León XIV y la construcción de un nuevo orden social sin Jesucristo como principio de unidad
Dios tiene derecho a estar presente, pero no a determinar el orden común
La cuestión que planteamos tiene una considerable importancia teológica porque afecta no solamente a las relaciones de la Iglesia con el mundo, sino a la propia concepción de la misión eclesial.
Lo que, en definitiva, está en juego es si la verdad de la fe católica -Jesucristo- gobierna realmente el proyecto de la nueva familia humana universal que propugna León XIV, o, por el contrario, si queda integrada en él, pero sólo como una contribución más a la fraternidad universal.
Lo anterior nos lleva a una pregunta fundamental: ¿Puede la Iglesia promover un nuevo orden de convivencia universal sin reconocer y proponer a Jesucristo y su verdad revelada como principio superior que debe iluminar y ordenar la vida de las sociedades? Y, si lo hace, ¿no corre el riesgo de apartarse de su misión sobrenatural de salvar las almas para asumir en su lugar una misión puramente natural, orientada al bienestar temporal de la humanidad, en la que Jesucristo deja de ocupar el centro?

Y si la Iglesia se aparta de su misión sobrenatural, ¿qué razón de ser le queda? ¿Para qué fundó entonces Jesucristo su Iglesia?
Porque, Jesucristo no fundó la Iglesia para construir una sociedad universal de bienestar temporal, sino para continuar su obra redentora y conducir a los hombres a la salvación eterna. La Iglesia católica tiene también responsabilidades respecto del orden temporal, pero estas no constituyen su fin último.
Para responder a las preguntas anteriores distinguimos dos cosas. Una, que la Iglesia colabore con los Estados, las organizaciones internacionales y las personas de otras religiones para alcanzar determinados bienes temporales, como la paz, la justicia y la protección de la vida humana. Esa colaboración es legítima y no exige que todos compartan la fe católica.
Otra, muy distinta, sería presentar esa colaboración como el horizonte principal de la misión de la Iglesia, de tal manera que la fraternidad humana, el diálogo y la construcción de una sociedad universal pasaran a ocupar el lugar rector que corresponde a Jesucristo y a la salvación sobrenatural.
Aquí aparece el problema de fondo.
León XIII, en su encíclica Immortale Dei, sobre la constitución cristiana del Estado, de 1885, enseña que la sociedad política no puede considerarse autónoma respecto de Dios en el orden moral. Su doctrina no consistía simplemente en recomendar que las autoridades fueran respetuosas con los sentimientos religiosos de los ciudadanos. Afirmaba que las sociedades, como tales, tienen deberes para con Dios[1] y que la verdad religiosa no es indiferente para la constitución del orden social[2].
León XIII rechaza expresamente que los Estados puedan obrar como si Dios no existiera[3] o considerar la religión como una realidad ajena a la vida pública; y recuerda que la Iglesia tiene como fin propio la salvación eterna de las almas[4].
Estamos ante una concepción de la sociedad en la que las realidades temporales no tienen independencia absoluta respecto de Dios y de la ley moral.
La cuestión que suscita la insistencia de León XIV sobre la fraternidad universal es si la dependencia de Dios y de la ley moral sigue dirigiendo efectivamente la acción social propuesta por él o si, aun permaneciendo formalmente reconocida, ha dejado de desempeñar su función ordenadora y rectora.
Pues, no basta con mencionar a Jesucristo dentro de un proyecto de convivencia universal, como hace León XIV en su encíclica, sino saber qué lugar ocupa Cristo en ese proyecto; si es reconocido como Señor y fin último de la humanidad o si aparece principalmente como inspiración religiosa de unos valores humanitarios que también podrían ser suscritos sin reconocer su divinidad ni la misión sobrenatural de su Iglesia.

Existe una diferencia esencial entre una sociedad que reconoce la verdad de Cristo y una sociedad en la que las distintas religiones colaboran en un proyecto común sin que ninguna verdad religiosa pueda determinar su orientación fundamental. Pues no es lo mismo reconocer a Jesucristo relevante para el bien común de la sociedad, que limitar la verdad religiosa a la esfera de las convicciones particulares.
La primera perspectiva remite a la doctrina tradicional del reinado social de Cristo. La segunda describe un acuerdo civil limitado entre personas de convicciones diferentes, pero se vuelve teológicamente problemática si pretende constituirse en el ideal último que la Iglesia debe promover.
El problema no es colaborar con quienes no profesan la fe católica. El problema surgiría si esa colaboración terminara sustituyendo, en la práctica, la misión de convertir a los hombres a Jesucristo.
En Magnifica Humanitas encontramos elementos que permiten formular esta crítica con mayor precisión. En el n.º 16, León XIV habla de poner a Dios en el horizonte y al ser humano en el centro de las decisiones; en el n.º 187 propone edificar una familia humana universal de derechos y deberes compartidos; y en los números 223–226 otorga un papel destacado al diálogo interreligioso y a las organizaciones internacionales.
Estas afirmaciones, por sí solas, no permiten concluir que León XIV niegue la verdad de la Iglesia. La encíclica contiene, ciertamente, referencias explícitas a Jesucristo, a la Encarnación y a la Eucaristía. Sin embargo, la cuestión no reside tanto en las verdades que el documento reconoce y proclama cuanto en el lugar que esas verdades ocupan en el proyecto de sociedad que propone. Lo que debe examinarse es si Jesucristo y su doctrina constituyen realmente el fundamento que orienta y ordena ese proyecto, o si permanecen como referencias religiosas dentro de un modelo de convivencia universal construido sobre principios fundamentalmente humanos.
Y aquí tenemos fundadas dudas de que Jesucristo, con su ley y moral, sea el principio y el fundamento de la familia humana universa de León XIV.
Pío XI publicó su primera encíclica, Ubi arcano, el 23 de diciembre de 1922, donde expone las grandes orientaciones de su pontificado. Su programa quedó sintetizado en su célebre fórmula: “La paz de Cristo en el reino de Cristo”[5] (Pax Christi in regno Christi)
Tres años después, el 11 de diciembre de 1925, publicó su famosa encíclica Quas primas, en la que desarrolló la doctrina de la realeza de Jesucristo[6] y estableció la fiesta de Cristo Rey.
La relación entre ambas encíclicas es fundamental: en Ubi arcano, Pío XI anuncia la restauración del reinado de Cristo como condición de la verdadera paz; en Quas primas, explica doctrinalmente en qué consiste ese reinado y por qué alcanza también a las sociedades y a los poderes públicos.
De ahí surge la cuestión decisiva de nuestro artículo: Si la unidad del nuevo orden social se funda operativamente en la dignidad humana, los derechos compartidos, el diálogo y la cooperación internacional, mientras Jesucristo queda como una aportación particular entre otras, ¿no se está desplazando el principio tradicional de unidad desde Cristo hacia un consenso humano universal?
La encíclica Magnifica Humanitas y la Nota doctrinal con motivo del sesenta aniversario Nostra Aetate apuntan a esa dirección del consenso humano universal, y no hacia la paz de Cristo en el reino de Cristo.
¿Hacia dónde conduce León XIV a la Iglesia católica? ¿Hacia el cumplimiento de su misión sobrenatural de anunciar a Jesucristo y conducir las almas a la salvación, o hacia un proyecto de fraternidad universal que pretende reunir a las distintas religiones en torno a valores humanos compartidos, pero sin reconocer el reinado de Jesucristo como principio superior del orden social?
Porque, si la unidad que se propone construir entre los hombres ya no tiene su fundamento en la verdad revelada, sino en unos valores comunes aceptables para todas las religiones, debemos preguntarnos qué lugar ocupa realmente Jesucristo en ese proyecto y qué queda de la misión para la que fundó su Iglesia.
Y hemos de plantearnos una pregunta todavía más grave: ¿Hasta dónde podemos seguir a León XIV si la orientación que imprime a la Iglesia parece apartarse de la misión que Jesucristo le confió?
[1] “No se ha encontrado para constituir y gobernar el Estado un sistema superior al que brota espontáneamente de la doctrina del Evangelio” [Immortale Dei, 1]
[2] ·El poder público, en sí mismo considerado, no proviene sino de Dios. Sólo Dios es el verdadero y supremo Señor de las cosas” [ID, 2]
[3] “El Estado tiene el deber de cumplir por medio del culto público las numerosas e importantes obligaciones que lo unen con Dios. La razón natural, que manda a cada hombre dar culto a Dios piadosa y santamente, porque de El dependemos, y porque, habiendo salido de Él, a El hemos de volver, impone la misma obligación a la sociedad civil” [ID,3]
[4] “Y así como Jesucristo vino a la tierra para que los hombres tengan vida, y la tengan abundantemente, de la misma manera el fin que se propone la Iglesia es la salvación eterna de las almas” [ID,5]
[5] “Nos, prosiguiendo la doble finalidad de nuestros dos predecesores [Pío X y Benedicto XV], concentraremos todos nuestros esfuerzos en realizar la paz de Cristo en el reino de Cristo, confiados totalmente en la gracia de Dios, que, al llamarnos al supremo pontificado, nos ha prometido su permanente asistencia” [Ubi arcano,43]
“Todos estos motivos demuestran -con demasiada evidencia para sea necesario insistir- la íntima relación existente entre todas estas obras apostólicas y la estrecha conexión que tienen con la restauración tan deseada del reino de Cristo y con el retorno de la paz cristiana, imposible de lograr al margen d este reino: la paz de Cristo en el reino de Cristo” [Ibid,50].
[6] “Advertimos entonces que la paz de Cristo hay que buscarla en el reino de Cristo, y prometimos consagrar a esta labor todas nuestras fuerzas. Hemos dicho Enel reinado de Cristo, porque estábamos y estamos convencidos que el medio más eficaz para restablecimiento y la consolidación de la paz es la restauración de Jesucristo” [Quas primas, 1]

Como bien escribe D. Carlos, la clave para entender la deriva pastoral = y, en un futuro cercano, DOCTRINAL = son las Enciclicas «Immortale Dei» de León XIII y la «Quas Primas» de Pio XI que establecen, resumiendo, que el «orden politico» se debe plegar al «orden divino», consecuencia de la Realeza de CRISTO.
Prevost como continuador de Bergoglio transforma la «iglesia» en una fraternidad universal, amiguita del poder politico de las naciones y sus organismos derivados como la ONU, converger con las sectas protestantes, sobre todo las anglicanas, buscar la «paz del mundo» = en vez de la Paz de CRISTO =, dialogar y dialogar con musulmanes y judios, apoyar el cambio del clima, las vacunas, en defintiva una pastoral falsa que OKUPE y se adapte al mundo = la «fraternidad universal» = y, olvidarse de la mision fundamental de la Verdadera Iglesia que es la Salvación de las Almas.
Por desgracia, los masones que OKUPAN la vieja Iglesia de Roma, NO van a rectificar, porque el objetivo es el indicado, el convertir la iglesia en la iglesia de Lucifer y, plegarse a las consignas y designios de la secta judaica ortodoxa de la JABAD que es la que manda y ordena en este mundo perverso.
Las sociedades ya se encuentran, también, OKUPADAS por la presencia total del demonio en todos los aspectos de nuestras vidas.
TODOS los cantantes y actores famosos han pasado por la Sinagoga de la JABAD de Brooklyn donde reciben sus instrucciones para que contemplemos sus actuaciones que son las de LUCIFER.
En ese sentido, casi todos esos actores y cantantes han pactado con el DIABLO, pacto que es IRREVERSIBLE.
La pregunta que me hago es si Prevost ya lo ha hecho …
Gracias por sus trabajos, D. Carlos y perdone mis pronósticos, puede que un tanto atrevidos.
Al final, la falsa iglesia actual va a converger con la religión del AntiCristo, de la ONU y de la JABAD LUBAVICTH que es la de LUCIFER.
Viva CRISTO Rey
Desde el triunfo de Satanás en usurpar la Silla de Pedro con el masón de Roncalli en 1958, todavía no se había producido una constatación tan palpable a nivel público de su dominio hasta la llegada de Bergoglio. A partir de ahí, todo fue escandalosamente descarado.
En este vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=TzAjzn50s4w (vídeo de 2 minutos)
tenemos a Bergoglio junto con Tucho en la Pontificia Universidad Católica Argentina otorgando al seguidor de los Deicidas Rabino Abraham Skorka el título de “Doctor Honoris Causa” de dicha universidad en 2012. En dicho acto TODOS aplauden de forma pública, notoria y difundida a todo el mundo la inminente venida de su mesías; es decir, del Anticristo. Que nadie tenga duda que Ratzinger (pleno conocerdor de estas inmundicias y a la que pertenecía) se apartó para acelerar el proceso de este “inminente venida” y no por ningún otro motivo superior.
Con tan solo este vídeo, es suficiente para comprobar la infiltración de la Iglesia en su Jerarquía, algo anunciado en la Biblia y que últimamente nos lo tiene recordado la Virgen.
Nadie con dos dedos de frente deja de observar y entender que los enemigos de N. S. JESUCRISTO igualmente han tomado las principales naciones cristianas haciéndoles perder sus raíces históricas y del resto de mundo pagano controlándolo por medio de la banca (El Banco de Pagos Internacionales que no rinde cuentas ante ningún gobierno y del que dependen todas las economías directa o indirectamente) y de sus presidentes de las naciones marionetas. El último golpe a realizar es la destrucción de Europa y para ello la INVASIÓN de musulmanes en estos países cristianos es una herramienta de lo más útil. En ello está este falso Papa Prevost que después de su actuación lacrimógena barata de Junio de este año en Las Palmas de Gran Canaria, se realizó una INVASIÓN ya sin tapujos en Ceuta. Las actuales protestas en Europa es otra fase más en este declive de la civilización cristiana, hacia la Gran Tribulación y la venida de esta bestia luciferina que impondrá su marca en la mano o en la frente.
¡Viva CRISTO Rey!
Por supuesto, muy estimado amigo Eugenio, que siendo este domingo la festividad de CRISTO REY, lo primero que tenemos que hacer, como propone la Comunión Tradicionalista es recuperar el grito de VIVA CRISTO REY
Por otro lado, ayer colgaba en un trabajo, un comentario en este EED una referencia, también, a La ESPERANZA donde en una «ceebración» religioso/progresista del Cardenal = o lo que sea = Cobo con varios «obispos = o lo que sean= de Barcelona, en la comida celebrada NI siquiera bendijeron la mesa y los alimentos como es nuestra costumbre …. e incluso los anglicanos la bendicen al principio y al final, en una oración que se llama «saying grace» …. estos miserables masones homosexuales NI siquiera se han aprendido su guion de Teatro ….. el colmo.
Un abrazo muy fuerte, Eugenio
VIVA CRISTO REY
VIVA CRISTO REY
VIVA CRISTO REY
Un fuerte abrazo Ignacio
¡Viva CRISTO Rey!
La doctina sembrada por Begoglio y Prevost no proviene del Evangelio. No se les puede hacer caso. Faltarles al respeto no es recomendable pues son autoridad y el respeto a la autoridad es algo querido por Dios porque Dios es autoridad. Hasta a las autoridades civiles se les debe un respeto, es lo que hizo el mismo Cristo con Pilatos, le dijo lo que le tenia que decir pero sin faltar al respeto. Un misterio.
Los -ismos de los amos marranos, hoy anglosionistas; sus gnosticismos de los últimos siglos, proceden de la corrupción y la manipulación del Cristianismo. Fundamentalmente las dos predominantes socialmente hoy son el liberalismo( relativismo ) y el socialismo( comunismo ); y en base a ellas se organiza el mundo, enfrentándolo, como de costumbre en toda antítesis.
Han de borrar hasta el recuerdo del Mesías( porque son enemigos de la Verdad ); cosa que no conseguirán completamente.
Aunque cueste creerlo, todo lo que pasa es por eso.