Visita real a Ceuta y Melilla: ¿cómo puede despertar tanto apoyo y esperanza un personaje de atrezo?
Por más que nos abrume el entendimiento y resulte incomprensible —a pesar de los deslumbrantes destellos de una verborrea tóxica—, es innegable que la figura de Felipe VI conserva su vigencia en nuestra sociedad: una colectividad cada vez más anestesiada y carente de verdadero sentido crítico. La pregunta se hace inevitable: ¿cómo puede despertar tanto apoyo y esperanza un personaje de atrezo?
Lo hemos comprobado de nuevo con su visita a Ceuta y Melilla —autorizada una vez que la UE entendió que la crisis migratoria afectaba a la frontera europea y tras intentar calmar a Marruecos, que había auxiliado la invasión con su marina de guerra—, cuyas muestras de adhesión por parte de la población ceutí y melillense fueron absolutamente indecentes ante su falta de corrección: por la tardanza de la visita, porque no ha solucionado nada y por el polémico gesto —más bien diría que guiño al Moro demostrando entendimiento mutuo— al visitar el cementerio de quienes fallecieron intentando asaltar la frontera española.

Es natural, pues, que, al no ponérsele límites, solo dos días después, y estando la situación en Ceuta estancada y sin visos de solución, se mostrase tan satisfecho como se mostró en la entrega del Premio Planeta 2026 a «la roja» de Isabel Allende, cuya aburguesada señora lamentó la «mala memoria» de aquellos que hoy tienden a votar a presidentes que no son: Daniel Ortega, Nicolás Maduro, Raúl Castro, López Obrador, Claudia Sheinbaum, Gustavo Petro, Lula da Silva, Evo Morales o Pedro Sánchez.
Natural, decimos, porque la falta de corrección y de límites a tiempo suele alimentar la arrogancia y la imprudencia. Y es que, cuando las malas acciones o los errores de una persona no reciben ninguna consecuencia, advertencia o llamado de atención, esta termina asumiendo que su comportamiento es correcto, intocable o que está por encima de las reglas, lo que degenera en osadía, soberbia e impunidad.
Deberíamos, y con urgencia, encontrar el tono justo: es decir, el equilibrio entre la lucidez crítica y la distancia necesaria para procesar la realidad sin que las emociones anulen nuestra capacidad de análisis y sin quedar deslumbrados por los destellos de una verborrea tóxica, aunque sea la que dicta la misma Constitución.
Así, la visita de Felipe VI a Ceuta y Melilla ha evidenciado tres aspectos clave para el porvenir de España. Primero, porque el apoyo recibido denota una evidente falta de sentido crítico en la ciudadanía. Segundo, porque la permanencia de una institución no electa depende, fundamentalmente, de no traslucir arrogancia e imprudencia. Y tercero, porque las relaciones bilaterales entre España y Marruecos —así como la gestión de las fronteras— revisten una enorme complejidad diplomática, por lo que cada movimiento, visita o declaración de la Jefatura del Estado resulta clave para reafirmar la soberanía nacional.
Tal como decíamos, el desafio de España en la hora actual, como lo es para cualquier sociedad, es encontrar el tono justo. Esto implica ejercer una fiscalización constante, rigurosa y crítica de las instituciones y de sus representantes, sin que el debate se vea desbordado por la polarización emocional, y sin que esto tenga que ver con los complejos mecanismos diplomáticos que rigen la realidad de un país.

Por la desesperación y el abandono en el que se encuentran ceutíes y melillenses.
El supuesto «éxito» de felpudo 6 entre la masa se debe a que dicho felpudo refleja mejor que nada el propio rostro y máscara de la susodicha masa.
Como bien dice don Rafael F., como fruto de la desesperación y el abandono…
Es agarrarse a un clavo ardiendo, aunque ese clavo no vaya a sostener nada.
¡Solo espero que no haya sido un ADIÓS a CEUTA Y A MELILLA, como ya hizo su padre con el Sáhara, en 1975!
Desde el Cantar de Mio Cid, de los españoles siempre se ha podido decir, (imbecilidad social a parte), «Dios que buenos vasallos, si hubiera buen señor».
Mortadelo y Filemón agencia de información…
No crea, sabían perfectamente lo que iba a suceder, al menos en este caso, y así informaron a la Superioridad, como era y es su deber.
CUESTIÓN DISTINTA ES QUE MARGARITA, que más que una margarita parece UN CARDO BORRIQUERO, censura sus informes, permanezcan en secreto, etc., pero cada día está más claro QUE PEDRO SÁNCHEZ Y SU BANDA HAN COMETIDO DELITOS DE ALTA TRAICIÓN, debidamente tipificados y penados por el CÓDIGO PENAL VÍGENTE.
La verdadera funcionalidad del florero bobón consiste en anestesiar a los que sufren. El único requisito, saber leer. Por sus obras, que no por sus palabras; les conoceréis.