Grl,s Llago Navarro y Ramos Oliver: el infame contubernio del Instituto de Historia y Cultura Militar

ESCUCHAR NOTICIA: El Instituto de Historia y Cultura Militar (IHCM), en otros tiempos dignísima institución por la que pasaron como directores o miembros grandes e insignes militares, al tiempo que historiadores e intelectuales de gran talla, lleva décadas, como tantas otra instituciones de Defensa y del Estado, en decadencia galopante por venir estando a su frente toda una sarta de mindundis, paniaguados, indigentes intelectuales y anoréxicos morales cuyo único mérito, en realidad demérito, es el de bajarse los pantalones, y hasta los tobillos y constantemente, para poder «hacer la carrera». Llegan al IHCM como un destino más, sin preparación para su labor, ni siquiera amor por la historia militar, sino para vegetar fingiendo que hacen algún año que otro antes de retirarse. Llago Navarro A la infame cacicada realizada con los Premios Ejército 2025, cuyo actor principal ha sido el actual director del IHCM, Gral. Llago Navarro, cortesano ideológico de la actual ministro de Defensa, lo que lo dice todo de él, le hemos dedicado un seguimiento constante aportando las pruebas correspondientes (AQUÍ); bueno, todas menos una: el informe que supuestamente elaboró el IHCM por mandato de Llago Navarro, que no hemos podido obtener porque tan patético personaje, y su ama, se niegan a entregárnoslo a pesar de que el Consejo de Transparencia dictaminó a nuestro favor, incumpliendo por ello la legislación y normativa en vigor; esa que deberían no sólo acatar ejemplarmemte, sino también defender, pero que se pasan por el arco constantemente, prueba de cómo son realmente el uno y la otra. ¿Por qué será? No contentos con tan indigno proceder, máxime en personas que alardean de honor y otras virtudes militares que, por ese alarde queda claro que carecen de ellas, como muy bien apostilla el refran de la sabiduría popular, vuelve Llago Navarro a hacer de las suyas anunciando para el día 20 de este mes de Mayo la presentación en la sede del IHCM del libro «Los especialistas. Los soldados del águila», cuyo autor es el Tte. Col. Agustín Pacheco Fernández; por cierto, destinado en su día en esa «casa», qué casualidad, y ahora en el Servicio de Publicaciones de Defensa que es quien, también casualidad, le ha publicado su libro. Lo que no dice el cartel anunciador, curiosamente, pero seguro que lo dirá quien presentará el acto, el Gral. Ramos Oliver, es que a dicho trabajo se le dio ganador, en su categoría, del Premio Ejército 2025 sólo y únicamente tras birlarle tal honor, concedido por unanimidad por el jurado, a la obra del Col. Patricio Hidalgo titulada «La última batalla de la Guerra Civil Española: Peñarroya-Valsequillo», merecidísimo galardón que le usurpó Llago Navarro, y a las pruebas nos remitimos de nuevo, por su temor a su ama, al tiempo que por hacerle por enésima vez en su vida la rosca, elaborando un supuesto informe según el cual el trabajo del Col. Hidalgo vulneraba la ley de desmemoria antihistórica y antidemocrática. ¡Tiene narices! Pues bien, el día 26, en el IHCM se presentará una obra que, con independencia de su calidad, que desconocemos porque no la hemos leído, adolece de lo siguiente: No ser primer premio Ejército 2025, como se dirá, porque se le dio en contra de lo decidido por el jurado; decisión, por cierto, vinculante según la convocatoria oficial de los premios. Ramos Oliver Lo presentará el Gral. Ramos Oliver, que fue miembro de ese jurado, que sabe que lo que decimos es verdad, pero que se plegó a la cacicada, fue cómplice de ella y el día 26 no se le caerá la cara de vergüenza de prestarse a una farsa repugnante, todo lo cual le deshonra tanto como a Llago Navarro; por cierto que de de Ramos Oliver no otra cosa se podía esperar. El IHCM de Llago Navarro insiste contumaz, y erre que erre, con actuaciones como esta, en menoscabar su ya de por sí mínimo prestigio, crédito y autoridad. El Tte. Col. Pacheco, al aceptar en su día el galardon sabiendo que no le correspondia –y ahora esta presentación–, perdió la oportunidad de demostrar honor y dignidad, compañerismo de verdad y además dar un ejemplo de valentía moral negándose a colaborar en tamaña injusticia como se le hizo al Col. Hidalgo; de verdad que no hay premio que merezca perder el honor y la dignidad por conseguirlo. Así estamos y peor que vamos a estar mientras no sepamos decir NO a leyes, normas u órdenes que por su naturaleza no se deben ni se pueden cumplir; de no hacerlo no nos quejemos, ni nos creamos distintos a ellos, a esos de los que tanto nos quejamos porque no lo seremos, sino aún peores, porque un cacique como un tirano no lo es por sí mismo, sino que lo hacen quienes se le someten, por lo que sea. PD. 1.- Hay autores incluso «bilaureados» con Premios Ejército a los que el IHCM jamás tuvo la deferencia de organizarles una presentación de sus trabajos premiados. ¿Será que ser de la «casa», como el Tte. Col. Pacheco, implica algo? PD. 2.- Habita en el IHCM el Col. Casas Santero que, aunque sabe de los Tercios lo mismo que un mono africano, es coautor de un libro titulado «Los Tercios: de la Historia a la leyenda», título que suena a plagio –¿o no?– de la tesis «Los Tercios: Historia y leyenda» de la que es autor el Teniente Fernando Mogaburo, y además con tal trabajo premio Ejército 2025, el cual, sigue sin entregársele (AQUÍ). Y es que el Col. Casas ni para poner título vale.   Pulse para escuchar el texto El Instituto de Historia y Cultura Militar (IHCM), en otros tiempos dignísima institución por la que pasaron como directores o miembros grandes e insignes militares, al tiempo que historiadores e intelectuales de gran talla, lleva décadas, como tantas otra instituciones de Defensa y del Estado, en decadencia galopante por venir estando a su frente toda una sarta de mindundis, paniaguados, indigentes intelectuales y anoréxicos morales cuyo único mérito, en realidad demérito, es el de bajarse los pantalones, y hasta los tobillos y constantemente, para poder «hacer la carrera». Llegan al IHCM como un destino más, sin preparación para su labor, ni siquiera amor por la historia militar, sino para vegetar fingiendo que hacen algún año que otro antes de retirarse. Llago Navarro A la infame cacicada realizada con los Premios Ejército 2025, cuyo actor principal ha sido el actual director del IHCM, Gral. Llago Navarro, cortesano ideológico de la actual ministro de Defensa, lo que lo dice todo de él, le hemos dedicado un seguimiento constante aportando las pruebas correspondientes (AQUÍ); bueno, todas menos una: el informe que supuestamente elaboró el IHCM por mandato de Llago Navarro, que no hemos podido obtener porque tan patético personaje, y su ama, se niegan a entregárnoslo a pesar de que el Consejo de Transparencia dictaminó a nuestro favor, incumpliendo por ello la legislación y normativa en vigor; esa que deberían no sólo acatar ejemplarmemte, sino también defender, pero que se pasan por el arco constantemente, prueba de cómo son realmente el uno y la otra. ¿Por qué será? No contentos con tan indigno proceder, máxime en personas que alardean de honor y otras virtudes militares que, por ese alarde queda claro que carecen de ellas, como muy bien apostilla el refran de la sabiduría popular, vuelve Llago Navarro a hacer de las suyas anunciando para el día 20 de este mes de Mayo la presentación en la sede del IHCM del libro «Los especialistas. Los soldados del águila», cuyo autor es el Tte. Col. Agustín Pacheco Fernández; por cierto, destinado en su día en esa «casa», qué casualidad, y ahora en el Servicio de Publicaciones de Defensa que es quien, también casualidad, le ha publicado su libro. Lo que no dice el cartel anunciador, curiosamente, pero seguro que lo dirá quien presentará el acto, el Gral. Ramos Oliver, es que a dicho trabajo se le dio ganador, en su categoría, del Premio Ejército 2025 sólo y únicamente tras birlarle tal honor, concedido por unanimidad por el jurado, a la obra del Col. Patricio Hidalgo titulada «La última batalla de la Guerra Civil Española: Peñarroya-Valsequillo», merecidísimo galardón que le usurpó Llago Navarro, y a las pruebas nos remitimos de nuevo, por su temor a su ama, al tiempo que por hacerle por enésima vez en su vida la rosca, elaborando un supuesto informe según el cual el trabajo del Col. Hidalgo vulneraba la ley de desmemoria antihistórica y antidemocrática. ¡Tiene narices! Pues bien, el día 26, en el IHCM se presentará una obra que, con independencia de su calidad, que desconocemos porque no la hemos leído, adolece de lo siguiente: No ser primer premio Ejército 2025, como se dirá, porque se le dio en contra de lo decidido por el jurado; decisión, por cierto, vinculante según la convocatoria oficial de los premios. Ramos Oliver Lo presentará el Gral. Ramos Oliver, que fue miembro de ese jurado, que sabe que lo que decimos es verdad, pero que se plegó a la cacicada, fue cómplice de ella y el día 26 no se le caerá la cara de vergüenza de prestarse a una farsa repugnante, todo lo cual le deshonra tanto como a Llago Navarro; por cierto que de de Ramos Oliver no otra cosa se podía esperar. El IHCM de Llago Navarro insiste contumaz, y erre que erre, con actuaciones como esta, en menoscabar su ya de por sí mínimo prestigio, crédito y autoridad. El Tte. Col. Pacheco, al aceptar en su día el galardon sabiendo que no le correspondia –y ahora esta presentación–, perdió la oportunidad de demostrar honor y dignidad, compañerismo de verdad y además dar un ejemplo de valentía moral negándose a colaborar en tamaña injusticia como se le hizo al Col. Hidalgo; de verdad que no hay premio que merezca perder el honor y la dignidad por conseguirlo. Así estamos y peor que vamos a estar mientras no sepamos decir NO a leyes, normas u órdenes que por su naturaleza no se deben ni se pueden cumplir; de no hacerlo no nos quejemos, ni nos creamos distintos a ellos, a esos de los que tanto nos quejamos porque no lo seremos, sino aún peores, porque un cacique como un tirano no lo es por sí mismo, sino que lo hacen quienes se le someten, por lo que sea. PD. 1.- Hay autores incluso «bilaureados» con Premios Ejército a los que el IHCM jamás tuvo la deferencia de organizarles una presentación de sus trabajos premiados. ¿Será que ser de la «casa», como el Tte. Col. Pacheco, implica algo? PD. 2.- Habita en el IHCM el Col. Casas Santero que, aunque sabe de los Tercios lo mismo que un mono africano, es coautor de un libro titulado «Los Tercios: de la Historia a la leyenda», título que suena a plagio –¿o no?– de la tesis «Los Tercios: Historia y leyenda» de la que es autor el Teniente Fernando Mogaburo, y además con tal trabajo premio Ejército 2025, el cual, sigue sin entregársele (AQUÍ). Y es que el Col. Casas ni para poner título vale.

El Instituto de Historia y Cultura Militar (IHCM), en otros tiempos dignísima institución por la que pasaron como directores o miembros grandes e insignes militares, al tiempo que historiadores e intelectuales de gran talla, lleva décadas, como tantas otra instituciones de Defensa y del Estado, en decadencia galopante por venir estando a su frente toda una sarta de mindundis, paniaguados, indigentes intelectuales y anoréxicos morales cuyo único mérito, en realidad demérito, es el de bajarse los pantalones, y hasta los tobillos y constantemente, para poder «hacer la carrera». Llegan al IHCM como un destino más, sin preparación para su labor, ni siquiera amor por la historia militar, sino para vegetar fingiendo que hacen algún año que otro antes de retirarse.

Llago Navarro

A la infame cacicada realizada con los Premios Ejército 2025, cuyo actor principal ha sido el actual director del IHCM, Gral. Llago Navarro, cortesano ideológico de la actual ministro de Defensa, lo que lo dice todo de él, le hemos dedicado un seguimiento constante aportando las pruebas correspondientes (AQUÍ); bueno, todas menos una: el informe que supuestamente elaboró el IHCM por mandato de Llago Navarro, que no hemos podido obtener porque tan patético personaje, y su ama, se niegan a entregárnoslo a pesar de que el Consejo de Transparencia dictaminó a nuestro favor, incumpliendo por ello la legislación y normativa en vigor; esa que deberían no sólo acatar ejemplarmemte, sino también defender, pero que se pasan por el arco constantemente, prueba de cómo son realmente el uno y la otra. ¿Por qué será?

No contentos con tan indigno proceder, máxime en personas que alardean de honor y otras virtudes militares que, por ese alarde queda claro que carecen de ellas, como muy bien apostilla el refran de la sabiduría popular, vuelve Llago Navarro a hacer de las suyas anunciando para el día 20 de este mes de Mayo la presentación en la sede del IHCM del libro «Los especialistas. Los soldados del águila», cuyo autor es el Tte. Col. Agustín Pacheco Fernández; por cierto, destinado en su día en esa «casa», qué casualidad, y ahora en el Servicio de Publicaciones de Defensa que es quien, también casualidad, le ha publicado su libro.

Lo que no dice el cartel anunciador, curiosamente, pero seguro que lo dirá quien presentará el acto, el Gral. Ramos Oliver, es que a dicho trabajo se le dio ganador, en su categoría, del Premio Ejército 2025 sólo y únicamente tras birlarle tal honor, concedido por unanimidad por el jurado, a la obra del Col. Patricio Hidalgo titulada «La última batalla de la Guerra Civil Española: Peñarroya-Valsequillo», merecidísimo galardón que le usurpó Llago Navarro, y a las pruebas nos remitimos de nuevo, por su temor a su ama, al tiempo que por hacerle por enésima vez en su vida la rosca, elaborando un supuesto informe según el cual el trabajo del Col. Hidalgo vulneraba la ley de desmemoria antihistórica y antidemocrática. ¡Tiene narices!

Pues bien, el día 26, en el IHCM se presentará una obra que, con independencia de su calidad, que desconocemos porque no la hemos leído, adolece de lo siguiente:

  • No ser primer premio Ejército 2025, como se dirá, porque se le dio en contra de lo decidido por el jurado; decisión, por cierto, vinculante según la convocatoria oficial de los premios.
  • Ramos Oliver

    Lo presentará el Gral. Ramos Oliver, que fue miembro de ese jurado, que sabe que lo que decimos es verdad, pero que se plegó a la cacicada, fue cómplice de ella y el día 26 no se le caerá la cara de vergüenza de prestarse a una farsa repugnante, todo lo cual le deshonra tanto como a Llago Navarro; por cierto que de de Ramos Oliver no otra cosa se podía esperar.

  • El IHCM de Llago Navarro insiste contumaz, y erre que erre, con actuaciones como esta, en menoscabar su ya de por sí mínimo prestigio, crédito y autoridad.
  • El Tte. Col. Pacheco, al aceptar en su día el galardon sabiendo que no le correspondia –y ahora esta presentación–, perdió la oportunidad de demostrar honor y dignidad, compañerismo de verdad y además dar un ejemplo de valentía moral negándose a colaborar en tamaña injusticia como se le hizo al Col. Hidalgo; de verdad que no hay premio que merezca perder el honor y la dignidad por conseguirlo.

Así estamos y peor que vamos a estar mientras no sepamos decir NO a leyes, normas u órdenes que por su naturaleza no se deben ni se pueden cumplir; de no hacerlo no nos quejemos, ni nos creamos distintos a ellos, a esos de los que tanto nos quejamos porque no lo seremos, sino aún peores, porque un cacique como un tirano no lo es por sí mismo, sino que lo hacen quienes se le someten, por lo que sea.

PD. 1.- Hay autores incluso «bilaureados» con Premios Ejército a los que el IHCM jamás tuvo la deferencia de organizarles una presentación de sus trabajos premiados. ¿Será que ser de la «casa», como el Tte. Col. Pacheco, implica algo?

PD. 2.- Habita en el IHCM el Col. Casas Santero que, aunque sabe de los Tercios lo mismo que un mono africano, es coautor de un libro titulado «Los Tercios: de la Historia a la leyenda», título que suena a plagio –¿o no?– de la tesis «Los Tercios: Historia y leyenda» de la que es autor el Teniente Fernando Mogaburo, y además con tal trabajo premio Ejército 2025, el cual, sigue sin entregársele (AQUÍ). Y es que el Col. Casas ni para poner título vale.


16 respuestas a «Grl,s Llago Navarro y Ramos Oliver: el infame contubernio del Instituto de Historia y Cultura Militar»

  1. El historiador Agustín Pacheco es un militar del que todo el mundo dice maravillas.
    Abnegado en su apoyo a todo aquel que desea información de los archivos, preparado, culto y sobre todo simpático y comedido.
    Durante muchos años fue el alma mater de los archivos del Instituto y su dedicación en apoyo a los visitantes que buscaban información entre la documentación del archivo imprescindible.
    NO hay un solo visitante del instituto, ningún historiador, ningún investigado, ningún escritor o ninguna persona normal que no alabe al Teniente Coronel Agustín Pacheco.
    Y encima gana premios sin parar, cada vez que escribe se lleva un premio, ya sea de la fundación Larramendi o como en este caso, de la propia institución cultural del Ejército
    Si desea criticar a los generales que mangonean en el Instituto hágalo, nadie le llevara la contraria, ahora bien, si para poner verde al Jefe del Instituto hay que intentar desacreditar a un magnífico militar que encima es un muy buen historiador no parece buena idea.
    Todo el mundo que investiga desde hace años en el Instituto de Cultura Militar , al ver lo que ha escrito lo señalara con el dedo como a un sectario y envidioso mequetrefe

  2. Geppeto, Geppetito, lee bien que patinas.
    Lo que el director del EED critica de Pachecho no es su solvencia como historiador, lo dice claramente, ni su supuesta simpatía, que ni nombra, ni su servicialidad, que tampoco cita, lee bien, Geppetito, lo que critica y es que «El Tte. Col. Pacheco, al aceptar en su día el galardon sabiendo que no le correspondia –y ahora esta presentación–, perdió la oportunidad de demostrar honor y dignidad, compañerismo de verdad y además dar un ejemplo de valentía moral negándose a colaborar en tamaña injusticia como se le hizo al Col. Hidalgo; de verdad que no hay premio que merezca perder el honor y la dignidad por conseguirlo.» Porque por muy simpatico, servicial e historiador que sea, no quita para que haya perdido esa oportunidad, por demás obligada que cita el artículo, de negarse a aceptar un primer premio que sabe que en esta ocasión no le corresponde. Y eso es un hecho incuestionable
    Vamos, que para ti, Geppetito, aquello excusa esto y Pacheco es divino y por aquello no se puede criticar la ciscada que ha hecho. Leche, la buena crítica es la que pone cada cosa en su sitio. Lo sectario es lo tuyo, como ves

    1. NO me retracto ni un pelo
      Lo cortes no quita lo valiente y si para criticar a los generales que gobiernan el Instituto hay que poner verde a un magnifico personaje no trago:
      «El Tte. Col. Pacheco, al aceptar en su día el galardon sabiendo que no le correspondia –y ahora esta presentación–, perdió la oportunidad de demostrar honor y dignidad, compañerismo[…]Hay autores incluso «bilaureados» con Premios Ejército a los que el IHCM jamás tuvo la deferencia de organizarles una presentación de sus trabajos premiados. ¿Será que ser de la «casa», como el Tte. Col. Pacheco, implica algo?.

      De manera ,querido fulano, que mejor se guarda su tonillo protector para quien se lo aguante.
      Y SI, los cientos de investigadores que en el Instituto buscan respuestas a sus investigaciones entre los mamotretos y cajas del archivo seguro, pero seguro, que apoyarían mi respuesta indignada. al ataque a Pacheco

      1. Geppetorro, claro que no te retractas, ya nos tienes acostumbrados a hacerla y no enmendarla.
        «Sectario»: persona fanática e intransigente que defiende ciegamente una doctrina, idea o grupo, (o persona) mostrando intolerancia hacia las opiniones ajenas.
        O sea, tú, tururú, sí tú, Geppetorro
        El artículo, por cierto magnífcio, no da puntada sin hilo, ni deja títere con cabeza, y nos pone en evidencia a cada cual en lo suyo, también en lo que le corresponde a Pacheco en esta ocasión.
        Si lo cortés no quita lo valiente, eso es lo que hace Bendala, Geppetorro, porque señala a Pacheco en lo que le atañe.
        Tú, sectario donde los haya, te «enroscas» cual bicho bola en cuanto te has dado cuenta de que has metido la patita, lo que te deja en evidencia, … porque debes ser tu amiguito o… vaya usted a saber por qué
        geppetorro, que se te ve al plumero
        Ja, ja,ja,

        1. Yo no discuto
          Afirmó
          Para que sus grandes y móviles orejas no le oculten el intelecto que, dado que sabe escribir, le supongo aunque las orejas digan lo contrario le informo que el general Ramos

          Oliver es Doctor en historia y arqueólogo.
          Supongo que un poco de cultura tendrá y no será ese inepto que vds pregonan.
          El desconocimiento que sobre el teniente coronel Agustín Pacheco tienen dice a las claras que vds no han pisado el archivo histórico militar en su vida y me parece que con una carrerilla impropia y poco justificada desprecian lo que desconocen, que por lo visto es enorme..

          No hagan insinuaciones rastreras y antes de escribir piensen con cuidado lo que van a poner
          Y si es algo parecido a estás insinuaciones fuera de lugar, mejor lo deja

          1. Está claro: como el artículo es un articulazo, ha dado en el clavo y en todos los sentidos y en todos a los que cita, cada cual en lo suyo, tenían que defenderse mediante algún pobre sicario, pero son tan … que no se dan cuenta que su fechoría no tiene defensa, que basta con ver todo lo publicado sobre el caso aquí para saberlo, y que con el sicario diciendo chorradas que no viene a cuento y que sólo buscan distraer de lo denunciado por el artículo se hace bueno eso de que quien se pica, ajos come.
            Bien por bendala, que de nuevo atiza donde más duele con «la verdad sin complejos».
            Más, queremos más

  3. Magnífico artículo. Y no es un tema menor. Es un índice clarísimo de la corrupción militar, la pestilente pleitesía al mal.
    De consejo de honor en otros tiempos (ojo, eso de estos consejos está en la constitución del 79).

    Una precisión: la presentación es el día 20 y no el 26 (como pone el cartel)

    Muchísimas gracias, Francisco

    1. Parece mentira
      Vd si ha ido al Histórico militar l
      La corrupción y el enchufismo existen desde que Viriato era niño.
      Por eso unos llegan y otros.no
      Por cierto y vd lo sabe bien, los tribunales de honor eran para actos de cobardía en combate, traición y actos de esa imdole

      1. A veces se utilizaron, torticeramente, para echar a alguién que molestaba…
        Recuerdo el caso de un coronel, cuyo nombre ahora no recuerdo, en las postrimerías del franquismo, al que se expulsó por tener alquilado un local de su propiedad donde, al parecer, había un puticlub, que supongo estaría dado de alta como bar o cafetería, pagaría sus ismpuestos, etc. (El hecho sucedió en la provincia de Huesca).
        Aplicando esse mismo criterio,
        ¿Qué habría que hacer con BEGOÑA GÓMEZ y PEDRO SÁNCHEZ, «acreditados» proxenetas, traficantes con carne humana, incluidos menores…?

      2. Disiento: para esos casos estaba el código de justicia militar.
        Los tribunales de honor entraban en aspectos colaterales con este (homosexualidad, robos, y demás conductas inmorales que no fueran en el ejercicio directo de la profesión). Técnicamente juzgaban conductas contrarias a la ética o normas de una organización (Ejércitos en su caso)

  4. Bravo artículo. Y todo clavado.
    Sobre Llago poco hay que añadir al hilo de los enlaces de otros artículos que ya conocíamos los que hemos seguido su vergonzoso proceder en el IHCM, pero también de antes; haay un artículo sobre ello que se titula «Llago chorrea sangre» o algo así, que aahora no me acuerdo.
    En cuanto a Ramos Oliver lo mismo, porque siendo del jurado votó a favor del libro del Coronel Hidalgo, y cuando llegó Llago para joderlo, Ramos, por mucho doctor y arqueólogo que sea, que eso no tiene nada que ver, Geppeto, hombre, con su valía moral o mejor decir nul valía moral,se bajó los pantalones, que es sólo lo que crtica el artículo, lo que es verdad.
    En cuanto a Pacheco lo mismo, nada que ver su valía como hisytoruiador con su nula valía moral al aceptar un primer premio que sabe no le fue dado y que se lo quitaron a Hidalgo de manera bochornosa.
    cada cosa en su lugar. Va por ti Geppeto.

    1. Esta bien eso que hace V de brindarle el toro a alguien
      «!Va por ti Geppetto¡»
      Ahora debería explicar quien es el toro, quien el torero y quienes la» cla» del tendido del siete
      Porque ya sabemos a quién va dirigido el brindis

  5. Buenas noches.
    A la atención del Sr. Francisco Bendala, mi Teniente Coronel,

    Mi nombre es Agustín Pacheco y me gustaría, si me lo permite, argumentar ciertas alusiones a mi persona, que quizá por desconocimiento han atentado de forma infundada contra mi honor y dignidad. Cualidades morales que atesoro desde la niñez, se lo puedo asegurar, porque así me las inculcaron mis abuelos y mis padres, a los que tanto debo, y porque fueron moldeadas y potenciadas desde mi ingreso en el Ejército, con apenas catorce años cumplidos, como alumno aprendiz del desaparecido y añorado Instituto Politécnico n.º 1 del Ejército.

    Debo comenzar diciendo que, la obra sobre los «Especialistas» es un proyecto al que he dedicado quince años de mi vida y en el que se incluyen documentos textuales e iconográficos, la mayor parte inéditos, procedentes de 57 archivos, bibliotecas, museos e instituciones españolas y extranjeras, así como de 68 colecciones particulares. Un trabajo dedicado a los obreros técnicos encuadrados en el Ejército de Tierra o «Especialistas», denominación introducida en la legislación militar a comienzos del siglo pasado para referirse a ellos. El motivo de esa investigación radica en que estos singulares soldados, identificados desde 1975 en dicho Ejército por el distintivo con forma de «águila azorada» que portan sobre sus uniformes –de ahí la inclusión del término en el subtítulo– y que en la actualidad constituyen casi un tercio de los efectivos de aquel, no se les había dedicado hasta la fecha ningún libro que sacara a la luz su rico pasado histórico. Un pasado del que hay antecedentes escritos antes incluso que los Reyes Católicos organizaran el primer ejército permanente de nuestro país. Pues bien, ese es el primigenio objetivo del texto, además de intentar llenar ese vacío, que se convirtiera en testimonio de la memoria y los hechos del personal técnico que sirvió y sirve en el Ejército de Tierra. Siendo, además, un homenaje a todos nuestros antecesores y un acicate para las nuevas generaciones.

    Dicho esto, y aunque presenté el manuscrito al Premio Ejército, como cualquier persona que quiera y cumpla las bases para poder hacerlo, en ningún momento pretendí ganarlo porque era consciente tanto de la dificultad de la empresa como de la valía y mayor experiencia, a tenor de los galardonados en años anteriores, de los seguro muchos autores que se presentarían también al certamen. La verdadera recompensa, o al menos la que más valoro, ya la recibí con creces de todas esas personas que me ayudaron y enriquecieron cultural y personalmente en el largo proceso de investigación, redacción y corrección. Como siempre digo: el premio no está en la meta, sino en el camino que te lleva a ella. Eso sí, mi máxima aspiración, como en el resto de obras que he escrito hasta la fecha, fue aportar algo novedoso a la historiografía militar española. En este sentido, una de mis obsesiones es que todos mis trabajos estén sustentados en la mayor cantidad de fuentes primarias existentes en instituciones públicas y colecciones particulares, españolas y extranjeras, que se puedan encontrar sobre el tema tratado. Sin temor a resultar pretencioso, creo sinceramente que he cumplido aquel primigenio deseo, aunque siendo consciente también que no hay libros perfectos y que este no será el libro definitivo sobre los «Especialistas». Así que, me daré por satisfecho si la obra ha contribuido a llenar un poquito el vacío historiográfico existente y sirve de base e inspiración para que otros investigadores continúen el proceso.

    Es cierto que estuve destinado más de ocho años en el Archivo General Militar de Madrid (AGMM), como jefe de la sala de investigadores. Fue una experiencia enriquecedora desde el punto de vista profesional –me encanta la investigación y la historia–, y sobre todo humano. En este último caso, tener la oportunidad a diario de poder ayudar a historiadores profesionales, aficionados, o simplemente familiares que se acercaban a aquel centro en busca de datos sobre sus antepasados, fue uno de los trabajos más gratificantes que he podido desarrollar en mi vida. En mi opinión, no hay mayor premio que enriquecerse cultural y humanamente con las aportaciones de todos ellos. Pero también me siento muy afortunado de haber sido recompensado al ver la sonrisa, recibir el agradecimiento sincero o incluso ser acreedor del inmenso regalo de las lágrimas de algunas personas, que también las hubo, que se sentían ayudadas y felices de encontrar lo que buscaban. Como dice mi querida madre, «si haces feliz a una persona, habrá dos personas felices en el mundo». Ese bagaje, unido a mi conocimiento del mundo editorial y las varias decenas de libros y artículos escritos coadyuvaron, probablemente, para que me ofrecieran un ilusionante puesto en la Subdirección de Publicaciones y Patrimonio Cultural del Ministerio de Defensa (SGGPPC).

    Insinúa usted, no obstante, que mi paso por ambos destinos ha servido para que la SDGPPC publique el libro y el IHCM presente el mismo. Nada más lejos de la realidad. Por lo que respecta a la primera, simplemente debo exponer que dicha Subdirección es la encargada de gestionar y ejecutar el Programa Editorial del Ministerio de Defensa y, en definitiva, de editar los libros que le proponen los distintos Ejércitos y el propio Departamento. En el caso del libro sobre los «Especialistas» fue una propuesta del Ejército de Tierra enmarcada dentro de la Colección Adalid, que es la que recoge las obras galardonadas con el Premio Ejército.

    En cuanto a la presentación, si analiza la programación del IHCM podrá comprobar que las presentaciones de libros relacionados con la historia militar y la cultura de defensa son constantes. Para hacerlo, solo es necesario remitir un email a dicho Instituto solicitándolo y entregar un ejemplar de la obra para que los responsables puedan evaluar si el interés y calidad de la misma avalan la aceptación de la solicitud. Y todo ello, independientemente de si el autor es civil o militar, de los destinos que haya tenido en su caso, o de la editorial que haya publicado la obra en cuestión. Siguiendo ese procedimiento tuve el honor y la fortuna de que se presentaran en la citada institución dos libros editados por Galland Books: El «Glorioso», cuya edición pagué de mi bolsillo, y «Wils» y el Batallón de Zuavos Carlistas, una obra con la autoría compartida con un extraordinario investigador que conocí en el AGMM. Curiosamente, la misma editorial que ha publicado la obra del Coronel D. Patricio Hidalgo, La última batalla de la Guerra Civil Española. Peñarroya-Valsequillo.

    Dice usted también que no debería haber aceptado un premio al que no me había hecho acreedor. Al respecto, solo puedo asegurar que recibí una comunicación oficial informándome de que la obra había sido galardonada. Una notificación amable y escueta en la que, por supuesto, no había menciones a ningún otro autor u obra que, según usted, hubieran sido premiados en primer lugar. Desconociendo pues el hecho, me pregunto qué motivo había para renunciar a dicha concesión.

    También critica usted que pueda presentar la obra a la que he dedicado tantos esfuerzos y desvelos. Una circunstancia que me apena profundamente por el daño indirecto que se hace a todos los «Especialistas», porque es a ellos a los que está dedicada aquella. De hecho, como se apunta en la dedicatoria inicial del libro, es una obra que les pertenece y más suya que de ningún autor.

    Con todo, lo más sorprendente, mi Teniente Coronel, es que sin conocerme se atreva a difamarme y atentar gravemente contra mi honor y dignidad. En mi opinión, para criticar una decisión de un determinado jurado, cuyas deliberaciones y fallos son hasta donde he podido averiguar secretos, y ponderar una determinada obra, nunca se debería minusvalorar el trabajo y la honorabilidad de una persona a la que no se conoce. Estoy convencido, no obstante, que si llegara a conocerme, quizá, además de descubrir que los valores reales que sustentan las acciones u omisiones con las que afrontamos ambos la vida no difieren tanto, pudiera llegar a catalogarme de una forma más benigna.

    Y para dar el primer paso, y ya que dice no haber leído el libro dedicado a los «Especialistas» y que debido a ello no puede valorar su calidad, me atrevería a invitarle a que se acercara a la presentación del día 20 en el IHCM para poder de entregarle un ejemplar. Un ejemplar que habré comprado y pagado de mi bolsillo, ya que no dispongo de ellos (en el contrato que se firma para editar la obra se renuncia a cualquier tipo de contraprestación económica alguna, a cambio de la entrega de veinte ejemplares que ya regalé a las personas que más me han ayudado en el proyecto). Si no le gusta la opción o no puede asistir al acto por otros compromisos, también le ofrezco concertar un encuentro personal en la sede la SDGPPC (Paseo de Moret, 3 – Madrid) o en cualquier otro lugar de la capital que usted decida, para además de regalarle el ejemplar ofrecido, poder invitarle a un café. Y todo ello, con el único deseo de que, tras una charla franca mirándonos a los ojos, pudiera cambiar de opinión hacia una persona que no le ha hecho nada y cuyo grave pecado, al parecer, fue que un día se atrevió a presentarse a unos premios con una obra, reitero, a la que ha dedicado tres lustros de su vida. Y si pese al intercambio de impresiones considera que no merezco su aprecio y comprensión, no se preocupe que no reñiremos por ello. Me conformaré con que en el futuro me respete como yo lo hago ahora con usted. Si además la lectura posterior de la obra logra que ese desconocido pasado histórico de los «Especialistas» le resulte interesante e inspirador le aseguro que ya me sentiré doblemente recompensado.

    Deseando que pueda aceptar mi invitación y a la espera de unas disculpas que creo necesarias, si no por esta vía, en el encuentro que confío en que acepte, quedo a su entera disposición.

    Saludos cordiales, muchas gracias y a sus órdenes mi Teniente Coronel.

    1. B. Días.
      Claro que sí acepto
      Le contacto por correo electrónico.
      Y después le contestaré por esta vía tras escuchar lo que me tenga que decir.
      Atte.
      Fco. Bendala

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