Defensa provoca a Rusia

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Hace unos días saltaba una noticia realmente alarmante, según la cual el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), think tank del Ministerio de Defensa, en el epígrafe «Impacto de las dinámicas geopolíticas en España» de un informe titulado «Análisis de tendencias geopolíticas a escala global» afirmaba que «…el Kremlin esté aprovechando el órdago catalán para desestabilizar, empleando para ello una política destinada a generar confusión  desde las redes sociales, en una línea similar a la utilizada para influir en las recientes elecciones de Estados Unidos… Moscú aspira a fomentar las desavenencias en Cataluña para de ese modo debilitar a un Estado miembro de la OTAN… Esta estrategia puede reproducirse en nuestro propio país (vinculado al caso catalán o a otros similares/potenciales)..”. Nada más y nada menos.

La cuestión, tal y como se presentaba, era de órdago a la grande, toda vez que suponía una acusación directa, por parte de un organismo del Ministerio de Defensa español,  o sea oficial, no sólo de injerencia de una nación, Rusia, en los asuntos internos de otra, España, sino que según el informe aquélla nos atacaba directamente utilizando las redes sociales, virtuales, sí, pero hoy en día eficacísimas, y lo hacía buscando nuestra inestabilidad interna y desintegración territorial; hace no muchas décadas tal afirmación hubiera sido considerada casus belli por ambas partes.

Enseguida saltaron las alarmas, como es lógico. Y poco a poco se fue desgranando el meollo de lo ocurrido.

Tte. Gral. Rafael Sánchez Ortega

Resulta que el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN), que dirige el Teniente General del Ejército del Aire Rafael Sánchez Ortega, está constituido por la Escuela Superior de las FAS (ESFAS), el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), el Centro Conjunto de Desarrollo de Conceptos (CCDC) y la Comisión Española de Historia Militar (CEHISMI).

Gral. Miguel Ángel Ballesteros Martín

De entre ellos, el IEEE, que dirige el General de Brigada Miguel Ángel Ballesteros Martín, dice dedicarse a «…basado en el respeto a los principios básicos de las sociedades democráticas de libertad de pensamiento y expresión, desarrollar la conciencia de seguridad y defensa, es decir, la comprensión de su importancia para la protección de la sociedad, sus intereses y sus valores, a través de la reflexión libre y responsable sobre los conocimientos que proporciona por medio del debate y análisis de los nuevos escenarios que afectan a nuestra seguridad, y sobre las doctrinas y estrategias que pretenden garantizarla.»; lo cual, dicho sea de paso, suena a una gaseosa espantosa.

En tal organismo, comenzando por su director, se apiñan una serie de autodenominados «analistas», o sea de «pensantes», todos formados, o mejor decir «deformados», en disciplinas tan etéreas como son las «ciencias políticas» y sus anejos de todo pelaje, que todavía hoy en día no se sabe muy bien para qué sirven realmente, excepto para que los que las profesan logren pasar la vida dando conferencias, escribiendo articulitos y monografías a diestro y siniestro en las que todo parece que lo dicen, pero que en realidad nada concretan; todo parece que lo saben, pero nada cuentan; todo lo pronostican, pero pasado el tiempo nadie se acuerda de si acertaron o no, y ellos tampoco tienen ningún interés en que se recuerde. En realidad, seamos sinceros, todo lo que dicen y escriben a nadie le interesa. El IEEE es una de esas cosas que todos asumen que hay que tener, pero que todos saben que para nada sirven. Bueno, para lo que sirve es para que unos cuantos pasen la vida lucubrando mientras dan lustre y vaselina a la inmensa prepotencia y soberbia que les suele caracterizar.

José Baqués Quesada

Además de los citados, está una persona muy experta en todo lo que hemos dicho en el párrafo anterior, José Baqués Quesada, licenciado en Derecho y, cómo no, en Ciencias Políticas, profesor de la universidad de Barcelona, articulista, conferenciante, escritor de multitud de monografías y bla, bla, bla, siempre en la tónica que hemos señalado.

Pues bien, este personaje, que al parecer no tenía otra cosa que hacer ese día, fue el elaborador del documento citado, constituido por un largo, aburrido, espeso y pastoso cúmulo de predicciones cuya característica principal es la imposibilidad de comprobarlas –con eso cuenta él– y, por otro, de afirmaciones categóricas para sustentar las cuales no aporta nada, ni una prueba, sólo su palabra. O sea, que José Baqués es un representante perfecto del tradicional vendeburras nacional cuyo lema es siempre el mismo: «ni sí, ni no, sino todo lo contrario».

El problema es que en esta ocasión el tiro le salió por la culata desde el momento en que su tremenda afirmación cayó en manos de algún periodista; vaya usted a saber por qué.

La cosa es que Baqués escribió el informe y lo mandó al IEEE, como siempre seguro de que nadie lo iba a leer, pero que todos le iban a felicitar; y suponemos que a pagar, aunque no lo podemos asegurar. El Gral. Ballesteros, su director, se lo tragó o, mejor dicho, ni lo leyó, entre otras cosas porque ya tiene bastante con dedicarse a sus propios análisis, a dar su conferencias y a escribir sus monografías para aumentar currículum; y es que en mundo tan competitivo como es en el que andan todos ellos, nadie lee lo del otro, pues hasta ahí podíamos llegar.  Y, claro, el Tte. Gral. Sánchez Ortega, director de ambos, o sea, del CESEDEN, para qué les quiero contar, pues sólo faltaría que fuera a leer los rollos que le endilgan sus subordinados.

La mala suerte hizo, como hemos dicho, que alguien, por el camino, se leyó el tocho y se dio cuenta de que la afirmación de Baqués sobre injerencias rusas en el proceso separatista catalán tenía chicha y era una bomba. Claro que las autoridades rusas, lógicamente, cuando les llegó la acusación, pusieron el grito en el cielo, bien que lo tuvieron fácil para devolver la pelota y se limitaron a decir que lo prueben y entonces hablaremos; o sea, lo que cualquier hijo de vecino hubiera dicho en caso similar.

Con todo, y como también es lógico, sonaron los teléfonos. El embajador ruso llamó al MAE dando la queja y pidiendo explicaciones. El MAE llamó a Cospedal que, histérica, requirió explicaciones al Tte. Gral. Sánchez quien no tenía ni puñetera idea. Éste llamó al Gral. Ballesteros que menos puñetera idea tenía todavía. Y este último, al tiempo que pedía el informe para leérselo, llamaba a Baqués a su casa, el cual andaba lucubrando su próximo análisis ajeno al pollo que había montado. Todos ellos, como vemos, cogidos en pelota picada.

La conclusión del caso fue la rápida salida a la palestra de Méndez de Vigo, esa lumbrera, y de Cospedal, esa pobrecita, diciendo que nada de nada, que no hay pruebas, que Defensa nunca, que si patatín, que si patatán. O sea, todo un fiasco tercermundista.

¿Por qué? Por lo de siempre. Porque Cospedal no sabe ni dónde se sienta. Porque el director del CESEDEN se sienta, pero no sabe dónde. Porque el del IEEE se dedica a sus cosas sentado en su silla de la universidad Pontificia de Salamanca. Porque Baqués, sentado en su casa, dormita soñando con su próximo informe. Porque la falta de profesionalidad de estos militares que sufrimos, de estos que han hecho «la carrera» llenándoseles la boca de constitución y democracia, pero vaciándola de España, son lo que son. Y gracias que hoy los días pasan más rápido que nunca, porque en otra época donde los hombres eran hombres, los líderes eran líderes, los pueblos eran pueblos, las naciones eran naciones y los Generales eran Generales, a estas horas Cospedal, Sánchez Ortega, Ballesteros Martín y el ínclito Baqués nos habrían metido en una guerra con Rusia de esas de mírame y no me toques.

Si como dice el propio IEEE actúan «a través de la reflexión libre y responsable«, como lo ocurrido es una manifiesta irresponsabilidad, una patente negligencia, Cospedal lo tiene muy fácil: que se cepille, con perdón, al Tte. Gral. Sánchez Ortega y al Gral. Ballesteros, porque o no leyeron la burrada, lo que era su obligación para neutralizarla, o porque si la leyeron estuvieron de acuerdo con ella, que es peor, y, por supuesto, que también se cepille, con perdón, a Baqués.

Y que a los que ponga en su vez les deje bien claro que ni con España ni con su defensa se juega; que no están para acusar a nadie de nada si no tienen pruebas; que se dediquen a su trabajo y no a sus conferencias, artículos, cursitos, etc.; que cobran por hacer algo; que ya está bien de estupideces.

 

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