¿Os acordáis de Brahim Gali y la crisis de Ceuta en 2021?
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Hace cinco años, el líder del Frente Polisario y presidente de la RASD llegó a España para recibir tratamiento médico por el COVID.
Aquella decisión, absolutamente legítima desde el punto de vista humanitario, desencadenó una grave crisis con Marruecos que tuvo como escenario principal Ceuta.
¡Hasta le costó el puesto a la ministra de Asuntos Exteriores!
En mayo de 2021, miles de personas cruzaron la frontera ante la pasividad de las autoridades marroquíes.
Marruecos estaba enviando un mensaje.
Y cinco años después, volvemos a hablar de Ceuta.
Marruecos no ha renunciado a ninguna de sus aspiraciones expansionistas.
Ni respecto al Sáhara Occidental, ni respecto a Ceuta y Melilla.
Lo que sí ha cambiado es España.
En 2022, Pedro Sánchez decidió abandonar la posición histórica española de consenso sobre el Sáhara Occidental y abanderar la propuesta marroquí de autonomía.
Nos dijeron que ese giro serviría para abrir una nueva etapa con Marruecos, que tendríamos estabilidad, que Marruecos sería un socio estratégico, bla, bla, bla, bla.
Pero hay una pregunta que deberíamos hacernos ahora:
¿Ha servido esa política para tranquilizar las ambiciones de Marruecos?
La respuesta es bastante clara:
No.
Marruecos sigue reivindicando Ceuta y Melilla, sigue considerando el Sáhara Occidental parte de su proyecto territorial y sigue demostrando que está dispuesto a utilizar la presión política, diplomática y fronteriza cuando considera que sus intereses están en juego.
Entonces, ¿qué hemos conseguido?
España ha cedido sobre el Sáhara Occidental y ha respaldado la posición marroquí en contra de la tradición diplomática española y de la defensa del derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación e independencia.
Y, a cambio, esperaba encontrar un Marruecos más moderado y previsible.
Pero las concesiones no han hecho desaparecer sus aspiraciones.
Y ese es el verdadero problema.
No podemos analizar lo ocurrido en Ceuta como un episodio aislado.
Hay una línea que conecta muchas de estas crisis:
Brahim Gali.
El Sáhara Occidental.
La utilización de la frontera.
Las reivindicaciones sobre territorios españoles.
Y una política española que, en lugar de exigir a Marruecos que abandone sus pretensiones expansionistas, ha decidido hacer importantes concesiones para mantener una relación estable con Rabat.
Lo vimos en 2021 con Brahim Gali.
Lo hemos visto con el Sáhara Occidental.
Y ahora volvemos a verlo en Ceuta.
Por eso la pregunta no debería ser únicamente:
¿Qué está haciendo Marruecos?
También deberíamos preguntarnos:
¿Qué está haciendo España para impedirlo?
Defender una buena relación con un país vecino es razonable.
Aceptar sus exigencias estratégicas esperando que, a cambio, desaparezcan sus ambiciones expansionistas es otro temja.
Y hasta ahora, esa estrategia no parece haber funcionado.
Quienes llevamos décadas defendiendo al pueblo saharaui sabemos además que esto no es una cuestión aislada.
Necesitamos una política exterior que no vuelva a sacrificar al pueblo saharaui para conseguir una supuesta estabilidad que, como estamos comprobando, quizá nunca haya existido.
P. D. Quizá esta sea la gran lección de Ceuta: las concesiones españolas no han conseguido que Marruecos renuncie a sus aspiraciones. Al contrario, pueden haberle demostrado que la presión funciona. Y cuando eso ocurre, lo normal es que la presión continúe.
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Hace cinco años, el líder del Frente Polisario y presidente de la RASD llegó a España para recibir tratamiento médico por el COVID.
Aquella decisión, absolutamente legítima desde el punto de vista humanitario, desencadenó una grave crisis con Marruecos que tuvo como escenario principal Ceuta.
¡Hasta le costó el puesto a la ministra de Asuntos Exteriores!
En mayo de 2021, miles de personas cruzaron la frontera ante la pasividad de las autoridades marroquíes.
Marruecos estaba enviando un mensaje.
Y cinco años después, volvemos a hablar de Ceuta.
Marruecos no ha renunciado a ninguna de sus aspiraciones expansionistas.
Ni respecto al Sáhara Occidental, ni respecto a Ceuta y Melilla.
Lo que sí ha cambiado es España.
En 2022, Pedro Sánchez decidió abandonar la posición histórica española de consenso sobre el Sáhara Occidental y abanderar la propuesta marroquí de autonomía.
Nos dijeron que ese giro serviría para abrir una nueva etapa con Marruecos, que tendríamos estabilidad, que Marruecos sería un socio estratégico, bla, bla, bla, bla.
Pero hay una pregunta que deberíamos hacernos ahora:
¿Ha servido esa política para tranquilizar las ambiciones de Marruecos?
La respuesta es bastante clara:
No.
Marruecos sigue reivindicando Ceuta y Melilla, sigue considerando el Sáhara Occidental parte de su proyecto territorial y sigue demostrando que está dispuesto a utilizar la presión política, diplomática y fronteriza cuando considera que sus intereses están en juego.
Entonces, ¿qué hemos conseguido?
España ha cedido sobre el Sáhara Occidental y ha respaldado la posición marroquí en contra de la tradición diplomática española y de la defensa del derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación e independencia.
Y, a cambio, esperaba encontrar un Marruecos más moderado y previsible.
Pero las concesiones no han hecho desaparecer sus aspiraciones.
Y ese es el verdadero problema.
No podemos analizar lo ocurrido en Ceuta como un episodio aislado.
Hay una línea que conecta muchas de estas crisis:
Brahim Gali.
El Sáhara Occidental.
La utilización de la frontera.
Las reivindicaciones sobre territorios españoles.
Y una política española que, en lugar de exigir a Marruecos que abandone sus pretensiones expansionistas, ha decidido hacer importantes concesiones para mantener una relación estable con Rabat.
Lo vimos en 2021 con Brahim Gali.
Lo hemos visto con el Sáhara Occidental.
Y ahora volvemos a verlo en Ceuta.
Por eso la pregunta no debería ser únicamente:
¿Qué está haciendo Marruecos?
También deberíamos preguntarnos:
¿Qué está haciendo España para impedirlo?
Defender una buena relación con un país vecino es razonable.
Aceptar sus exigencias estratégicas esperando que, a cambio, desaparezcan sus ambiciones expansionistas es otro temja.
Y hasta ahora, esa estrategia no parece haber funcionado.
Quienes llevamos décadas defendiendo al pueblo saharaui sabemos además que esto no es una cuestión aislada.
Necesitamos una política exterior que no vuelva a sacrificar al pueblo saharaui para conseguir una supuesta estabilidad que, como estamos comprobando, quizá nunca haya existido.
P. D. Quizá esta sea la gran lección de Ceuta: las concesiones españolas no han conseguido que Marruecos renuncie a sus aspiraciones. Al contrario, pueden haberle demostrado que la presión funciona. Y cuando eso ocurre, lo normal es que la presión continúe.
Hace cinco años, el líder del Frente Polisario y presidente de la RASD llegó a España para recibir tratamiento médico por el COVID.
Aquella decisión, absolutamente legítima desde el punto de vista humanitario, desencadenó una grave crisis con Marruecos que tuvo como escenario principal Ceuta.
¡Hasta le costó el puesto a la ministra de Asuntos Exteriores!
En mayo de 2021, miles de personas cruzaron la frontera ante la pasividad de las autoridades marroquíes.
Marruecos estaba enviando un mensaje.
Y cinco años después, volvemos a hablar de Ceuta.
Marruecos no ha renunciado a ninguna de sus aspiraciones expansionistas.
Ni respecto al Sáhara Occidental, ni respecto a Ceuta y Melilla.
Lo que sí ha cambiado es España.
En 2022, Pedro Sánchez decidió abandonar la posición histórica española de consenso sobre el Sáhara Occidental y abanderar la propuesta marroquí de autonomía.
Nos dijeron que ese giro serviría para abrir una nueva etapa con Marruecos, que tendríamos estabilidad, que Marruecos sería un socio estratégico, bla, bla, bla, bla.
Pero hay una pregunta que deberíamos hacernos ahora:
¿Ha servido esa política para tranquilizar las ambiciones de Marruecos?
La respuesta es bastante clara:
No.
Marruecos sigue reivindicando Ceuta y Melilla, sigue considerando el Sáhara Occidental parte de su proyecto territorial y sigue demostrando que está dispuesto a utilizar la presión política, diplomática y fronteriza cuando considera que sus intereses están en juego.
Entonces, ¿qué hemos conseguido?
España ha cedido sobre el Sáhara Occidental y ha respaldado la posición marroquí en contra de la tradición diplomática española y de la defensa del derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación e independencia.
Y, a cambio, esperaba encontrar un Marruecos más moderado y previsible.
Pero las concesiones no han hecho desaparecer sus aspiraciones.
Y ese es el verdadero problema.
No podemos analizar lo ocurrido en Ceuta como un episodio aislado.
Hay una línea que conecta muchas de estas crisis:
- Brahim Gali.
- El Sáhara Occidental.
- La utilización de la frontera.
- Las reivindicaciones sobre territorios españoles.
Y una política española que, en lugar de exigir a Marruecos que abandone sus pretensiones expansionistas, ha decidido hacer importantes concesiones para mantener una relación estable con Rabat.
Lo vimos en 2021 con Brahim Gali.
Lo hemos visto con el Sáhara Occidental.
Y ahora volvemos a verlo en Ceuta.
Por eso la pregunta no debería ser únicamente:
¿Qué está haciendo Marruecos?
También deberíamos preguntarnos:
¿Qué está haciendo España para impedirlo?
Defender una buena relación con un país vecino es razonable.
Aceptar sus exigencias estratégicas esperando que, a cambio, desaparezcan sus ambiciones expansionistas es otro temja.
Y hasta ahora, esa estrategia no parece haber funcionado.
Quienes llevamos décadas defendiendo al pueblo saharaui sabemos además que esto no es una cuestión aislada.
Necesitamos una política exterior que no vuelva a sacrificar al pueblo saharaui para conseguir una supuesta estabilidad que, como estamos comprobando, quizá nunca haya existido.
P. D. Quizá esta sea la gran lección de Ceuta: las concesiones españolas no han conseguido que Marruecos renuncie a sus aspiraciones. Al contrario, pueden haberle demostrado que la presión funciona. Y cuando eso ocurre, lo normal es que la presión continúe.
Así es.
Claro, directo y contundente.
LA PURA VERDAD.
FRANCO y AZNAR, supieron como tratar a los moros…
SÁNCHEZ también «sabe tratar» a los moros:
Se pone de rodillas, y con los pantalones bajados, mirando hacia La Meca…
¿Y porque cree Vd que el gobierno del reino e España quiere conseguir algo beneficioso para España?
España lleva cediendo influencia y territorios a Marruecos desde 1975, eso si no se cuenta Ifni, y con estudiado programa y pasos cuidados va haciendo que tanto Ceuta y Melilla como Canarias se vayan llenado de moros poco a poco, y para que ls españoles traguen tambien les inundan la peninsula de fulanos con malas intenciones musulmanas.
No crean Vds que estan cosas pasan porque si, porque el moro mohame le ha dado una rabienta o un «pronto», es un estudiado programa que tiene sus fases y su ritmo, pero cuyo final se tiene a la vista, España perderá las ciudades de Norte de África y las Canarias.. Porque entre otras cosas ni hay ejército ni hay españoles. Luego ya se vera eso de Sevilla, Cordoba, Granada etc