agota en la vida privada. Y en el Sagrado Corazón encuentra esta realeza su mejor emblema. Lo señalaba Religión en Libertad el pasado noviembre: en el corazón de Cristo se manifiesta «un corazón que reina amando y que ama reinando», porque quiere «ser conocido y amado: reinando».
Un destierro silencioso
Más de un siglo después, aquella «peste» sigue entre nosotros con otros modales. Rara vez se ataca hoy la fe de frente; lo eficaz es dejar a Cristo en una capilla privada, con una hora de misa los domingos, mientras las decisiones públicas, la educación y la cultura se toman a sus espaldas. Pollicino lo describe con precisión: «El laicismo actual no es simple neutralidad del Estado: es, en muchos casos, la exclusión práctica de Dios de la vida pública». Las secuelas que él enumera se ven en cualquier barrio: matrimonios y familias rotas, autoridad desdibujada, polarización y un vacío espiritual que atraviesa a toda la sociedad.
En Infovaticana, Kristen Ziccarelli escribía: «mucha gente hoy se conforma con relegar la fe a la esfera privada». Y concluía: «Cristo no deja de ser Rey aunque nuestros dirigentes electos no lo reconozcan». La realeza no depende de encuestas ni de mayorías, tampoco de reconocimientos oficiales. Lo que se resiente cuando se destierra a Cristo no es su reinado, sino la sociedad que lo destierra: «una sociedad que expulsa a Dios termina expulsando también al hombre», advertía Pollicino.
Comenzar por casa
¿Y qué se puede hacer? Pío XI dejó la respuesta al instituir la fiesta: cada año, en ese día, debía renovarse «la consagración de todo el género humano al Sacratísimo Corazón de Jesús». El camino empieza en las casas, y así lo entendió Pollicino cuando presentó la campaña de entronización del Sagrado Corazón que impulsa la Asociación Rescoldo Hispánico. Una imagen de Cristo Rey entronizada en un lugar de honor de la casa, con su compromiso familiar, «había transformado familias durante más de un siglo»; «hoy está casi olvidada en España y en toda la Hispanidad». La promesa que dio origen a esa devoción, «Reinaré en España», hecha al padre Bernardo de Hoyos, no es, subraya, «un eslogan chauvinista». Y avisa: «Su reinado no avanza por decretos, sino por la conversión y la entrega de las personas».
La campaña incluye incluso un «equipo de supervivencia espiritual»: imagen, chapa para la puerta, detente para el coche, certificado de entronización y un vademécum con oraciones y catequesis. La idea es que la entronización no sea «un gesto puntual, sino el comienzo de un camino espiritual». El del Cerro de los Ángeles tampoco fue un camino corto: se empezó a hablar del monumento a principios del siglo XX, hubo que recorrer España recaudando fondos y la primera piedra no se puso hasta 1917. En 2019, cien años después de la consagración de Alfonso XIII, España renovó aquella consagración al Sagrado Corazón a los pies del cerro.
El domingo 25 está a la vuelta de la esquina. Quien quiera seguir tirando del hilo tiene un buen mapa en la Enciclopedia Católica: la voz Cristo Rey reúne la historia de la fiesta, su fundamento doctrinal y su lugar en el año litúrgico. Y queda una pregunta: ¿basta con rezarle en privado, mientras el lunes la vida pública se organiza sin Él?
3 respuestas a «Cristo Rey: el Rey que no cabe en la sacristía»
Excelentes reflexiones sobre CRISTO REY y su festividad del próximo domingo que hay que celebrar.
Sobre la Realeza de CRISTO, publiqué ayer en El Debate, el siguiente comentario:
La Iglesia es una institución humana de origen divino y, justo, su origen divino dirige su actuación a través de los siglos.
Con independencia de los Evangelios y las Enciclicas Papales el principio rector es la Realeza de Cristo y, su Iglesia NO es una democracia sino como consecuencia de esa Realeza y del principio que la sustenta que es que TODO poder procede de DIOS.
La consecuencia del poder divino es que toda la actuación no solo religiosa sino civil de la Iglesia tiene que orientarse al poder divino y los designios de nuestro Creador en ese sentido de priorizar que la Iglesia es una Monarquia orientada al deseo de DIOS que es la Salvación de las Almas.
La Historia de la Iglesia es la Historia de la Salvación de las Almas y en ese sentido del mandato divino, no se concibe el “DIALOGO” …. CRISTO NO dijo a sus discipulos “Id y dialogad con otras religiones” sino que ordenó “Id y convertid las Almas” … (“proclamad el Evangelio”).
Por otra parte, la Iglesia en su actuación “civil” opta por el mal menor, es decir, apoyar a determinados Partidos, como, por ejemplo, la Democracia Cristiana” que en varias naciones europeas fue un estruendoso fracaso y su actuación en muchos asuntos fue un fiasco para la postura de la Iglesia.
Y, siguiendo la estela de esa “Dempcracia Cristiana” se inscribe el movimiento herético denominado “Catolicismo Liberal” que es la fuente de todos, TODOS, los males que aquejan tanto a la Iglesia como a la sociedad civil.
El “Catolicismo Liberal” acepta todas las Constituciones que al otorgar todo el poder civil al pueblo (léase “democracia”) se oponen al principio de que el Poder es Divino.
En el caso de nuestra Patria, desde la primera Constitución de 1812 y todas las que le han seguido han sido un estruendoso fracaso para la Iglesia y para nuestra Patri
El “Catolicismo Liberal” tiene muy poco de Catolicismo y mucho de Liberal..
Gracias por la lectura y, por favor, recuperemos el
VIVA CRISTO REY, testimonio de CRISTO y de su Realeza.
En Mallorca, a han puesto el punto de mira en un gran Cristo que corona una montaña. No tardaran en poner sus ojos de serpiente en Getafe, en El Cerro de los Ángeles.
Excelentes reflexiones sobre CRISTO REY y su festividad del próximo domingo que hay que celebrar.
Sobre la Realeza de CRISTO, publiqué ayer en El Debate, el siguiente comentario:
La Iglesia es una institución humana de origen divino y, justo, su origen divino dirige su actuación a través de los siglos.
Con independencia de los Evangelios y las Enciclicas Papales el principio rector es la Realeza de Cristo y, su Iglesia NO es una democracia sino como consecuencia de esa Realeza y del principio que la sustenta que es que TODO poder procede de DIOS.
La consecuencia del poder divino es que toda la actuación no solo religiosa sino civil de la Iglesia tiene que orientarse al poder divino y los designios de nuestro Creador en ese sentido de priorizar que la Iglesia es una Monarquia orientada al deseo de DIOS que es la Salvación de las Almas.
La Historia de la Iglesia es la Historia de la Salvación de las Almas y en ese sentido del mandato divino, no se concibe el “DIALOGO” …. CRISTO NO dijo a sus discipulos “Id y dialogad con otras religiones” sino que ordenó “Id y convertid las Almas” … (“proclamad el Evangelio”).
Por otra parte, la Iglesia en su actuación “civil” opta por el mal menor, es decir, apoyar a determinados Partidos, como, por ejemplo, la Democracia Cristiana” que en varias naciones europeas fue un estruendoso fracaso y su actuación en muchos asuntos fue un fiasco para la postura de la Iglesia.
Y, siguiendo la estela de esa “Dempcracia Cristiana” se inscribe el movimiento herético denominado “Catolicismo Liberal” que es la fuente de todos, TODOS, los males que aquejan tanto a la Iglesia como a la sociedad civil.
El “Catolicismo Liberal” acepta todas las Constituciones que al otorgar todo el poder civil al pueblo (léase “democracia”) se oponen al principio de que el Poder es Divino.
En el caso de nuestra Patria, desde la primera Constitución de 1812 y todas las que le han seguido han sido un estruendoso fracaso para la Iglesia y para nuestra Patri
El “Catolicismo Liberal” tiene muy poco de Catolicismo y mucho de Liberal..
Gracias por la lectura y, por favor, recuperemos el
VIVA CRISTO REY, testimonio de CRISTO y de su Realeza.
¡Viva Cristo Rey!
Me adhiere
Viva Cristo Rey
En Mallorca, a han puesto el punto de mira en un gran Cristo que corona una montaña. No tardaran en poner sus ojos de serpiente en Getafe, en El Cerro de los Ángeles.