¿Quién le pone el cascabel al gato?: ¿Felipe?
ESCUCHAR NOTICIA: {gspeech language=es autoplay=0}Admitiendo que la gestión gubernamental debe evaluarse en función de la complejidad de los contextos económicos y sociales, que los procesos judiciales por corrupción deben seguir los cauces correspondientes sin instrumentalizarse políticamente para deslegitimar de forma anticipada la labor de las instituciones públicas, y reconociendo la importancia del cumplimiento de los mandatos electorales para garantizar la estabilidad institucional, no se puede continuar aceptando como normal la situación que hemos vivido. Hemos tenido un Gobierno fuertemente contestado por una inmensa mayoría de ciudadanos, enfangado en la corrupción y con una gestión de crisis (falta de consensos de Estado, vivienda, caso Ceuta…) absolutamente desastrosa; un Gobierno que, tras convocar elecciones y traspasando la legalidad y la ética, adopta medidas de gran calado político que hipotecan a la nación.
Ahora bien, la cuestión fundamental no es tanto la gestión y el modo de actuar de este Gobierno —cuyos miembros no pueden ir a ningún acto sin ser fuertemente increpados—, sino el blanqueo que se ha hecho de la historia corrupta y criminal del PSOE desde la Transición. La prueba del algodón de este proceso llegó hasta el Partido Comunista de España, dirigido por «la rata» de Santiago Carrillo («Don Santiago» para Juan Carlos I «el apestado»), lo cual es razón suficiente para comprender cómo se actuó frente al terrorismo de ETA, cuya actuación por parte del Estado se viene blanqueando desde que la banda decidió dejar de matar.
Cuestión que pone a debate dos consideraciones:
La evolución ideológica de la derecha liberal (el Partido Popular) que no puede ocultar el hecho de haber asumido la hegemonía cultural y la memoria histórica de la izquierda. Desde esta perspectiva, destacan hitos como la condena del Alzamiento del 18 de julio de 1936 —mediante la proposición de la Comisión Constitucional del Congreso del 20 de noviembre de 2002, durante el gobierno de mayoría absoluta de José María Aznar— y las manifestaciones que los dirigentes del partido dispensaron al fallecido Alfredo Pérez Rubalcaba, omitiendo reprocharle su sectarismo ideológico y, sobre todo, su gestión durante el 11-M.
Y la utilidad, el rol y la estructura de nuestras Jefatura de Estado en momentos de crisis, tema central en la filosofía política y el derecho constitucional, especialmente al comparar sistemas republicanos y monárquicos.
Se va a necesitar mucho esfuerzo por parte del nuevo Gobierno para la regeneración y recomposición entre autoridad y obediencia, la regeneración de las instituciones, la canalización de los conflictos y la búsqueda de pactos de Estado. Siendo la participación de VOX determinante ante una izquierda, constitucional o antisistema, alzada, y muy seguramente dispuesta a lo peor… Lo de siempre.
Apropósito del artículo de don Ramiro Grau, «España concede pensiones vitalicias a los presidentes que arruinan el país», debate que contrasta con los principios éticos y legales, me hago una pregunta: ¿se tratará a estas gentes con cariño cuando sean ancianos si necesitaran vivir en residencias? Me contesto a mí mismo: si yo fuera cuidador, ¡no! Hasta este extremo nos ha llevado el modo de actuar de este sistema impregnado de odio, lucha y sectarismo.{/gspeech}
Admitiendo que la gestión gubernamental debe evaluarse en función de la complejidad de los contextos económicos y sociales, que los procesos judiciales por corrupción deben seguir los cauces correspondientes sin instrumentalizarse políticamente para deslegitimar de forma anticipada la labor de las instituciones públicas, y reconociendo la importancia del cumplimiento de los mandatos electorales para garantizar la estabilidad institucional, no se puede continuar aceptando como normal la situación que hemos vivido. Hemos tenido un Gobierno fuertemente contestado por una inmensa mayoría de ciudadanos, enfangado en la corrupción y con una gestión de crisis (falta de consensos de Estado, vivienda, caso Ceuta…) absolutamente desastrosa; un Gobierno que, tras convocar elecciones y traspasando la legalidad y la ética, adopta medidas de gran calado político que hipotecan a la nación.

Ahora bien, la cuestión fundamental no es tanto la gestión y el modo de actuar de este Gobierno —cuyos miembros no pueden ir a ningún acto sin ser fuertemente increpados—, sino el blanqueo que se ha hecho de la historia corrupta y criminal del PSOE desde la Transición. La prueba del algodón de este proceso llegó hasta el Partido Comunista de España, dirigido por «la rata» de Santiago Carrillo («Don Santiago» para Juan Carlos I «el apestado»), lo cual es razón suficiente para comprender cómo se actuó frente al terrorismo de ETA, cuya actuación por parte del Estado se viene blanqueando desde que la banda decidió dejar de matar.
Cuestión que pone a debate dos consideraciones:
La evolución ideológica de la derecha liberal (el Partido Popular) que no puede ocultar el hecho de haber asumido la hegemonía cultural y la memoria histórica de la izquierda. Desde esta perspectiva, destacan hitos como la condena del Alzamiento del 18 de julio de 1936 —mediante la proposición de la Comisión Constitucional del Congreso del 20 de noviembre de 2002, durante el gobierno de mayoría absoluta de José María Aznar— y las manifestaciones que los dirigentes del partido dispensaron al fallecido Alfredo Pérez Rubalcaba, omitiendo reprocharle su sectarismo ideológico y, sobre todo, su gestión durante el 11-M.
Y la utilidad, el rol y la estructura de nuestras Jefatura de Estado en momentos de crisis, tema central en la filosofía política y el derecho constitucional, especialmente al comparar sistemas republicanos y monárquicos.
Se va a necesitar mucho esfuerzo por parte del nuevo Gobierno para la regeneración y recomposición entre autoridad y obediencia, la regeneración de las instituciones, la canalización de los conflictos y la búsqueda de pactos de Estado. Siendo la participación de VOX determinante ante una izquierda, constitucional o antisistema, alzada, y muy seguramente dispuesta a lo peor… Lo de siempre.
Apropósito del artículo de don Ramiro Grau, «España concede pensiones vitalicias a los presidentes que arruinan el país», debate que contrasta con los principios éticos y legales, me hago una pregunta: ¿se tratará a estas gentes con cariño cuando sean ancianos si necesitaran vivir en residencias? Me contesto a mí mismo: si yo fuera cuidador, ¡no! Hasta este extremo nos ha llevado el modo de actuar de este sistema impregnado de odio, lucha y sectarismo.
Felipe, ni está ni se le espera.
ES COOPERADOR NECESARIO DEL SANCHISMO,
o, en el peor de los casos, UN MONIGOTE, UN TONTO ÚTIL.
En cualquiera de los dos casos, SOBRA.
Él y todos los Borbones, a los que llevamos manteniendo a cuerpo de reyes, desde hace casi tres siglos y medio.
Dos que duermen juntos acaban siendo de la misma opinión…
Y LETIZIA es abortista, divorciada, progresista, es decir de izquierdas, republicana (aunque ahora igual ha cambiado de opinión), etc.
EN FIN, SON TAL PARA CUAL.
Y a cual peor…
Al bobón hace tiempo que le pusieron el toisón; que como en tanto corrompido, hace tiempo que es masón. Al Perro faldero de Soros y a su manada si que se le puede poner un cascabel, para huir a su llegada; no vaya a pasar alguna desgracia de estas tan frecuentes. O mejor unos cencerros de tres kilos. Y al eslabón perdido unas bananas y cacahuetes.